Antílope en pigmentos de 60.000 años: hallazgo que reescribe la prehistoria

El uso de tintes rojos de origen mineral en el sur de África está ligado a las primeras expresiones de pensamiento abstracto y creatividad de nuestros antepasados. Durante décadas, los vestigios de ocre —una arcilla ferruginosa molida para múltiples propósitos— generaron profundas interrogantes sobre las actividades cotidianas de los grupos de cazadores-recolectores.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha logrado detectar restos biológicos imperceptibles en sedimentos prehistóricos, un descubrimiento que demuestra la conexión directa entre los colorantes minerales y la fauna del entorno hace 60 mil años.

Hasta este avance, determinar la composición exacta de las mezclas que contenían aquellas tierras era un desafío casi insalvable para la arqueología. En los climas cálidos de África, las elevadas temperaturas degradan rápidamente el material genético antiguo, privando a los científicos de evidencias directas sobre los componentes orgánicos que acompañaban al polvo rojizo. Esta destrucción natural impedía verificar si los humanos combinaban las tierras con sustancias de origen animal para fijar pinturas, fabricar adhesivos o ablandar cueros, dejando sin respuesta una pregunta central sobre el ingenio y las costumbres de la humanidad primitiva.

La revelación llegó gracias a la paleoproteómica, una disciplina que estudia proteínas antiguas conservadas en fósiles y sedimentos arqueológicos. Mediante esta técnica, una investigación publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B identificó por primera vez proteínas de colágeno de un antílope en sedimentos con ocre de la Edad de Piedra Media en Sudáfrica.

El trabajo, encabezado por expertos de la Universidad de Kyushu, la Universidad de Bergen y la Universidad de Copenhague, confirmó que los estratos de sesenta mil años albergan rastros biológicos del eland común, aportando una prueba molecular sin precedentes sobre el uso intencional de fauna junto con pigmentos minerales.

Huellas moleculares en el abrigo rocoso de Klipdrift

Los cazadores de la Edad de Piedra Media combinaban el polvo mineral con materias animales para elaborar adhesivos o ablandar pieles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo concentró sus labores en el refugio arqueológico de Klipdrift, un abrigo rocoso situado en los acantilados de la Reserva Natural De Hoop, en Sudáfrica. En este lugar, los estratos asociados a la cultura de Howiesons Poort, una fase de la Edad de Piedra Media reconocida por sus avances en el tallado de cuchillos y puntas, conservan un suelo continuo teñido de un intenso color bermejo.

La superficie analizada mide un metro de largo, cuarenta centímetros de ancho y un centímetro de espesor. Los fragmentos examinados provenían de muestras recolectadas durante campañas científicas realizadas entre 2011 y 2013, que estaban almacenadas en laboratorios de Ciudad del Cabo.

Con el fin de desentrañar el contenido químico de las partículas del suelo, los investigadores recurrieron a una técnica analítica de alta precisión capaz de separar moléculas diminutas y calcular su masa exacta. Posteriormente, contrastaron las secuencias de aminoácidos obtenidas con extensos catálogos de fauna actual y extinta.

A diferencia del ADN, las estructuras proteicas son notablemente resistentes al paso de las eras geológicas y se adhieren firmemente a los granos de arena y arcilla, una propiedad que permite recuperar información biológica en terrenos donde otros métodos moleculares resultan inviables.

El eland común y la unión entre materia prima y simbolismo

Las poblaciones de la región integraban al eland común en ceremonias colectivas y relatos sobre el origen del mundo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los análisis detectaron colágeno tipo I, la proteína más abundante en la piel, los tendones y los tejidos conectivos de los mamíferos. Los resultados coincidieron de manera concluyente con las secuencias del eland común, un herbívoro de gran tamaño esencial en los ecosistemas de la región.

A través de un comunicado oficial, la Universidad de Kyushu destacó que este resultado proporciona la confirmación más contundente obtenida hasta la fecha de que los primeros grupos humanos combinaban de forma intencional productos de origen animal con pigmentos naturales durante la prehistoria.

El hallazgo sugiere explicaciones concretas sobre los métodos de trabajo de los cazadores de la Edad de Piedra Media. Según detalla el estudio, los resultados

“sugieren la mezcla deliberada”

de proteínas de antílope con polvo de ocre, ya sea para fabricar pegamentos destinados a ensamblar lanzas o para curtir pieles protectoras sobre el suelo del refugio. Asimismo, el trabajo concluye que la paleoproteómica funciona como una vía confiable para reconstruir la cultura material prehistórica de Homo sapiens.

Un nuevo horizonte para desenterrar la conducta de los primeros humanos

Los científicos examinaron fragmentos de un suelo teñido de bermejo recolectados durante campañas realizadas entre 2011 y 2013. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La presencia de estas sustancias también adquiere un significado cultural profundo. En el registro arqueológico y en las tradiciones etnográficas documentadas en Sudáfrica, el eland común era mucho más que una simple presa alimenticia: representaba un animal vinculado a relatos cosmogónicos y ceremonias comunitarias.

La unión del pigmento rojo con partes orgánicas de este animal sugiere que las poblaciones primitivas no solo resolvían necesidades prácticas inmediatas, sino que entrelazaban sus innovaciones técnicas con una rica concepción espiritual del entorno natural.

El éxito de este procedimiento analítico abre una ventana prometedora para la investigación de la evolución humana en regiones de clima adverso. La universidad japonesa subrayó en su comunicación institucional que esta estrategia metodológica demuestra la viabilidad de rescatar biomoléculas intactas directamente de la tierra, transformando los sedimentos de los yacimientos en testimonios directos de gran valor histórico. Gracias a este enfoque renovador, la ciencia actual dispone de una llave para iluminar facetas de la vida cotidiana ancestral que permanecían ocultas a la mirada de la arqueología clásica.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK