Una de las voces más reconocidas de Sudamérica se hizo presente en la primera jornada completa del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Natalia Oreiro, actriz y cantante uruguaya, fue la protagonista de la noche del viernes al recibir el premio Astor a la trayectoria, justo antes de la proyección de Gilda, no me arrepiento de este amor, filme que protagonizó hace una década bajo la dirección de Lorena Muñoz. La directora fue la encargada de entregar la estatuilla en una ceremonia breve pero emotiva, acompañada por los directores del festival, Gabriel Lerman y Jorge Stamadianos, y un grupo de colegas como Eva de Dominici, Nai Awada, Benjamín Alfonso, Antonella Kruger y Leo Damario.
Este galardón se suma a otro reconocimiento honorífico que Oreiro recibió este año en el Festival de Málaga. Con una carrera cinematográfica que supera el cuarto de siglo, la artista comentó:
“Me considero una obrera del cine y mi presente es aprender y hacer. Siempre antes de empezar una película estoy tan insegura de si realmente voy a poder ponerme el traje o si ese traje me va a quedar grande”.
—¿Qué significación tiene este premio, en este momento? —La actriz respondió que fue totalmente inesperado, porque aún siente que está aprendiendo y que cuanto más hace, más le falta. Reconoció que ha interpretado muchos personajes, pero no se siente completamente merecedora del concepto de “trayectoria”. Destacó que el Festival de Cine de Mar del Plata es el único internacional de toda Latinoamérica y que Argentina tiene un cine maravilloso del que se siente afortunada de participar. “Es como un mimo al alma —dijo—, pero no soy muy consciente de lo que significa. Es como decir ‘gracias y a seguir haciendo’”. También mencionó su experiencia en Málaga con La mujer de la fila, ópera prima de María Laura Vecch. Agregó que, aunque el público está más acostumbrado a verla en comedias ligeras, ahora puede encontrarla en dramas sin sorprenderse. Recordó que cuando era joven y venía del teleteatro, Infancia clandestina fue clave para profundizar en lo dramático. “Siempre traté de transmitir verdad —afirmó—. Hoy te puedo decir que no importa tanto el formato: lo que importa es el compromiso y que lo que estés contando tenga corazón. Ahí vas a conectar”.
—Has adquirido el estatus por el cual el público siente que es “una película de Natalia Oreiro”… —A lo que ella respondió con una mezcla de sorpresa y responsabilidad: “Guau, es mucha responsabilidad”. Explicó que no elige las películas pensando en el público, sino en lo que a ella le gustaría ver o lo que la conmueve contar. “No hago las películas pensando a qué público apuntan porque siento que eso me limita para ser libre en mis elecciones”. Acepta que muchas de sus películas tendrán poca convocatoria, pero hay algo en ellas que considera importante mostrar. Cree firmemente en el tiempo del cine: “El cine va a seguir estando cuando nosotros no estemos más, y lo van a ver personas que jamás pensaron que podrían llegar a verlo”. Para ella, el cine es presente, instante e historia, y no piensa que la gente vaya a ver “una de sus películas”, sino una hermosa historia que les cuente algo.

Cuando interpretó a Gilda, su objetivo era que el público viera a la cantante argentina, no a ella. Lo mismo ocurrió con Santa Evita: “era alguien tan conocido, tan interpretado por tantas actrices, que yo tenía que desaparecer de allí”. En las comedias, admite, la gente la reconoce más como Natalia, porque presta su chispa natural. Pero se define como “una uruguaya muy melancólica, que emigró desde muy chica, cuyos abuelos emigraron, que tuvo que vivir muchas veces el desarraigo y vio mucho dolor y mucho esfuerzo en su familia”. Todo eso, dice, le ayuda a contar historias con una mirada sensible y dramática. Incluso en la villana de Iosi, el espía arrepentido encontró parte de sí misma, porque “uno tiene que reconocer su propia oscuridad para poder ponerla al servicio. No hay que tenerle miedo a eso. Pero eso te lo dan los años: cuando sos más joven, te da miedo enfrentar a tu propio monstruo”.
—¿Crees que la nueva forma de consumir cine ha modificado la estructura de las películas? —La actriz comparó este cambio con lo que ocurrió con la televisión y la música: siempre hay tensiones entre géneros y formatos. “Uno tiene que ser flexible porque la vida pasa y si te endurecés, te quebrás”. Para ella lo central es contar historias y conectar con la gente, sin importar si la ven en un celular o en tres partes. “De lo único que me puedo ocupar es de que mi verdad sea genuina y que esa persona pueda emocionarse con lo que le estoy contando”. Criticar al público, dice, le excede. Sigue celebrando los estrenos en pantallas grandes, porque allí el tiempo se detiene. Pero también reconoce que sin las plataformas hoy sería imposible financiar películas. “En mí van a encontrar a alguien que acompaña a nuevos directores y directoras en su ópera prima, porque ahí hay un semillero fundamental para los próximos años”. Las plataformas, concluye, permiten que sus películas lleguen a muchos países y a personas que no van al cine. “¿Yo qué voy a decir?”.
Fuente: Infobae