Jóvenes en acción toman impulso para seguir estudios y tener empleo

El inicio de una nueva etapa del programa Jóvenes en Acción alienta a quienes tendrán la oportunidad de abrirse espacio en el mercado laboral. Quienes ya han sido parte de este plan del Gobierno –que comenzó en el 2024 con 75.000 jóvenes y ahora serán 700.000– saben cómo les ha ayudado a perder el miedo y ganar confianza para realizar las tareas cotidianas de oficina, a descubrir su talento, a tomar impulso para empezar o seguir sus estudios y a aportar en casa.

Los nuevos participantes ya recibieron el primer pago de $ 400 y hasta mañana recibirán los detalles del lugar y las actividades asignados. Quienes participaron en la etapa anterior y fueron asignados al Ministerio de Educación, Deporte y Cultura colaboraron en áreas administrativas, jurídicas, de talento humano y tecnología, mientras otros realizaron tareas de mantenimiento de instalaciones y escenarios deportivos.

Diez de estos jóvenes cuentan sus experiencias y a qué destinaron el incentivo recibido durante su participación en el programa, que busca impulsar el empleo juvenil y brindar experiencia laboral.

Participantes colaboraron en distintas áreas del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura como parte del programa Jóvenes en Acción. Foto: Francisco Verni Peralta

Organización de expedientes y atención de trámites educativos

Marcos Merchán Suárez, bachiller de 18 años, fue uno de los participantes. Él cumple sus primeros pasos en la carrera de Comunicación Social y buscó acceder al programa ya que un primo le comentó sobre la convocatoria. Al principio tuvo dudas sobre la autenticidad del programa, pero completó su postulación y alcanzó a ser seleccionados.

Marcos Merchán Suárez colaboró en tareas administrativas en un plantel del norte de la ciudad. Foto: Francisco Verni Peralta

Ahora, él colaboró en la institución Campos Coello, en la Atarazana. Allí facilita labores administrativas, como la búsqueda y organización de registros históricos de las actividades académicas: actas de grados, certificados y registros de calificaciones de antiguos alumnos.

Sobre este incentivo, él busca convertirlo en un apoyo para financiar sus estudios y aportarle a su madre en gastos de servicios básicos y alimentación

“Es una experiencia muy linda, nueva para mí, que esta experiencia sea el inicio para trabajar en algo más grande”, remarcó él.

Emily Romero Reyes, de 24 años, es otra de las participantes y también se desempeñó en el área administrativo del mismo plantel fiscal. Ella también tuvo actividades similares de Marcos, adicionalmente tomar informes de asistencia y retrasos de los alumnos.

La estudiante de primer semestre de Economía en la U. de Guayaquil contó que anteriormente se dedicaba al cuidado de dos hermanos menores en casa y había enfrentado dificultades para postular a trabajos por no tener experiencia.

Emily Romero pudo ayudar en casa para gastos básicos y tener su primera experiencia laboral. Foto: Francisco Verni Peralta

Con este programa, ella destacó que ha podido desenvolverse mejor, aprender nuevas habilidades y ahora dice sentirse más capacitada para poder incorporarse al mundo laboral.

Según ella, los ingresos percibidos por el programa le permitieron contribuir a las necesidades del hogar que comparte con su madre y dos hermanos, apoyar en el alquiler de su vivienda.

Atención ciudadana y elaboración de documentos

En el Distrito Educativo 09D24, en Durán, Damaris Andrade Alulema, de 18 años, se desenvolvió en atención a usuarios. Allí le tocaba canalizar distintas solicitudes de trámites y además la elaboración de archivos en programas informáticos.

Damaris Andrade ayudó en distrito educativo y pudo ayudar en su hogar con necesidades básica y aportar en la construcción de su casa. Foto: Francisco Verni Peralta

Ella contó que postuló en el programa para ayudar en las necesidades de su hogar, ubicado en la quinta etapa de El Recreo. A la par, se alista para ingresar estudios a distancia en la carrera de Educación Inicial en la Universidad Estatal Amazónica.

Con los fondos percibidos, ella pudo colaborar en su hogar para avanzar en la construcción de su casa, así como el cambio de techado, levantar baños y el piso para evitar inundaciones.

Ella espera seguir ayudando en su hogar, que comparte con su madre, cuatro hermanos y además cuatro primos que comparten con ellos.

“Cada vez que cojo un centavito o algo le doy la mitad a mi mamá”, dijo la joven, cuya madre trabaja transportando pasajeros en una tricimoto.

En el distrito 09D24, Alejandra Pinargote también tuvo su primera experiencia laboral mientras costea libros e implementos de su carrera en Biotecnología en la Universidad Estatal de Milagro.

Alejandra Pinargote colaboró en atención ciudadana y área jurídica en un distrito educativo. Foto: Francisco Verni Peralta

Su madre le dio a conocer sobre el programa y le ayudó a inscribirse. Al principio, ella reconoció que tuvo dificultades para comprender los trámites y necesitaba orientación constante del personal de la institución. Con el transcurso de los días adquirió mayor autonomía y seguridad para cumplir sus responsabilidades en el área de atención ciudadana y jurídica.

“Tenía miedo, no sabía cómo hacerlo, gracias a las personas que me ayudaron pude desenvolverme en el área laboral”, dijo ella.

Ella consideró que la experiencia le permitió fortalecer sus conocimientos administrativos y desarrollar habilidades que podrían servirle para futuras oportunidades de empleo. El incentivo le ayudó a adquirir libros, batas de laboratorio y otros materiales necesarios para su formación, así como aportar en su hogar.

Apoyo en el área jurídica y Talento Humano

Las actividades jurídicas precisamente fueron parte de la participación de Elkin Burgos Bustamante, de 20 años, estudiante becado de tercer semestre de Derecho en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG)

Elkin Burgos puso en práctica sus conocimientos aprendidos en su carrera de Derecho. Foto: Francisco Verni Peralta

En el área jurídica del Distrito Educativo 09D24 se encargó de la elaboración de documentos y contratos, y cargaba archivos sobre situaciones que se presentaban en los colegios, con el acompañamiento de profesionales que le enseñaron a desenvolverse en estas tareas.

Antes estuvo en un fábrica de pan, donde cumplía distintas funciones, en horas de la madrugada, por lo que puso fin a esa experiencia que dificultaba su asistencia a la universidad.

Explicó que el dinero recibido le ayudó a cubrir gastos personales diarios, así como aportar en el alquiler de la vivienda familiar, además de comprar libros y códigos jurídicos que antes consultaba desde su celular.

Otro participante, Javier Torres Espinoza, de 19 años, contó que logró ingresar en su segundo intento, luego de no alcanzar un cupo en la primera convocatoria. Fue asignado al área de Talento Humano del Distrito Educativo 09D24. Allí se encargó de archivar físicamente y digitalizar las hojas de vida de docentes, además de apoyar en la atención a la ciudadanía con información sobre traslados, jubilaciones y trámites educativos.

Javier Torres colaboró en un distrito educativo. Foto: Francisco Verni Peralta

Señaló que el incentivo económico le permitió aportar para la alimentación de su hogar, integrado por su madre y sus dos hermanos menores, además de cubrir necesidades personales y de estudio. “Colaboré en alimentos porque si nos falta, me he sentido bien; porque soy el hombre de la casa”, dijo.

En su visión futura, él espera continuar con su formación en Ingeniería de Software, volver a postular al programa y cumplir su sueño de crear una empresa que ofrezca servicios tecnológicos a los ciudadanos.

Mantenimiento informático y digitalización de documentos

Erick Castillo (i) y Alán Baque (d), dos participantes del programa. Foto: Francisco Verni Peralta

Por otra parte, en el área de tecnología del mismo distrito estuvo Erick Castillo Vaque, de 19 años. Él dio asistencia a funcionarios y docentes. Entre sus actividades asistió en la revisión de computadoras, mantenimiento de equipos, recuperación de acceso a plataformas institucionales que usaba el personal.

Para él, esta experiencia le permitió ser más independiente y aprender a administrar sus propios recursos conseguidos con el programa.

Ahora aspira a conseguir un trabajo relacionado con la informática y, así como otros de sus compañeros, participar nuevamente del programa. “Más que todo para seguir aprendiendo, porque quiero aprender un poco de todos, seguir creciendo, y enseñar lo que hemos aprendido”, remarcó.

Asimismo, Alan Chávez Reyes, de 19 años, quien actualmente cursa la carrera de Ingeniería Telemática en la U. de Guayaquil, buscó ingresar al programa para ayudar a sus padres que tienen ingresos inestables y además encargarse de los gastos de materiales, transporte y equipos técnicos necesarios en su carrera.

En un plantel educativo fiscal, él ayudó en la revisión de asistencias y calificaciones, la organización de documentos para la selección de abanderados y el almacenamiento de productos de alimentación escolar.

Él remarcó que esta experiencia le despertó el interés por aplicar los conocimientos durante su carrera, puesto que evidenció gran cantidad de documentos físicos que podrían pasar a ocupar bases de datos digitales para evitar que se extravíen.

Apoyo administrativo y cubrir gastos

Asimismo, hay historias para salir de problemas financieros. Jenny Mendoza Galindo, de 28 años, se metió al programa para conseguir una fuente adicional de ingresos, ya que en su negocio propio, de asadero, tenía dificultades para cubrir un préstamo bancario que requirió para mejoras. “Esa cantidad me ayudó con las cuotas del banco, más que todo para cuidar el buró crediticio”, dijo.

En el programa ella colaboró en la Unidad Educativa Fiscal Víctor Hugo Mora, en La Florida, en el norte de Guayaquil. Allí se encargó de la recopilación de calificaciones de estudiantes, organización de información académica y labores de mantenimiento.

A su vez, Dagmar Costa Paredes, quien anteriormente tuvo experiencias en empacadoras, estuvo asignada en la Liga Cantonal de Durán, donde ayudó en tareas de mantenimiento de áreas y los instrumentos de deportes. Esa función la compartió con Kiana Barco, de 21 años, estudiante de Educación Inicial en la Universidad de Milagro, y Jennifer Arreaga, de Educación Inicial en la U. Católica.

Dagmar Costa (d) junto a sus compañeros del programa Jóvenes en Acción. Foto: Francisco Verni Peralta

Antes del programa, Costa llevaba dos meses desempleada y con el programa pudo obtener ingresos que le sirven en el sustento de dos niñas menores de edad.

A la par, Costa está por empezar estudios del primer semestre de Contabilidad en el Instituto Técnico Guayaquil y sueña poder terminar la carrera. Ella, como varios de los entrevistados, consideraron postular a la siguiente etapa hasta tener una mejor posibilidad de obtener un trabajo fijo, terminar estudios e incluso solventar necesidades de sus hogares. (I)

Fuente: El Universo

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