Un mueble perteneciente a una mujer de la antigua Pompeya, ciudad ubicada en la región de Campania, al sur de Italia, ha permanecido casi 2.000 años intacto bajo las cenizas del Vesubio. El hallazgo se produjo en la vivienda conocida como la casa de Cornelio Máximo y fue dado a conocer por el Parque Arqueológico de Pompeya. Dentro del armario se encontraron joyas, cosméticos y monedas que permiten reconstruir la vida diaria de sus habitantes antes de la catastrófica erupción del año 79 d.C.
Los arqueólogos recuperaron el contenido completo de un mueble que estuvo sepultado durante siglos. Entre los objetos destacan utensilios de maquillaje como una pinza y una paleta para cosméticos, un balsamario de vidrio, un quemador de perfumes, una lámpara de bronce y pesas de plomo guardadas en una pequeña caja de madera. La presencia de estos últimos sugiere que la dueña de la casa podría haber tenido una actividad comercial.
Los objetos revelan la identidad de una mujer de la antigüedad
El inventario del armario incluye también vasos y ollas de bronce, vidrio y cerámica, así como una jarrita decorada con escamas de piña. Uno de los elementos más llamativos es un collar compuesto por al menos 24 piezas en miniatura de fayenza, hueso, pasta vítrea y cristal de roca, todas con un orificio para ser ensartadas.

Las figuras representan divinidades como Bes y Mercurio, además de manos, pies, piñas y racimos de uva. Según los expertos del Parque, se trata de los llamados crepundia, sonajeros con amuletos que se entregaban a los niños como protección. Muchos adultos los conservaban como recuerdos de infancia, especialmente en una sociedad marcada por la alta movilidad geográfica: esclavos, libertos y comerciantes solían vivir lejos de sus lugares de origen.
Un tesoro de 38 monedas de bronce indica que sus dueños no pudieron huir
Otro hallazgo relevante es un conjunto de 38 monedas de bronce guardadas en una cistella, un recipiente vegetal tejido mediante técnica de trenzado cuyos restos fueron analizados en el laboratorio del Parque Arqueológico. Su presencia sugiere que los habitantes de la casa no lograron recuperar sus pertenencias antes de la erupción.
Los especialistas manejan dos hipótesis. Si los residentes estaban en Pompeya durante la catástrofe, pudieron intentar escapar. Si lo consiguieron, nunca regresaron a buscar sus bienes. También es posible que murieran sin dejar herederos, como registró el historiador romano Publio Cornelio Tácito al mencionar a quienes fallecieron sin descendencia y cuyos bienes quedaron destinados a una refundación de la ciudad que nunca se concretó.

Pinturas murales y rastros de obra muestran el estado de la casa al momento de la erupción
La fachada de la vivienda fue excavada por primera vez en 1912, aunque la atribución a Cornelio Máximo, basada en inscripciones hoy desaparecidas, sigue siendo debatida. Recién ahora, en el marco del proyecto de restauración de la adyacente Insula dei Casti Amanti, los investigadores pudieron acceder a las habitaciones traseras y obtener nueva información sobre el estado del edificio.
“Pompeya no es solo un lugar de grandes obras de arte: es también un lugar en el que los objetos más comunes restituyen la dimensión humana del pasado. No podemos reconstruir con certeza la identidad de quien vivía en la casa, pero estos fragmentos nos acercan a su cotidianidad”, afirmó Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico, en declaraciones recogidas por medios internacionales.
Las estancias donde se encontraba el armario presentan pinturas murales de cuarto estilo atribuidas al taller de Via di Castricio, lo que indica un nivel socioeconómico elevado. Sin embargo, al momento de la erupción la casa atravesaba obras de envergadura que afectaban su habitabilidad.
A esto se suma un hallazgo peculiar: dos esqueletos de ratones del género Apodemus sylvaticus —el ratón silvestre— aparecieron dentro de un ánfora en un altillo, de los que se recuperaron 117 fragmentos diminutos.
Fuente: Infobae