Gonçalo M. Tavares advierte: la IA crea ‘tetrapléjicos intelectuales’

El reconocido autor portugués Gonçalo M. Tavares, quien recibirá este domingo el Premio Formentor 2026, lanzó una severa advertencia sobre el avance de la Inteligencia Artificial (IA) y las nuevas tecnologías. Según Tavares, estos instrumentos podrían generar lo que denomina ‘tetrapléjicos intelectuales’, al tiempo que hizo un enérgico llamado a revalorizar el lenguaje y su rol fundamental en las democracias contemporáneas.

“La IA puede hacer tetrapléjicos intelectuales por puro confort”, señaló el escritor, poniendo como ejemplo que una persona puede “pensar, levantarse y cambiar el canal de la televisión, pero no se hace por comodidad”. Para Tavares, delegar en algoritmos la escritura o el análisis equivale a “renunciar al ejercicio de la reflexión”.

Estas declaraciones las realizó este domingo en una rueda de prensa celebrada en Formentor (Mallorca), con motivo de la concesión del Premio Formentor de las Letras. La ceremonia de entrega tendrá lugar el 1 de noviembre a las 20:00 horas en el Four Seasons Resort Mallorca at Formentor.

El galardonado se mostró profundamente escéptico ante el auge de la IA y la inmediatez de las redes sociales, herramientas que, según él, han acelerado “la pérdida de concentración y el vaciado del pensamiento humano”. En sus palabras: “El móvil ha empezado a estupidificar a las personas de una forma muy clara”, agregando que él mismo carece de redes sociales.

Tavares insistió en que “la IA está martilleando los cráneos y el cerebro es capturado por la tontería”, aunque aclaró que “la máquina solamente escribe y eso reduce al lenguaje a algo puramente formal, cuando que el lenguaje es otra cosa, es pensamiento”.

El autor comparó la mente con una disciplina atlética o artística que requiere un trabajo “constante”. Afirmó: “El pensamiento y el lenguaje han sido siempre cuestiones de entreno intelectual diario; si el músculo no se ha entrenado, la capacidad se termina perdiendo”.

Para ilustrar esta pérdida del hábito mental, compartió un recuerdo biográfico: de niño resolvía complejas ecuaciones matemáticas, pero hoy reconoce que la falta de entrenamiento le impediría descifrar esos mismos problemas que dominaba entonces.

M. Tavares también abordó otras “amenazas” de la sociedad actual, como “la pobreza y el mal dominio del lenguaje, que ponen al ciudadano fuera de la democracia”. Y cuestionó: “¿Cómo puede alguien participar si tiene hambre, si no tiene palabras, pensamiento?”. Para él, “la literatura no ha sido nunca un problema de bibliotecas, ha sido un problema de democracia”.

Para el portugués, la urgencia material de la pobreza imposibilita la participación plena en la vida pública. Mientras subsistan grandes bolsas de indigencia, la democracia seguirá “siendo un proyecto incompleto en el continente europeo”. Y reiteró: “La cuestión lingüística es una cuestión de la democracia”.

En alusión a su última novela, ‘El fin de Estados Unidos de América’ —que próximamente llegará a España— Tavares cargó contra mediciones como el Producto Interior Bruto (PIB). Dijo: “Decir que Estados Unidos es el país más rico del mundo cuando tiene 40 millones de pobres es un absurdo lógico; un país rico es, en primer lugar, un país que tiene pobres”.

El escritor criticó la infantilización del debate público en las sociedades occidentales y lamentó que cuestiones complejas se reduzcan a un simple “sí o no”. A su juicio, este reduccionismo “ha desactivado” la capacidad crítica de la población, transformando a los ciudadanos “en seres indefensos ante las corrientes extremistas”.

En su opinión, esta falta de profundidad ha creado un “ejército de niños intelectuales” de todas las edades, sin capacidad de respuesta ante “cualquier motor autoritario”. Advirtió sobre el fascismo, que “ha sido siempre una fuerza que se pone delante de los frágiles”, argumentando que “la violencia verbal o física surge donde la palabra ha desaparecido”.

Para ejemplificar, evocó comportamientos públicos donde se ejerce la burla hacia la debilidad ajena, calificándolos de “fascismo lingüístico”. Instó a concebir la oratoria y el argumento como “herramientas de contención” para la convivencia pacífica. Y aseveró: “La palabra ha sido el único modo de suspender la violencia, de retrasar la violencia”.

Tavares sostuvo que el dominio de la estructura lingüística constituye el pilar sobre el que se erigen los derechos ciudadanos. Ironizó: “En las democracias, la palabra ha tenido la potencia del karate; en vez de aprender defensa personal física, las personas deberían haber aprendido defensa personal lingüística”. Y alertó: “No dominar el lenguaje es la discapacidad del ciudadano”.

Consultado por los últimos resultados del informe PISA, el galardonado rechazó el dogma de que “leer haya sido siempre bueno”. Afirmó: “Leer cosas buenas ha sido bueno, pero leer cosas tontas produce graves daños lingüísticos e intelectuales”.

Asimismo, censuró la tendencia pedagógica de ofrecer a los más pequeños contenidos sencillos que no requieran esfuerzo. Precisó: “El aprendizaje consiste precisamente en estar delante de algo que no se entiende al cien por cien desde el primer momento”.

Tavares también se mostró contrario al “sentimentalismo fácil” de los medios de comunicación y abogó por la importancia de la belleza: “El trabajo del artista consiste en quitar el polvo de encima de la belleza para revelar su verdad”.

Ante los medios, reivindicó su condición de creador frente a las exigencias comerciales de la industria editorial. Aseguró: “Yo no soy un vendedor, soy un escritor. Necesito escribir y lo que escribo ha venido siempre en primer lugar de mi propio organismo”.

Además, defendió la particularidad del oficio de escritor, refiriéndose a otro de los ganadores, Pascal Quignard. Preguntó: “¿Hay algún escritor igual a Pascal Quignard? No. Todos han sido individuos extraordinarios”.

Finalmente, expresó su “satisfacción” por sumarse a un catálogo de premiados que definió como una “familia de coraje lingüístico y literario”, en alusión a los anteriores galardonados.

Fuente: Infobae

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