Milei opta por silencio tras reelección de Lula y tensa el escenario regional

El presidente Javier Milei acumula casi una semana sin pronunciarse sobre el triunfo electoral de Lula da Silva, mientras el círculo libertario concentra sus elogios únicamente en la fuga de Flávio Bolsonaro. Esta postura refleja, según analistas, una concepción sectaria y altamente ideologizada que reemplaza el sentido más elemental de la política exterior de Estado por simples cuestiones de afinidad personal. Como complemento, el mandatario calificó como “masterclass” un mensaje en X que ironiza sobre la salida del candidato derrotado brasileño y repite insultos contra el periodismo. Dice mucho, pero no solo en ese plano.

No es el único capítulo reciente en el frente externo, aunque de diferente magnitud. Semanas atrás, Milei dejó una nueva tanda de insultos contra el presidente español Pedro Sánchez durante su paso por Madrid, lo que generó incomodidad entre sus propios aliados políticos y una señal negativa desde la Casa Real. Ahora, el impacto es mayor: la cerrazón frente al resultado electoral de Brasil alimenta tensiones internas y evidencia un notorio despiste para el imaginario de liderazgo regional.

La cancillería argentina actuó como un reflejo de la misma línea: expectante de la reacción de Washington y atenta a los gestos iniciales de Flávio Bolsonaro. Mientras tanto, medios brasileños tradicionales no demoraron en señalar que los propios socios de derecha del candidato derrotado relativizaban la posición inicial de Bolsonaro. La idea de pretender anular las elecciones fue cediendo paso a un reclamo sobre manejos del oficialismo –cuestionables, por cierto– en la campaña. De ahí al reconocimiento del resultado fue un paso.

En las horas posteriores al escrutinio, y especialmente tras la operación de salida de Bolsonaro y su familia, el Gobierno dejó trascender una línea de cuestionamiento a las elecciones que el ejército digital libertario buscó instalar como denuncia de fraude comprobado. Aparte está el papel local en el operativo de escape del candidato perdedor desde Puerto Iguazú a Miami. En Olivos, la derrota mezcló sorpresa y malestar, después de la sucesión de cargas contra Lula da Silva y los festejos por la primera vuelta. Medios brasileños coinciden en que nadie reparó en los graves errores de campaña bolsonarista que siguieron a aquella celebración.

El oficialismo exhibió una contradicción: destacó que el paso de Bolsonaro, su esposa y sus dos hijas por Argentina fue absolutamente normal y legal, casi un trámite, porque no existía reclamo internacional de Brasil. Al mismo tiempo, buscaron darle un sentido casi épico a la participación en la movida que concluyó con el embarque hacia Estados Unidos. Más allá de chicanas políticas, hay trascendidos que deberían investigarse, incluido si existió presencia o jefatura de agentes estadounidenses con subordinación de organismos argentinos.

Este punto significativo ocupa renglones mediáticos y no parece agotado: son inciertas sus estribaciones locales y también en Estados Unidos, donde motorizó reclamos demócratas contra la administración de Donald Trump en vísperas de las elecciones de medio término.

Flávio Bolsonaro, al desembarcar con su familia en Miami

Más allá de ese tema, la primera señal de cerrazón fue la decisión de no realizar un saludo al menos formal, con el resultado electoral a la vista. Y se agregaron, sin modificar esa postura, el mensaje de la política brasileña, que no puso en discusión el resultado, y las propias señales de Trump, que acogió a Flávio Bolsonaro pero evitó chocar con Lula da Silva.

Bolsonaro en Estados Unidos tuvo que modificar su declaración inicial. Dejó de lado la categoría de “presidente electo” de Brasil y la reemplazó por “líder”. El cambio se debió presuntamente a un señalamiento del Departamento de Estado, aunque una versión menos ácida lo atribuye a un asesor brasileño. Es claro que Washington solo aceptaría la definición de “presidente electo” si tuviera intención de romper con Lula. No parece que ese sea el interés estadounidense, y tampoco es el mensaje del poder brasileño.

El cuadro político brasileño dejó sin sustento la decisión de Olivos. Si ya eran evidentes los reparos de la derecha ante la actitud del candidato perdedor, con las horas el panorama se aclaró. La derecha brasileña, un conglomerado variopinto, en líneas generales reconoció el resultado, desestimó las referencias a fraude de Bolsonaro (algunos lo calificaron de reacción emocional) y empezó a reacomodar la jefatura política, ante un panorama legislativo que anticipa una prueba exigente para Lula da Silva.

El cambio en el texto de Bolsonaro en Estados Unidos tiene lectura para Washington y para Brasil. El concepto de “líder” de la oposición al PT ya está en discusión. Enfrenta cuestionamientos desde su propio Partido Liberal, alimenta facturas en la familia de Jair Bolsonaro y fortalece el juego de Tarcísio de Freitas, reelecto gobernador de San Pablo con amplia diferencia sobre el PT.

La actitud del Gobierno abre interrogantes sobre la relación con Brasilia. Y fisura el imaginario de un liderazgo regional, por la sola condición de principal socio estratégico de Trump, ahora enfocado en las elecciones del martes próximo. La posición de Milei estuvo lejos de marcar una línea entre los presidentes que se anotan como expresiones de derecha. Al contrario: saludos y felicitaciones a Lula se sucedieron una vez consolidado el resultado. José Antonio Kast (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Keiko Fujimori (Perú), Rodrigo Paz (Bolivia) y Daniel Noboa (Ecuador) se contaron entre los primeros.

Para completar, la distancia con Brasil nutrió también las tensiones en el mundo libertario. El dato más significativo lo produjo Patricia Bullrich, que eludió el saludo directo al presidente reelecto pero subrayó la necesidad de aceptar los pronunciamientos en las urnas. La pulseada en el oficialismo va más allá de este tema. El malestar libertario se nutrió de mensajes de aliados y dialoguistas: el PRO –especialmente el mensaje personal de Mauricio Macri–, la UCR y referentes provinciales. No son días sencillos para Olivos. El martes 3 se verá qué añade el frente externo: vota Estados Unidos.

Fuente: Infobae

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