Victoria de Lula sacude mercados: real cae 7% y Bovespa se desploma 14%

El escenario político de Brasil dio un vuelco que pocos anticiparon. Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente, logró una victoria sin precedentes al imponerse con una diferencia de casi cuatro puntos porcentuales en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 25 de octubre. Esto ocurrió pese a que en la primera vuelta se encontraba por detrás de su contrincante, Flávio Bolsonaro. Es la primera vez en la historia del país que un candidato remonta de esta forma para alcanzar el cargo. En enero, Lula asumirá un cuarto mandato, convirtiéndose en el primer presidente democráticamente electo en lograrlo.

Mientras los seguidores de Lula celebran, los mercados financieros reaccionan con temor. Las alarmas se encienden ante una posible deriva económica y un gasto excesivo que Brasil no puede sostener. Apenas se conoció el resultado, el real brasileño se depreció un 7% frente al dólar estadounidense. El principal índice bursátil, el Bovespa, sufrió una caída del 14%, lo que obligó a activar el mecanismo que suspende temporalmente las negociaciones. Si Lula desea mejorar las condiciones de vida de los brasileños más pobres, evitar una crisis y proteger su legado, sus próximos cuatro años de gobierno deberán ser muy distintos a los anteriores. No cuenta con mucho tiempo para persuadir a los inversionistas de que modificará el rumbo.

Los factores detrás del triunfo

La sorpresiva victoria de Lula se explica, en buena medida, por la debilidad de la derecha brasileña. Este sector sigue bajo la influencia de Jair Bolsonaro, expresidente que cumple una condena de 27 años por planificar un golpe de Estado en 2022, tras perder las elecciones. Al elegir a Flávio como abanderado, la derecha dejó de lado a políticos con mayores posibilidades de atraer votantes. Flávio habló de recortar el gasto público, una propuesta que agradó a los mercados, pero no presentó planes coherentes para concretarla. Su principal promesa de campaña fue liberar a su padre del arresto domiciliario.

A pesar de ello, los inversionistas daban por hecho su triunfo, en gran parte porque confiaban aún menos en su oponente. Durante años, sucesivos gobiernos —incluido el de Lula— han incurrido en un gasto descontrolado. Esto ha llevado a que Brasil destine un porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB) al pago de intereses de la deuda superior al de casi todas las naciones, salvo un puñado de grandes economías. También ha generado una tasa de interés real extremadamente alta, que actualmente se ubica en el 9%. Esta situación afecta la inversión, perjudica a empresas y hogares, y frena el crecimiento. Aunque Brasil posee vastos recursos naturales —como petróleo, extensas tierras agrícolas y enormes reservas de minerales críticos—, su crecimiento ha sido más lento que el de países similares durante décadas.

Las cuentas fiscales, un dolor de cabeza

Reducir el gasto público es esencial para dinamizar la economía. No obstante, el gobierno de Lula registra un déficit presupuestario superior al 9% del PIB. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la deuda pública alcanzará el 97% del PIB este año, cuando en 2022 era del 84%. Y no es evidente que Lula esté dispuesto a cambiar de dirección. Durante la campaña, restó importancia a la necesidad de disciplina fiscal. También prometió una oleada de gasto público. Los costos de las nuevas políticas sociales que ha anunciado este año podrían representar alrededor del 2% del PIB para finales de 2027.

Lula, quien cumplirá 81 años el 27 de octubre, ha mostrado una energía notable en las semanas posteriores a la derrota en la primera vuelta. Reorganizó su equipo de campaña, ajustó su estrategia y obtuvo un triunfo contundente. Ahora necesita canalizar esa misma energía para relanzar su gestión. Debería comenzar de inmediato nombrando a un ministro de finanzas que genere confianza entre los inversores. Luego, debe presentar un plan creíble de reforma fiscal.

Una tarea urgente es aprobar un límite al gasto que estabilice la deuda brasileña. Lula debe eliminar las numerosas exenciones fiscales que se multiplicaron durante administraciones anteriores —incluida la suya— y que benefician a empresas ineficientes con poderosos grupos de presión. El gasto público está aumentando, en parte, debido a las generosas pensiones, especialmente para funcionarios públicos y fuerzas armadas, que crecen por encima de la inflación. En su próximo mandato, Lula podrá ocupar una cantidad inusual de vacantes, entre ellas cuatro puestos en el Tribunal Supremo, dos miembros del Consejo del Banco Central y cargos en el organismo de control financiero. Debe hacer nombramientos técnicos e imparciales, y resistir la tentación de designar a personas por motivos políticos.

Ninguna de estas medidas será sencilla para Lula, de ahí que el pánico en los mercados persista. Sin embargo, si el presidente reelegido de Brasil interpreta su victoria electoral como una licencia para intensificar las políticas que derrotaron a Flávio, desencadenará una crisis fiscal y una profunda recesión. Su triunfo dorado podría convertirse en cenizas.

Fuente: Infobae

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