Ecuador busca consolidar un modelo minero competitivo de la mano de experiencias internacionales

La industria minera ecuatoriana se encuentra en un punto de inflexión. Convertida en el tercer rubro de exportación no petrolera del país, la actividad minera busca dar un salto cualitativo hacia la consolidación de un modelo competitivo, sostenible y alineado con los más altos estándares globales. En este contexto, la Cámara de Minería del Ecuador (CME) llevó a cabo el encuentro Ecuador País Minero 2026, marco en el cual se desarrolló el panel “Perspectiva para una minería competitiva, sostenible y responsable”, donde se analizaron las oportunidades, desafíos y decisiones regulatorias que definirán el futuro energético e industrial de la nación.

Andrés Ycaza, vicepresidente del directorio de la Cámara de Minería del Ecuador, destacó que el principal objetivo de este tipo de espacios es asimilar las experiencias y lecciones de otras jurisdicciones con el fin de perfeccionar la industria local. El directivo recordó que en la actualidad Ecuador cuenta con dos minas industriales en fase de producción que aportan más del 1 % al producto interno bruto (PIB) nacional, pero enfatizó que la meta es dar paso a nuevos yacimientos que amplíen este impacto.

Asimismo, Ycaza recalcó que la minería formal se desarrolla principalmente en zonas rurales, convirtiéndose en el mayor empleador formal donde impera la informalidad. “Hay un trabajo social profundo, basado en la licencia social, en pedir permiso, en no imponer y en lograr acuerdos con las comunidades. Además, promover las actividades legales e impulsar minas bien estructuradas es la vía más efectiva para restar espacio a la minería ilegal”, afirmó el representante de la CME, agregando que en materia ambiental el país debe mirar hacia referencias regionales, como el uso de agua de mar desalinizada implementado en Chile para evitar el consumo de agua dulce.

Desde el sector industrial, Jaime Seminario, presidente alterno de la Cámara de Industrias de Guayaquil, enfatizó la necesidad de construir una visión compartida que involucre a las empresas, el Estado, la academia y la ciudadanía. A su juicio, el crecimiento del sector no depende del esfuerzo aislado de cada firma, sino de una articulación efectiva que potencie a los proveedores nacionales, desarrolle infraestructura y promueva la transferencia tecnológica para retener un mayor valor en el territorio.

“La unidad empresarial significa ser capaces de identificar intereses comunes y trabajar por ellos. Para atraer inversiones sostenibles se requiere seguridad jurídica, transparencia y confianza. El gran reto del Ecuador es articular sus fortalezas en una estrategia de largo plazo que ponga en el centro el desarrollo del país”, sostuvo Seminario durante su intervención.

Por su parte, la academia ratificó su compromiso con el desarrollo de la actividad. Stalin Paladines, representante de la Universidad Nacional de Loja, hizo un llamado formal a consolidar alianzas estratégicas entre la empresa privada y las instituciones de educación superior para respaldar el ciclo de vida de los proyectos mineros. Paladines subrayó que el desarrollo estratégico de los recursos naturales es el vehículo que garantizará la prosperidad de las futuras generaciones e impulsará el desarrollo científico en todo el territorio nacional.

El debate contó también con la visión de destacados analistas internacionales. Rómulo Mucho Mamani, consultor internacional en recursos energéticos y exministro de Energía y Minas del Perú, señaló que Ecuador ha dado pasos firmes con la puesta en marcha de sus primeras minas industriales, pero advirtió sobre la urgencia de acelerar la tramitación de su portafolio de proyectos, entre los que destacan Cascabel, Warintza y Loma Larga.

El especialista peruano explicó que los minerales han dejado de ser simples materias primas para convertirse en activos geopolíticos estratégicos en el marco de la transición energética global. Precisó que tecnologías como la energía solar o la electromovilidad demandan volúmenes crecientes de cobre, litio y níquel. En una coyuntura donde los precios internacionales del cobre alcanzan niveles históricos cercanos a los $ 15.000 por tonelada y los grandes yacimientos mundiales envejecen, Ecuador posee una ventaja competitiva que debe aprovechar mediante la digitalización, la robótica y la estabilidad tributaria y jurídica que demandan los grandes capitales.

En esa misma línea, Rodrigo Galleguillos, académico y especialista en derecho ambiental y recursos naturales de la Universidad de Chile, abordó el equilibrio entre la certeza jurídica y la resiliencia socioambiental. Galleguillos sostuvo que las reglas claras sobre la titularidad de las concesiones representan el requisito básico de atracción de inversiones, pero advirtió que las empresas deben ser proactivas en la gestión comunitaria e incorporar los más altos estándares ambientales para prevenir la judicialización de sus proyectos.

El experto chileno advirtió que mantener recursos minerales bajo tierra sin aprovechamiento priva a las regiones de infraestructura, empleo y dinamismo económico, con el riesgo añadido de que los capitales internacionales migren hacia jurisdicciones con trámites más ágiles y predictibles. Respecto al reto de añadir valor agregado mediante procesos de refinación o fundición, los expertos coincidieron en que se requieren acuerdos políticos, incentivos tributarios y, fundamentalmente, alianzas regionales en capacitación de talento humano e investigación científica.

Minería creció un 43,5% a julio de 2026
Entre enero y julio de 2026, el sector minero de Ecuador consolidó un desempeño histórico en el comercio exterior al alcanzar un total de $ 3.180 millones en exportaciones, de acuerdo con las últimas cifras publicadas por el Banco Central del Ecuador (BCE). Esta cifra representa un vertiginoso incremento interanual del 43,5 % frente al mismo periodo de 2025, traduciéndose en un ingreso adicional de $ 964 millones para la economía nacional. Con este resultado, la minería se posicionó como el tercer rubro de exportación más importante del país, únicamente por detrás del camarón y del petróleo, afirmándose además como el sector de mayor expansión. En el marco de la oferta no petrolera de la nación, los envíos mineros explicaron el 18 % del valor global exportado en dicho periodo.

El dinamismo del sector estuvo liderado por el concentrado de plomo y cobre, rubro que sumó $ 1.391,3 millones con un aumento en su valor del 47,2 %, a pesar de experimentar una ligera variación negativa del 0,8 % en el volumen físico al registrar 384.779 toneladas métricas. Por su parte, la categoría de otros productos mineros generó $ 1.033,5 millones, marcando un repunte del 51,1 % en divisas y un alza del 10,5 % en toneladas exportadas. En lo respectivo al oro y sus aleaciones, los embarques alcanzaron los $ 751,3 millones, lo que significó un alza en valor del 28,7 % pese a una contracción del 9,5 % en las cantidades enviadas. (I)

Fuente: El universo

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