Las cicatrices invisibles de la violencia extrema en México según Médicos Sin Fronteras

Superar un episodio de violencia extrema es apenas el primer paso de un camino que muchas veces permanece oculto. Para visibilizar estas consecuencias, Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó el proyecto multimedia “El trauma habla a través del cuerpo”, donde muestran una de sus acciones en territorio mexicano. Allí acompañan a quienes sufren las marcas que el miedo y la tortura dejan en la mente y en el cuerpo.

La magnitud de esta realidad también se refleja en las cifras de Causa en Común, organización civil que contabilizó 2.529 atrocidades en México durante el primer semestre de 2026, lo que equivale a un promedio de 14 diarias. Entre los hechos registrados están asesinatos con tortura, agresiones contra mujeres con extrema crueldad, masacres y hallazgos de fosas clandestinas.

Más allá de los números, estas agresiones provocan efectos que pueden durar mucho después de que el peligro haya pasado. Desde el Centro de Atención Integral (CAI), MSF apoya a sobrevivientes que lidian con las huellas del trauma en su cuerpo, sus emociones y sus relaciones con los demás.

¿Cómo se manifiesta la violencia extrema en el organismo?

Causa en Común reportó 658 casos de asesinatos con tortura en los primeros seis meses de 2026, además de 290 asesinatos de mujeres con crueldad extrema, 242 actos violentos contra la autoridad, 193 fosas clandestinas, 156 masacres y 154 mutilaciones y descuartizamientos de cadáveres. Estas estadísticas dimensionan la violencia extrema en México, cuyas consecuencias no cesan cuando termina la agresión.

Una experiencia de violencia extrema o peligro puede llevar al cuerpo a un estado de supervivencia. Esta reacción busca reducir el impacto del miedo y el dolor. Durante una agresión, algunas personas pueden sentir desconexión de sus emociones o del entorno debido a la intensidad de lo vivido.

Sin embargo, incluso cuando el riesgo ha terminado, el organismo no siempre vuelve de inmediato a la calma. Como resultado, permanece en alerta y reacciona ante estímulos cotidianos como si aún existiera una amenaza.

El trauma y el miedo generan una respuesta adrenérgica (liberación de adrenalina). Edna Fernández Sánchez Arellano, médica del CAI de MSF, explica que aunque los pacientes a veces reciben diagnósticos como depresión, los síntomas físicos generales derivados del trauma suelen incluir:

  • Insomnio
  • Dolores de cabeza
  • Dolores musculares
  • Malestares gastrointestinales (náuseas, malestar estomacal)
  • Palpitaciones, boca reseca o presión en el pecho

En MSF han observado que no es necesario verbalizar el horror para detectarlo: el cuerpo muestra la inquietud. De hecho, muchas personas no logran superar el trauma precisamente por la persistencia de estos malestares físicos. Además de las secuelas corporales, una de las heridas más profundas para los sobrevivientes es la ruptura de los vínculos humanos, lo que genera una inmensa desconfianza hacia los demás.

Para acompañar a los sobrevivientes, el CAI cuenta con un equipo de psicólogos, trabajadoras sociales, médicas y otros profesionales. Con una década de labor, este centro demuestra que las consecuencias de la violencia perduran en el tiempo y requieren una respuesta constante.

Desde 2016, el CAI ha atendido a 1.205 pacientes, incluyendo 156 víctimas de tortura, 137 de secuestro y 241 de violencia sexual. Solo entre enero y julio de este año, se registraron 71 nuevos casos de sobrevivientes de tortura y violencia extrema a través de 2.000 consultas.

Las infancias, víctimas indirectas y silenciosas

Un porcentaje de la población atendida corresponde a niñas, niños y adolescentes. Aunque suelen ser víctimas indirectas o testigos de violencia extrema, también reciben atención especializada. La doctora Fernández señala que los menores presentan respuestas adrenérgicas manifestadas en irritabilidad o incontinencia urinaria, y en ocasiones son canalizados a otras instituciones para recibir una atención más amplia.

Psicólogas de una clínica especializada atienden a infancias afectadas indirectamente por agresiones en México, quienes suelen manifestar angustia mediante aislamiento o incontinencia urinaria mientras intentan sanar sus heridas emocionales más profundas |REUTERS/Eloisa Sánchez

Dora, psicóloga del centro, explica que los adultos a menudo piensan que los niños no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, ellos expresan su trauma a través del aislamiento y otros mecanismos de defensa.

“A un niño no le vas a preguntar directamente qué pasó o qué vivió, pero a través del juego simbólico explican lo que les ha pasado”, detalla la especialista.

Metas, sueños y la vida después de sobrevivir el trauma

La recuperación integral no solo implica la desaparición de los síntomas físicos. Según el CAI, cuando una persona “conecta con lo que ve, escucha y siente en el aquí y el ahora, puede reconocer que hoy está segura”. El verdadero indicador de recuperación es cuando el sobreviviente recupera la capacidad de imaginar, vuelve a hacer un plan de vida, encuentra un trabajo y empieza a proyectar su futuro. Para ello, tanto el área de trabajo social como otras intervienen canalizando a los pacientes con otras instituciones que les ayuden a cubrir necesidades como la inserción laboral.

El material de MSF comparte el caso de esperanza de Tamara, quien huyó de la violencia en Guatemala hacia México. En su trayecto fue víctima de abuso sexual y golpes; para sobrevivir y lograr que el ataque se detuviera, tuvo que fingir estar muerta durante quince minutos. Aunque esto le provocó una profunda desconfianza inicial, gracias al acompañamiento interdisciplinario logró retomar su proyecto de vida.

Ante esta realidad, Médicos Sin Fronteras hace un llamado contundente para que el Estado mexicano “asuma la responsabilidad de contener todas las incidencias que afectan a la población”.

Fuente: Infobae

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