El Niño aumentaría riesgo de incendios en dos regiones de EE.UU.

Un análisis conjunto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES) reveló que los episodios de El Niño durante el otoño se asocian con un incremento en la probabilidad de incendios forestales de gran magnitud en dos áreas de Estados Unidos durante la primavera siguiente. Este hallazgo permite reconocer señales climáticas que pueden ser útiles para la planificación de las temporadas de fuego.

Publicado en marzo de 2026 en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres, el estudio revisó datos de incendios, lluvias y condiciones atmosféricas desde 1984 hasta 2022. Se analizaron nueve centros de coordinación de incendios en el territorio continental estadounidense y se encontraron diferencias entre las regiones: mientras algunas presentaron una mayor probabilidad de superficies quemadas extensas después de El Niño, otras mostraron una tendencia opuesta.

Los resultados cobran relevancia ante las previsiones de NOAA para el invierno de 2026-2027, que anticipan un episodio fuerte o muy fuerte de este fenómeno climático. Sin embargo, el trabajo identifica asociaciones históricas y no es un pronóstico específico de incendios para la próxima primavera. La evolución del clima y las condiciones de cada ecosistema determinarán cómo se manifiesta el peligro en los meses siguientes.

Northern Rockies y Eastern: más incendios grandes después de El Niño

El estudio detectó una mayor probabilidad de incendios que afecten grandes superficies durante la primavera después de un episodio otoñal de El Niño en dos regiones de coordinación de incendios de Estados Unidos:

  • Northern Rockies: incluye partes de Montana, Dakota del Norte, Idaho, Dakota del Sur y Wyoming. Su territorio abarca bosques, zonas montañosas y áreas de vegetación abierta, con variaciones en altitud, clima y disponibilidad de agua.
  • Eastern: abarca Connecticut, Delaware, Delaware, Delaware, Illinois, Indiana, Iowa, Maine, Maine, Maryland, Massachusetts, Michigan, Michigan, Minnesota, Misuri, Nuevo Hampshire, Nueva Hampshire, Nueva Jersey, Nueva Jersey, Nueva York, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Rhode Island, Vermont, Virginia Occidental, Virginia Occidental, Wisconsin. Comprende áreas forestales, agrícolas, rurales y urbanas.

Ambas son regiones operativas que permiten coordinar recursos entre organismos federales, estatales, tribales y locales. Sus límites no coinciden necesariamente con las fronteras estatales, por lo que los resultados no significan todos los territorios incluidos vayan a experimentar las mismas condiciones.

Las regiones operativas Northern Rockies y Eastern registran una mayor susceptibilidad a fuegos extensos tras el paso de El Niño. (REUTERS/Nicolas Economou)

Circulación atmosférica y demanda evaporativa explican la señal regional

Los investigadores relacionaron el patrón observado en Northern Rockies y Eastern con una mayor probabilidad de altas presiones atmosféricas sobre el norte de Estados Unidos después de un otoño de El Niño. Esa configuración puede reducir las precipitaciones en determinadas circunstancias y favorecer condiciones que aceleran la pérdida de humedad del entorno.

Para examinar el mecanismo, el equipo analizó la precipitación y la demanda evaporativa, un indicador de la capacidad de la atmósfera para extraer agua del suelo y de la vegetación. Cuando las lluvias son insuficientes y la demanda atmosférica es elevada, los combustibles vegetales pueden secarse y quedar más disponibles para la propagación del fuego.

Este proceso no determina por sí solo que se produzca un incendio. También hay fuentes de ignición, la velocidad del viento, las características de la vegetación y el estado de combustibles. Un período seco puede aumentar la susceptibilidad de un ecosistema, pero el alcance de un incendio dependerá de la combinación de factores presentes cuando se ini.

Metodología: datos satelitales y climáticos de 38 años en nueve regiones

El equipo encabezado por Andrew Hoell, investigador de NOAA, comparó registros de superficie quemada con información sobre las fases de El Niño-Oscilación del Sur, el fenómeno que incluye El Niño, La Niña y las condiciones neutrales del Pacífico tropical.

La investigación utilizó datos de 1984 a 2022 y evaluó nueve centros de coordinación geográfica de incendios. Las imágenes satelitales permitieron estimar las superficies afectadas, mientras que los registros climáticos ayudaron a identificar las condiciones que coincidieron con episodios de actividad extensa del fuego.

Los autores estudiaron las variaciones en la probabilidad de grandes superficies quemadas según la fase climática y la estación del año. También examinaron si los cambios en las precipitaciones y en la demanda evaporativa podían contribuir a explicar los resultados.

El objetivo fue determinar si el fenómeno oceánico y atmosférico ofrece una señal útil para anticipar temporadas con mayor actividad de incendios. De acuerdo con el trabajo, estas relaciones pueden aportar información con varios meses de anticipación y, en determinados casos, hasta un año antes.

La utilidad del método depende de la región y del período analizado. Las asociaciones históricas no garantizan que cada episodio futuro reproduzca el mismo comportamiento, por lo que los resultados deben incorporar a modelos de evaluación junto con otras observaciones climáticas.

El Centro de Predicción Climática calculó más del 83 por ciento de probabilidad de un evento fuerte de El Niño para el invierno de 2026-2027. (REUTERS/Nicolas Economou)

Great Basin, Rocky Mountain y Southern: patrón opuesto

La investigación encontró una menor probabilidad de extensas quemadas durante la primavera y el verano posterior a un otoño de El Niño en las regiones Great Basin, Rocky Mountain y Southern.

Los resultados se relacionaron con condiciones de precipitación y demanda evaporativa distintas de las identificadas en Northern Rockies y Eastern. Esta diferencia muestra que el mismo fenómeno climático puede coincidir con patrones regionales opuestos, según la circulación atmosférica y la estación.

El trabajo también detectó asociaciones entre La Niña y una mayor probabilidad de incendios formatos en Southern, Rocky Mountain y Southwest durante el invierno y la primavera posteriores. Para el verano siguiente, la señal se observó en Great Basin y Northern California.

Estas diferencias son importantes para interpretar el efecto de las fases climáticas. El Niño y La Niña no producen una respuesta uniforme en todo el país, y sus asociaciones con los incendios cambian de acuerdo con el momento del año y la región.

Los resultados tampoco deben interpretar como como garantía de que habrá menos incendios en las áreas donde la probabilidad disminuye. La vegetación que crece durante períodos húmedos se convierte en combustible cuando se seca, de modo que las condiciones de una estación pueden influir en el comportamiento del fuego durante otra.

El Niño fuerte o muy fuerte previsto para invierno de 2026-2027

El Centro de Predicción Climática de NOAA informó en octubre de 2026 que El Niño continuaba fortaleciéndose. En su actualización del 8 de octubre, estimó una probabilidad superior al 83% de que el fenómeno alcanzara una intensidad fuerte o muy fuerte durante el período que se extiende hasta enero-marzo de 2027.

La perspectiva invernal publicada por la agencia el 15 de octubre contempló temperaturas superiores al promedio en sectores del norte de Estados Unidos y mayores probabilidades de precipitaciones por encima de lo habitual en partes del sur y de la costa este. También señaló que la evolución de la sequía podría variar entre regiones, incluidas algunas áreas de las Montañas Rocosas del Norte.

Estas previsiones describen tendencias climáticas estacionales, no la distribución futura de los incendios. Aunque el estudio histórico ayuda a identificar zonas donde El Niño se ha relacionado con cambios en la superficie quemada, no determina si las condiciones de 2027 repetirán esos patrones.

Durante los próximos meses, las autoridades deberán evaluar la evolución de las lluvias, la sequía, la humedad de los combustibles y los vientos para actualizar las perspectis de peligro. El trabajo de NOAA y CIRES aporta una referencia adicional para esa planificación, especialmente en las regiones donde se identificó una señal histórica de mayor actividad del fuego.

Fuente: Infobae

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