La ficción española ha dado un paso audaz con El castillo, una producción que Movistar Plus+ ha lanzado como una de las apuestas más relevantes del año. Se trata de la adaptación del libro El proxeneta, escrito por Mabel Lozano, y ha sido llevada a la pantalla por los guionistas Isabel Peña y Eduardo Villanueva, bajo la dirección conjunta de Elena Martín y Sandra Romero.
La trama se sumerge en el oscuro negocio de la explotación sexual y la trata de personas a través de tres miradas distintas: la de una mujer captada para la prostitución, interpretada por Valentina Vidal; la de un joven policía que se adentra en los recovecos de los puticlubes, papel encarnado por Omar Ayuso; y la de un proxeneta que manipula el sistema mediante el chantaje y la corrupción, personaje a cargo de Raúl Arévalo.
“Nosotros llevábamos un tiempo pensando que el universo de la trata de mujeres no se había contado. Pero era una impresión muy imprecisa, como que sabíamos que ahí había una historia, pero no teníamos muy claro cómo enfocarla”, confesó Eduardo Villanueva durante una entrevista. “Entonces leí El proxeneta, de Mabel Lozano, y me explotó la cabeza, porque estaba contado en primera persona y te desgranaba todo el funcionamiento de ese entramado criminal que es terrorífico y aterrador, pero al mismo tiempo fascinante a la hora de contarlo”.
Un universo inexplorado en la ficción
Según Isabel Peña y Eduardo Villanueva, había razones contundentes para llevar esta historia a la pantalla. “Por un lado estaba la narrativa, adentrarnos en un universo que no se había contado. Pero, por encima de eso, estaba la política, hablar de un tema del que no se había hablado porque correspondía a una realidad muy opaca. La ficción muchas veces es un camino para dar a conocer realidades desconocidas para el espectador”, explicaron.
Peña destacó la falta de pudor del narrador en primera persona en El proxeneta, lo que consideró una revelación durante su proceso de documentación. “Hay muchas ramificaciones que van desde lo criminal hasta lugares que conviven de una manera legal con la sociedad, con tentáculos que se extienden a colaboradores como abogados, médicos, que sacan provecho de toda esa situación”, afirmó.
Inicialmente, el plan era enfocarse únicamente en la perspectiva del proxeneta, pero gracias al consejo del entonces equipo de Movistar Plus+, liderado por Domingo Corral, decidieron diversificar las perspectivas. Así, convirtieron al protagonista en antagonista y ofrecieron otros puntos de entrada para que el espectador pudiera adentrarse en ese mundo asfixiante y turbio.
Un estilo clásico con decisiones arriesgadas
Los creadores de El castillo aseguraron que buscaban una narrativa de estilo clásico, similar a la de The Wire, pero tomaron decisiones que rompen con lo convencional. La serie incluye fueras de campo muy específicos; la violencia no se muestra de forma morbosa y casi nunca aparece en plano. No hay voces en off, flashbacks ni flashforwards. Además, se presenta un cambio de punto de vista inesperado en el último capítulo y las escenas de sexo están rodadas con una intención tan concreta que nunca se había visto antes en la pantalla.
“Creo que en una serie sobre la trata, que solo haya dos escenas de sexo, ya es una declaración de intenciones”, señaló la directora Elena Martín. “Cuando leí el guion, me di cuenta de que se ponía mucho el foco en los hombres, en el sistema, en cómo funciona, en hacerles preguntas a ellas de por qué se dedicaban a eso. Y todo eran pistas que se unieron a mi preocupación por cómo retratar el cuerpo de las mujeres”, agregó la directora de Creatura.
Martín explicó que la ubicación de la cámara fue clave: “Para mí, dónde poner la cámara era muy importante y le di muchas vueltas. Así que decidí que no íbamos a ver el cuerpo de la protagonista, que no íbamos a exponerla y solo lo veríamos a él, al cliente. De esa forma poníamos en relieve la desconexión de su cuerpo, su falta de deseo en ese acto, el sentirse utilizada y la disociación que le provoca”.

Isabel Peña detalló que había una intención deliberada de no castigar al personaje de Claudia, y de dotarlo de dignidad, para que el espectador pudiera empatizar sin necesidad de mostrar golpes o violaciones, como se ha hecho tradicionalmente en este tipo de historias, donde se ha estigmatizado el cuerpo femenino.
“Sentíamos la responsabilidad de querer contar las cosas bien. La serie habla de personas, pero también de un sistema social que sostiene la explotación y la trata, de todo un entramado que alimenta este negocio”, añadió Eduardo Villanueva.
Por ello, el último episodio transcurre en un juzgado, donde se analizan las fallas del sistema judicial, que —evidentemente— eran distintas hace veinte años, cuando se ubica la acción, a las de ahora. “Ahora hay una mayor información para detectar los casos de trata; en ese momento no se sabía nada sobre el asunto y los proxenetas iban zancadas por delante de la policía y la judicatura”, comentó Isabel Peña.
El reparto, una apuesta ganadora
Para el papel de la protagonista, Valentina Vidal fue seleccionada mediante un casting masivo e internacional. A pesar de no tener experiencia actoral, logró cautivar al equipo durante las pruebas: era capaz de transmitir toda la intensidad de su personaje solo con la mirada. “Nos ha tocado la lotería con ella”, aseguró la creadora.
En cuanto a Raúl Arévalo, los creadores afirmaron que entró al proyecto “como un miura”. “Se comprometió con el personaje, con el tono, con todo de una forma bestial”, dijo Peña. El actor tuvo que engordar porque los guionistas querían que su personaje, ‘el Suizo’, fuera una persona normal y mediocre, “que te pudieras encontrar en una gasolinera comiendo un bocata de lomo”, lejos de cualquier rasgo atractivo o sexy.
El castillo consta de seis episodios y es una serie que destila valentía y honestidad. Introduce al espectador en un mundo sórdido sin necesidad de recrearse en los aspectos más desagradables, con una enorme delicadeza y responsabilidad al representar el sufrimiento de las mujeres, y con un fuerte carácter político de denuncia hacia un sistema que encuentra rendijas para seguir traficando y enriqueciéndose a costa del cuerpo femenino.
Fuente: Infobae