La organización Human Rights Watch (HRW) ha puesto en evidencia un nuevo patrón de discriminación en Siria, donde las autoridades están limitando de manera sistemática la presencia femenina en las instituciones del Estado. Según el informe, se trata de un «preocupante patrón de actuaciones para restringir la presencia femenina», que afecta sobre todo a la educación superior y al ámbito militar.
Desde la ONG advierten que el Gobierno de transición, instaurado tras la caída de Bashar Al Assad en diciembre de 2024, está aplicando criterios de admisión que impiden a las mujeres acceder a la mayoría de las carreras en dos nuevas universidades estatales: la Universidad Nacional de Defensa y la Universidad Siria de Ciencias de la Seguridad. Esta medida contraviene las obligaciones internacionales que Siria adquirió tras la formación del nuevo Ejecutivo.
De acuerdo con HRW, en la Universidad Nacional de Defensa las facultades de Derecho, Economía y Gestión, y Ciencias Sociales quedan reservadas exclusivamente para hombres. En la Universidad Siria de Ciencias de la Seguridad, las mujeres solo pueden optar a la titulación de ciberseguridad, mientras que el resto de especialidades les están vedadas.
Paradójicamente, algunas carreras han sido designadas como «femeninas». Magisterio, Educación Infantil y Enfermería son las únicas opciones universitarias reservadas exclusivamente para mujeres. En las instituciones orientadas a la Defensa, donde se exige el servicio militar obligatorio, solo los varones pueden ingresar a las academias de los ejércitos de Tierra, Armada y Aire. La única excepción para las mujeres es el Instituto Superior de Ciencias Aplicadas y Tecnología, que no requiere servicio militar.
«Las autoridades de Siria están reconstruyendo el Ejército y las fuerzas de seguridad sin contar con las mujeres», afirmó Hiba Zayadin, asesora principal de HRW para Siria. «Las mujeres no pueden formarse como oficiales e incluso se les impide estudiar para ser abogadas o administrativas de las Fuerzas Armadas. Se trata de discriminación pura y dura».
Esta exclusión ya se había manifestado en el noreste del país, donde en agosto las autoridades se negaron a permitir que las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) —la rama femenina de las Fuerzas Democráticas Sirias, de liderazgo kurdo— se integraran en el Ejército junto a los combatientes varones.
La presencia femenina en las instituciones públicas sirias ha ido perdiendo terreno desde diciembre de 2024. Según HRW, en las elecciones parlamentarias de octubre de 2025, las mujeres obtuvieron solo 6 de los 119 escaños en disputa en la Asamblea, lo que representa apenas el 5% del total. La enviada especial adjunta de la ONU para Siria señaló que la representación femenina fue «ostensiblemente insuficiente» durante todo el proceso.
Además, altos cargos sirios han cuestionado abiertamente la capacidad de las mujeres para la gestión pública. Hace casi dos años, el portavoz del Gobierno sugirió que las mujeres «podrían no ser aptas biológicamente» para determinados cargos políticos y afirmó que su desempeño como juezas «podría ser objeto de estudio e investigación por parte de especialistas».
«Las mujeres están infrarepresentadas en el Parlamento, en la policía y en la administración pública, y ahora se les veta el acceso al Ejército», concluyó Zayadin. «Las autoridades prometieron respetar los derechos de la mujer, pero sus actos contradicen directamente esas promesas. La plena participación de las mujeres, en todos los ámbitos y sectores, es imprescindible para construir un futuro mejor en Siria».
Fuente: Infobae