30 años del MTV Unplugged de Charly García: banda original en el Coliseo

El espectáculo Hello! el unplugged reúne a los músicos que participaron en la grabación original del MTV Unplugged de Charly García en 1995. Este lunes la agrupación se presenta en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, luego de quince funciones con localidades agotadas en La Fábrica, el espacio que fuera la sala de ensayo del ícono del rock argentino. La velada forma parte de la Semana García, una serie de celebraciones por el aniversario 75 del maestro, que cumple el viernes 23.

La formación incluye a los artistas que integraron la banda del Unplugged original: Zorrito Von Quintiero (teclados, guitarra y voz), Fernando Samalea (batería y bandoneón), Erica Di Salvo (violín) y Ulises Di Salvo (violonchelo). A ellos se suman Emme como voz invitada, Matías Mango (piano, teclado y bajo), Santiago Maurino (guitarra) y Michelle Bliman (saxo y coros).

Un show histórico

El 4 de mayo de 1995, Charly García llegó a los estudios Post Edge de MTV en Miami Beach a bordo de una limusina que transformó en su centro de operaciones durante toda la estancia en Florida. Rechazó la habitación de hotel que la producción le había reservado, pidió tres choferes rotativos e instaló dentro del vehículo un minibar, equipos de audio y un teclado amplificado. Para él, era la única manera de mantener el control de su entorno antes de enfrentar las cámaras de la televisión internacional. La grabación duró diez horas y rompió cada norma del formato, convirtiéndose en uno de los registros sonoros más valiosos del rock en español.

García llegaba a ese estudio en un estado de profunda tensión creativa. Recién había publicado La hija de la lágrima (1994), una ópera rock de ambición enorme que lo dejó al borde del agotamiento, y simultáneamente gestaba los conceptos que un año después aparecerían en el más caótico Say No More, su fase más vanguardista y hermética. El MTV Unplugged representó, en ese contexto, un respiro estratégico: la última vez que el músico ejecutaría su obra bajo parámetros de control estructural y fidelidad melódica tradicional antes de sumergirse en la disonancia deliberada y el arte conceptual.

Charly García registró su presentación de MTV en mayo de 1995 tras instalarse en una limusina adaptada en Florida.

El formato pedía instrumentos “desenchufados”. Charly García puso un teclado Yamaha a pilas sobre su piano de cola Baldwin y, ante las objeciones de la producción, impuso su decisión. Antes de la música, manipuló una muñeca que al tirar de una cuerda emitía frases pregrabadas —entre ellas, la palabra “Hello”, que daría título al álbum— y sonidos como el croar de una rana. Durante el concierto, con 400 personas en el estudio y las cámaras en vivo, pidió una pausa para ir al baño. La productora se opuso. El divo, en un estado de ebullición constante durante su estancia en Miami, abandonó el escenario de todas formas y obligó a todo el equipo del canal a detenerse más de treinta minutos hasta que volvió.

Pero esas interrupciones no opacaron la calidad del material. El repertorio seleccionado funcionó como una retrospectiva cuidadosamente curada de su producción en solitario de los años 80 y 90: desde “Yendo de la cama al living” hasta “Demoliendo hoteles”, pasando por “Los dinosaurios”, “No soy un extraño” y el medley de Serú Girán (“para llorar”, ironizó el artista). La decisión más importante fue incluir a los hermanos Erika y Ulises Di Salvo en violín y violonchelo, que dieron a los arreglos una textura de cámara que redefinió canciones nacidas en la era del sintetizador. Cuando Fernando Samalea sustituyó la caja de ritmos Roland de “No soy un extraño” por un bandoneón, García conectó el rock de los ochenta con sus raíces rioplatenses más hondas. Y cerró un círculo: la canción es un tango y la interpretaron como tal.

El álbum obtuvo Disco de Platino en Argentina y Disco de Oro en Uruguay, pero su importancia va más allá de las ventas. Hello! MTV Unplugged funciona como un umbral: el punto exacto donde la obra de Charly García alcanza su mayor claridad clásica justo antes de volverse voluntariamente ilegible. La sofisticación de los arreglos de cámara, la austeridad instrumental y la desnudez interpretativa que el formato impuso no atenuaron su música sino que revelaron su arquitectura más profunda. Detrás de la furia de Piano Bar y la experimentación sintética de Clics Modernos había una partitura de extrema solidez formal que el ruido eléctrico, paradójicamente, había mantenido parcialmente escondida.

En resumen, Hello! demostró que las canciones de García no dependían de ningún contexto tecnológico para sostenerse. Funcionaban en la era del sintetizador, funcionaban despojadas de electricidad y, como lo confirma este regreso al Teatro Coliseo tres décadas después, siguen funcionando cuando las tocan otros músicos en otro siglo. Esa es la marca de una obra que trasciende al intérprete y se instala en el repertorio común de una cultura.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK