Asako Yuzuki se ha consolidado como una de las voces más potentes de la literatura japonesa contemporánea. Su novela Mantequilla, inspirada en el caso real de la asesina en serie Kanae Kijima, ha logrado vender más de 280.000 copias en todo el mundo y ha sido traducida a más de 35 idiomas. Ahora, la autora regresa a España con Colgada (Duomo Ediciones), una obra que retoma ese tono inquietante para explorar la amistad entre una empleada corporativa y un ama de casa, una relación que deriva en obsesión y que pone en evidencia el peso de las expectativas sociales, el valor del tiempo personal y la necesidad de conexión en la vida moderna.
“En Japón hay ahora mismo una especie de auge de la amistad entre mujeres. Creo que es la primera vez en toda la historia de Japón que la amistad femenina recibe tanta atención”, destacó Yuzuki durante una rueda de prensa virtual. Sin embargo, la escritora muestra su rechazo hacia cierta visión utilitaria de esa solidaridad: “La idea de que la solidaridad entre mujeres tiene que servir a la sociedad japonesa; de que, si las mujeres nos apoyamos entre nosotras, la sociedad va a ir a mejor”. Para ella, esa perspectiva oculta una realidad más cruda: la falta de derechos que garanticen la igualdad en su país. Por eso, describe la amistad femenina como “una manera encubierta de exigirle a las mujeres que hagan más por la sociedad de forma gratuita”.
El feminismo de Yuzuki contrasta con el estigma que este movimiento enfrenta en Japón. Obras como las de Mieko Kawakami (Pechos y huevos) o Sayaka Murata (La dependienta) han sido etiquetadas como “literatura femenina”. “Es feo decirlo, pero como mi obra ha sido legitimada por los blancos, es decir, que se ha vendido bien en Europa, en Japón han aumentado también las ventas y la opinión sobre mi obra ha cambiado completamente”. A pesar de ello, advierte que todavía le siguen cancelando entrevistas y desinvitando a eventos “debido a declaraciones polémicas que he hecho”.
“Todavía me siguen cancelando entrevistas por lo que digo”

La enfermedad de la empatía
Eriko Shimura es una empleada fija en Nakamura Shōji, una de las mayores empresas comerciales de Japón. Gana más de diez millones de yenes al año y es respetada por su eficiencia, pero es incapaz de superar la soledad que siente. En Colgada, su vida cambia cuando conoce a Shōko Maruo, autora de un blog de gran éxito donde narra su relajada vida como ama de casa. Eriko cree haber encontrado una “amiga de verdad”, pero Shōko la percibe como una presencia sofocante y termina alejándose. Así comienza una espiral autodestructiva que lleva a Eriko por los caminos más oscuros de la obsesión.
“Quería escribir sobre cómo internet ha transformado por completo la forma en la que nos comunicamos”, explica Yuzuki. No obstante, asegura que la sociedad hiperconectada no ha logrado cambiar la soledad. “En esencia, sigue siendo la misma, pero su profundidad es mayor que nunca precisamente por el mundo en el que vivimos”. Y añade: “Hoy en día estamos más conectados que nunca y hay muchas maneras diferentes de relacionarse, pero se le da muchísima importancia a la comprensión. Hoy se le concede tanta importancia a la empatía que acabamos excluyendo todo aquello con lo que no nos sentimos identificados”.
Paradójicamente, el deseo de Eriko por conectar la lleva a perder partes de sí misma. La novela utiliza la metáfora de la perca del Nilo, un depredador voraz que debe importar su empresa, como reflejo de las relaciones parasociales y el consumo desmedido de emociones. Yuzuki recuerda que durante años este animal se vendió en Japón simplemente como “pescado blanco”, sin que los consumidores supieran su origen. “Igual que los consumidores no prestan atención a qué pescado están comiendo, tampoco prestan atención a la destrucción que ha producido la sobreexplotación de este pescado ni al daño que ha causado al ecosistema”.

Ofrecer algo más que el trabajo
Otro pilar de la sociedad japonesa que queda señalado en Colgada es su cultura laboral. Desde el clasismo en las empresas hasta las falsas políticas contra las horas extras, pasando por el machismo que obliga a las mujeres a mostrar eficiencia absoluta y, al mismo tiempo, mantenerse jóvenes, atractivas y emocionalmente serviciales. “He leído hace poco El capital de (Karl) Marx y Japón es una sociedad capitalista a más no poder. Como bien señaló Marx, en Japón los trabajadores no pueden limitarse solo a trabajar. No basta con cumplir con las expectativas o hacer horas extras: los trabajadores tienen que ofrecer un valor que vaya más allá del propio trabajo para que su vida pueda tener sentido”.
Antes de ser escritora, Yuzuki vivió esta realidad. “Era habitual que, en los días de descanso, mi jefe me contactara por teléfono. Sin darme cuenta, mis días libres se convirtieron también en días en los que estaba pendiente del trabajo”. Incluso ahora, como freelance, le cuesta “cada vez más saber dónde está la frontera entre el tiempo libre y el trabajo”. En Colgada, mujeres como Shōko asumen tareas de cuidado y responsabilidad familiar bajo presión. “Es una cuestión que no se puede ignorar”, advierte Yuzuki, señalando además el aumento de la edad media en Japón.
“Esto me lleva de nuevo a un tema complejo”, continúa. “En Japón, el movimiento feminista funciona como una especie de voluntariado. Es decir, sin el trabajo voluntario, gratuito, de muchísimas mujeres, no habría nada. Además de mi trabajo, todos los días recibo peticiones de activistas y siempre hay algo que hacer. Claro está que yo quiero hacer todo lo posible, pero últimamente no paro de pensar que, si seguimos así, jamás vamos a conseguir que los derechos de las mujeres de Japón dejen de depender de la buena voluntad y del trabajo no remunerado de cientos de personas”.
Una novela llena de sarcasmo
Colgada es un libro claustrofóbico y angustiante que combina la observación de lo cotidiano con una intensa tensión psicológica, que alcanza su punto culminante en las confrontaciones finales entre Eriko y Shōko. La ironía se convierte en una herramienta para exponer las contradicciones morales y las mezquindades de los personajes. “Hubo una época en la que el sarcasmo era popular en Japón, pero ahora tengo la impresión de que lo que se busca en las historias es una especie de consuelo o catarsis”, opina Yuzuki.
La escritora considera que la ironía está mejor valorada en Europa y Estados Unidos, donde se ve como una forma de crítica social. “Y también algo divertido”, añade. “En Japón, una de las críticas que recibe Mantequilla es que no es un verdadero misterio porque no gira en torno a una gran revelación o la resolución de un enigma. En el extranjero, en cambio, es eso precisamente lo que encuentran interesante”. En Colgada, el desenlace también puede considerarse anticlimático, pero es precisamente ese final el que abre nuevas posibilidades para unas protagonistas que buscan sobrevivir a su propia incertidumbre.
Fuente: Infobae