El misterio detrás del Gran Incendio de Chicago: ¿una vaca o un carretero?

En 1870, Chicago era la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos, con más de 334.000 habitantes. Un total de 60.000 edificios —de los cuales el 90% estaba construido con madera— se hacinaban dentro de sus límites. A esto se sumaban cientos de kilómetros de calles y veredas también de madera. La urbe era, además, el centro de la carpintería del país, con decenas de fábricas de muebles y aserraderos. Había material inflamable por todas partes, lo que la convertía en un polvorín listo para arder. Solo era cuestión de tiempo para que cualquier chispa desencadenara una catástrofe.

Eso ocurrió exactamente la noche del 8 de octubre de 1870, cuando las llamas arrasaron nueve kilómetros cuadrados, mataron a trescientas personas y dejaron a cien mil habitantes sin techo. El fuego se propagó con velocidad implacable y se volvió imposible de controlar para el Departamento de Bomberos, que apenas contaba con 185 hombres y solo 16 autobombas a vapor. El incendio comenzó a las 9 de la noche y la respuesta inicial fue desastrosa: por un error, los bomberos fueron enviados a un lugar equivocado, lo que dio más tiempo a las llamas para expandirse. A esto se sumó el agotamiento de los efectivos, que en las semanas previas, debido a la sequía, habían combatido varios focos de fuego en la región. Todos estos factores convirtieron un pequeño incendio en el granero de la familia O’Leary en una enorme tragedia.

Cuando los bomberos finalmente llegaron a la calle DeKoven, donde estaba el granero de los O’Leary, el fuego ya se había propagado a los edificios vecinos y avanzaba hacia el centro. Los bomberos confiaban en que la rama sur del río Chicago y una zona previamente incendiada actuaran como cortafuegos, pero a lo largo del río había patios de madera, almacenes, depósitos de carbón, barcazas y puentes que alimentaron aún más las llamas. El viento desde el suroeste se intensificó y comenzó a mover grandes masas de aire caliente, provocando que las estructuras se incendiaran por el calor y por el arrastre de escombros.

El incendio de Chicago destruyó nueve kilómetros cuadrados, dejó 300 muertos y 100.000 personas sin hogar (Chicago History Museum)

Ni el río lo detuvo

Cerca de la medianoche, los escombros en llamas cruzaron el río y propagaron el incendio al noreste. Con el fuego al otro lado y avanzando rápidamente hacia el corazón de la urbe, comenzó el pánico. El alcalde Roswell B. Mason envió mensajes a las ciudades cercanas pidiendo ayuda. La situación empeoró cuando el aire sobrecalentado entró en contacto con aire más frío en las alturas y generó remolinos de fuego que actuaron como un tornado, arrastrando escombros encendidos hacia zonas que aún no habían sido afectadas. Otro factor clave fue la acumulación de desechos inflamables en el río, producto de años de métodos inadecuados de eliminación de residuos industriales.

Menos de una hora después de que el fuego saltara al río, el incendio alcanzó el servicio de obras hidráulicas de la ciudad. En cuestión de minutos, el edificio quedó envuelto en llamas y destruido, lo que provocó que las principales tuberías de agua se secaran. La ciudad quedó impotente para combatir el fuego que seguía propagándose.

“Fue un huracán de fuego y cenizas”, declaró después el jefe de bomberos, Robert A. Williams.

El fuego avanzó sin control durante las siguientes treinta horas y solo se detuvo la mañana del 10 de octubre, cuando una fuerte tormenta logró lo que los bomberos no pudieron: apagar las llamas. Aun así, durante las 48 horas siguientes, hubo barrios a los que los equipos de rescate no pudieron ingresar debido a las altas temperaturas.

Durante más de un siglo, la familia O’Leary fue señalada injustamente como responsable del incendio más devastador de Chicago (Chicago History Museum)

Una vaca expiatoria

Apagado el fuego, se encendió la caldera de las acusaciones para encontrar a quién culpar del desastre. Los diarios de la época señalaron de inmediato a la familia O’Leary, y más precisamente a su única vaca. Según la versión más difundida, el incendio comenzó en el granero de madera de la familia luego de que la vaca lechera de Catherine O’Leary pateara un farol de querosene encendido. Las llamas devoraron la construcción y se expandieron hacia las casas vecinas, pero dejaron intacta la vivienda de los O’Leary. Catherine y su esposo Patrick pasaron el resto de sus vidas cargando ese estigma, al punto que debieron mudarse a otro barrio y cambiaron su apellido por el de Walsh.

Quien inició esta versión fue el conductor de un carro de caballos llamado Daniel Sullivan, más conocido como “Pet Leg” Sullivan por su pierna de palo. En su declaración ante el Departamento de Bomberos de Chicago, afirmó que había visto el fuego desde la casa de un vecino. Pasarían muchos años hasta que se comprobara que la verdad no tenía nada que ver con su acusación.

También surgieron otras teorías. Una de ellas sostenía que el fuego se originó cuando el cometa Biela se partió en pedazos durante su paso cerca de la Tierra, haciendo caer fragmentos altamente inflamables que explotaron al impactar contra el suelo. Esto habría provocado no solo el incendio de Chicago, sino otros que ocurrieron esa misma noche en lugares tan lejanos como Wisconsin y Michigan.

Haya sido obra de una vaca torpe, de un borracho resentido o de un fenómeno estelar, lo cierto es que nunca se pudo establecer con certeza el origen del fuego. El Gran Incendio de Chicago marcó un antes y un después en la historia de la ciudad, que al resurgir de sus cenizas cambió radicalmente sus reglamentaciones de construcción.

El incendio de Chicago se propagó rápidamente debido a la sequía, la abundancia de madera de la ciudad y la falta de recursos del cuerpo de bomberos

Una nueva Chicago

Aunque el incendio devastó el centro y la zona norte de Chicago, los corrales y aserraderos de las zonas sur y oeste quedaron intactos. Los daños se calcularon en alrededor de 200 millones de dólares. La reconstrucción comenzó casi de inmediato, con nuevas medidas que excluyeron la madera como material principal de construcción.

Una multitud de arquitectos de primer nivel se encargó del diseño de los nuevos edificios. Entre ellos destacaron Luis Sullivan, Dankmar Adler, William Holabird, Daniel H. Burnham, John Wellborn Root y, sobre todo, William Le Baron Jenney, quien permaneció en la ciudad casi toda la década de 1880 para diseñar una nueva generación de edificios aún más altos en el centro.

En la nueva planificación urbana, los grandes almacenes y oficinas se concentraron en la zona central, mientras que el crecimiento industrial se dio a lo largo de los ramales del río y las líneas ferroviarias. Diez años después del incendio, Chicago era una ciudad prácticamente nueva, con más de medio millón de habitantes.

Hubo diferentes teorías sobre cómo empezó el incendio, aunque nunca se pudo establecer su origen con certeza. Cuando finalmente se extinguió, la reconstrucción de la ciudad comenzó casi de inmediato

La mentira de “Pet Leg”

Pasó más de un siglo antes de que alguien investigara a fondo la versión más difundida sobre el origen del Gran Incendio de Chicago. Quien lo hizo por pura curiosidad, pero con rigor, fue el abogado de una compañía de seguros de la ciudad. En 1997, después de revisar el testimonio del carretero “Pet Leg” Sullivan, llegó a la conclusión de que su declaración ante el Departamento de Bomberos había sido totalmente falsa.

Sullivan dijo que estaba fumando una pipa frente a la casa de un tal William White cuando vio el incendio en el granero de los O’Leary y corrió a pedir ayuda gritando “¡Fuego!”. Al revisar los registros de propiedad de la época, el abogado Bates pudo determinar la distribución de casas, graneros y cercas en 1871. Al mapear la zona, descubrió que “Pet Leg” no pudo haber visto el incendio desde el lugar donde dijo estar porque otra casa le bloqueaba la vista. Además, debido a su pata de palo, Sullivan caminaba con dificultad, lo que hacía increíble su afirmación de haber corrido más de cincuenta metros para intentar apagar el fuego y luego escapar para no quedar atrapado.

Según la investigación de Bates, los hechos habrían ocurrido de otra manera: Sullivan, conocido por su afición a la botella, no estaba frente a la casa de White sino dentro del granero, y él mismo —a propósito o por accidente— provocó el incendio y huyó de inmediato. Cuando vio que gran parte de la ciudad había sido arrasada y que los muertos se contaban por centenares, decidió testificar para que Catherine O’Leary cargara con la culpa.

“Estoy 100% convencido de que Daniel Sullivan inició el incendio”, escribió Bates en el artículo donde describe su investigación.

La falsa versión de Sullivan se propagó al calor de los prejuicios de la época contra los inmigrantes irlandeses y encontró un aliado de peso en Michael Ahern, un periodista que, cuatro décadas después de los hechos, reconoció haber inventado la historia de la vaca que derribó el farol de querosene para hacer su crónica más atractiva para los lectores.

El gran incendio de Chicago marcó un antes y un después en la historia de la ciudad que, al resurgir de sus cenizas, cambió radicalmente sus reglamentaciones para la construcción (Centro Cultural de Chicago)

Una reivindicación tardía

Tras conocerse la investigación de Bates, el Ayuntamiento de Chicago anunció una medida con total seriedad: exonerar a Catherine O’Leary y a su vaca de la acusación sostenida durante más de un siglo que las señalaba como responsables del incendio más devastador de la historia de la ciudad.

“La familia todavía está enojada por cómo la trataron. Ella no se merecía eso. Tenían que culpar a alguien y por los prejuicios de la época eligieron a unos inmigrantes irlandeses. Las caricaturas de los periódicos la hacían parecer una borracha irlandesa”, dijo Peggy Knight, tataranieta de Catherine, al conocer la resolución.

De la misma opinión es John Russick, actual vicepresidente del Museo de Historia de Chicago:

“Los inmigrantes irlandeses a menudo se consideraban la escoria de la sociedad estadounidense en la década de 1870. Eran blanco fácil”, dijo al inaugurar una exposición interactiva donde los visitantes pueden maniobrar alrededor de una simulación del fuego para seguir su trayectoria.

En las disculpas del Ayuntamiento no se mencionó la falsa acusación de “Pet Leg” Sullivan contra los O’Leary. Esta historia tuvo incluso una versión estelar en la película En el viejo Chicago, de 1938, dirigida por Henry King y protagonizada por Tyrone Power, Don Ameche y Alice Brady, donde se narra de forma ficcionada la vida de los O’Leary y culmina con una costosa recreación del incendio provocado por su vaca.

Fuente: Infobae

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