Byung-Chul Han: el ghosting y la crisis del respeto en la era digital

En su obra Sin respeto, el pensador Byung-Chul Han desmenuza cómo el ghosting —esa práctica de ignorar mensajes sin respuesta— se ha convertido en un síntoma de una sociedad que ha perdido el respeto. El autor relaciona este fenómeno con el neoliberalismo, el narcisismo y la comunicación digital, elementos que, según él, debilitan los lazos que sostienen la convivencia humana.

Dejar a alguien en visto o sin respuesta implica tratarlo como algo desechable. Para Han, esta conducta libera a quien la ejerce de cualquier responsabilidad hacia los demás y refleja una relación puramente utilitaria con los vínculos personales. Esa falta de compromiso, advierte, es una señal de alarma.

Una sociedad saludable, explica el filósofo, protege a sus integrantes y ofrece valores que generan seguridad y justicia. Cuando esos referentes desaparecen, las costumbres dejan de ordenar la vida colectiva. La desvergüenza se vuelve entonces causa y consecuencia de la pérdida de valores.

La competencia, la desinhibición digital y la concentración en el propio interés han convertido el respeto en un valor amenazado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La competencia desmedida, la desinhibición en las plataformas digitales y el enfoque en el interés propio han colocado al respeto en una situación vulnerable. La atención ocupa ahora el lugar que antes tenía la consideración hacia los demás: despertar interés puede dar visibilidad, pero no garantiza un reconocimiento genuino.

La cortesía ha sido reemplazada por la humillación pública, una práctica cada vez más común. Han describe este cambio como el paso de una sociedad del respeto a una sociedad del rendimiento, donde cada persona ve a las demás como rivales que deben ser superadas.

Esa competencia generalizada provoca una caída en la autoestima y desgasta los lazos sociales. El ensayo sostiene que el egoísmo reduce la empatía, la comprensión y la consideración hacia otros, pero también puede afectar el respeto que cada individuo conserva por sí mismo.

El filósofo recurre a John Rawls y su obra Una teoría de la justicia (1971) para vincular la autoestima con la forma en que tratamos a los demás. Han afirma:

“Quien no se respeta a sí mismo, no tiene autoestima o incluso llega a odiarse, acabará menospreciando también a los otros. El respeto por uno mismo y el respeto por los demás van de la mano”.

El respeto propio, según esa reflexión, exige dos condiciones: “Un firme convencimiento sobre la concepción del bien que tenemos y que nuestro proyecto de vida merece la pena de realizarse”, junto con “confianza en la propia capacidad, en la medida que sea posible, de llevar a término los propios propósitos”. Esa confianza sostiene la integridad personal y el propósito vital.

Byung-Chul Han

Han critica un sistema neocapitalista que, a su juicio, limita la autonomía individual y transforma a las personas en combatientes aislados. “La sociedad bien ordenada no es una sociedad del rendimiento, sino una sociedad del respeto”, plantea el autor.

La lógica neoliberal, sostiene, desplaza la idea del bien común ante el materialismo de la propiedad. En ese escenario, “todos se enfrentan a todos” y ya no existe solidaridad “ni tan siquiera entre los perdedores”.

Redes sociales, identidad y dominación tecnológica

Las redes sociales intensifican la competencia por reconocimiento y convierten el respeto en una disputa por atención. Han advierte que quien no recibe interacción o respuesta en línea puede interpretar esa ausencia como un insulto, una humillación, un rechazo o una forma de exclusión social.

El resultado es una mayor distancia entre las personas y un incremento de los recelos. La búsqueda de una identidad influenciable y frágil desplaza la atención sobre la alteridad, entendida como la capacidad de reconocer al otro como diferente y establecer con él un intercambio de ideas.

Las redes sociales intensifican la competencia por reconocimiento y convierten el respeto en una disputa por atención (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa pérdida de apertura favorece que los diálogos deriven en confrontaciones entre personas que vinculan sus opiniones con su identidad. Para Han, un debate requiere disposición a revisar las propias posiciones o incluso adoptar las del interlocutor sin sentir que ello amenaza quién se es.

“El debate ideal” distingue con claridad entre opinión e identidad, sostiene el filósofo. Quien convierte los hechos o una forma de pensar en una cuestión identitaria queda incapacitado para debatir, porque cualquier cuestionamiento se vive como una impugnación personal.

La ética de Immanuel Kant ocupa un lugar central en esa defensa del respeto. Han retoma el imperativo categórico para afirmar que el ser humano no puede ser utilizado únicamente como un medio, ni siquiera por sí mismo, sino que debe ser tratado siempre como un fin.

Retrato del filósofo Immanuel Kant, pintado por Johann Gottlieb Becker.

Esa idea funda la dignidad humana y se opone a un imperativo capitalista que atribuye a las personas un valor de mercado. El autor advierte que la autodeterminación puede degradarse en autoexplotación cuando todo adquiere un precio y la identidad queda sometida a vigilancia.

La tecnología participa de ese proceso mediante formas de dominio que no se presentan como represivas, sino como atractivas y adictivas. Han sostiene que el algoritmo estimula “una ilusión de libertad”, aunque mantiene mecanismos de control capaces de orientar el comportamiento.

El arte tampoco queda al margen de la presión por la aprobación inmediata. Han afirma que podría ser un refugio para lo sublime y un antídoto contra la cultura del consumo, pero la exigencia de nivelarlo todo lo mantiene cautivo como un “arte del Me gusta”.

Al final del ensayo, Han extiende su advertencia a la inteligencia artificial: “Como ha pasado a menudo, el ser humano se convierte en esclavo de sus propias creaciones”.

Fuente: Infobae

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