Lucrecia Martel transformó su participación en el FILBA, dentro del Malba, en una firme defensa del cine como medio para incidir en la sociedad. La realizadora expuso las ideas centrales de Nuestra tierra, su primer documental de larga duración, y reveló que desarrolla un proyecto de ciencia ficción con aspiraciones de financiamiento masivo y alcance popular.
Junto a la escritora y poeta Mercedes Halfon, Martel dialogó con el público del festival acerca de la distribución de su más reciente obra, el conflicto territorial de la comunidad indígena de Chuschagasta, la relevancia de los archivos y el papel de la conversación en el arte.
“Yo pensé que el cine era para cambiar el mundo, que pensar es para cambiar el mundo, que estudiar es para cambiar el mundo”, afirmó.
La directora señaló que el estreno y las exhibiciones comunitarias de Nuestra tierra alteraron su vínculo con el trabajo audiovisual. El documental se origina en el asesinato del líder indígena Javier Chocobar, ocurrido en 2009, y el juicio oral que en 2018 condenó al terrateniente Darío Amín y a sus acompañantes.
A partir de ese caso, la película reconstruye las disputas históricas por el territorio de la comunidad Chuschagasta, en Tucumán. Martel explicó que el equipo dedicó años a hallar una manera de narrar un conflicto reconocido en Argentina, pero que con frecuencia se neutraliza por la distancia o la repetición.
“Teníamos anticuerpos perceptivos suficientes para que no nos importe, para que no nos haga mella el padecimiento de esas personas”, dijo sobre la desposesión territorial que sufren las comunidades indígenas.
Martel indicó que la investigación acumuló miles de páginas de expedientes judiciales, cientos de horas de diálogos y aproximadamente 5.000 fotografías. El reto, comentó, fue decidir qué materiales exhibir y cómo estructurarlos para comunicar “la dimensión humana” de vivir bajo la amenaza de un desalojo.
“A mí lo que más me importa, sinceramente, [es] pensar en mis contemporáneos del norte argentino”, sostuvo. Para Martel, el problema tiene una urgencia particular en esa región, donde, según dijo, se han creado explicaciones para evadir la responsabilidad sobre las decisiones de propiedad y reparto de la tierra.
“Un país que tiene una parte importante de su población permanentemente humillada es un país condenado al fracaso”, sostuvo. “Despreciamos y humillamos a una parte importante de nuestros ciudadanos”.

La directora vinculó su interés por el sonido y la oralidad con una visión de la conversación como experiencia.
“Si vos te ponés a charlar bien, con entusiasmo con alguien, enseguida ese alguien te va a transmitir una experiencia de espacio”, explicó.
Al finalizar esa charla, añadió, “tu experiencia de espacio, de alguna manera, se ha extendido”. “A la propia de tu vida le agregaste la que te ha transmitido esa persona”, dijo sobre el intercambio oral. Esa perspectiva también atraviesa Un destino común, el libro de Caja Negra que compila conferencias e intervenciones públicas de Martel y que fue mencionado durante la charla.
Martel contó que comenzó a dar conferencias tras el estreno de La mujer sin cabeza en la Tate Modern. Apreció la institución, pero recordó haber sentido que esa circulación internacional no cumplía con el objetivo que imaginaba para sus películas.
“Yo quería estar con una comunidad”, resumió. “Quería estar donde yo siento que puede incidir la película en transformar el mundo”.
En ese contexto, propuso rescatar la palabra “utilidad” para reflexionar sobre el arte. Para ella, una obra es útil cuando altera la percepción de quien la recibe y abre interrogantes sobre lo arbitrario, lo doloroso o lo posible.
“El cine no es sobre la verdad”, afirmó. “El cine es sobre cómo se construyó la verdad y si sirve para algo, la verdad”.

Al hablar de las reacciones frente a la violencia y la concentración de poder, Martel cuestionó la idea de resistencia como única opción.
“La invención es todo lo contrario a la resistencia”, dijo,
y propuso observar la capacidad de adaptación de ratas y cucarachas para hallar nuevas rutas de supervivencia.
“Frente a la violencia que ejerce el poder sobre la ciudadanía, la respuesta es la invención”, sostuvo.
Para la directora, pensar el futuro implica ante todo imaginar acciones presentes que generen “deseos de seguir en este planeta”.
También sugirió pequeños gestos para escapar de la atención absorbida por las redes sociales: usar la cámara del teléfono para observar el entorno, regresar a los lugares filmados, escribir un cuento o conversar con un vecino.
“Tenemos que conquistar de nuevo” el espacio del planeta, dijo.
Hacia el cierre, Lucrecia Martel anunció que escribe una película de ciencia ficción.
“Voy a tratar de juntar muchísimo dinero, no sé si eso va a ser posible, y voy a intentar que sea un éxito de público”, declaró.
La realizadora pidió a los asistentes que compartieran sus propios proyectos y anhelos con otras personas: “Declaren sus deseos a sus amigos, que yo se los declaro a ustedes, y después veamos si lo logramos”.
Fuente: Infobae