Tom Cruise en ‘Digger’: la sátira torpe y perversa de Iñárritu

En 1964, un director llamado Stanley Kubrick estrenó su primera comedia, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (título original: Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb). La crítica la describió como “una salvaje pesadilla cómica”, “un thriller supersónico que hará que el público se muerda las uñas hasta el hueso del pulgar” y “un elocuente testimonio de las posibilidades que ofrece el comentario inteligente en el cine”. Kubrick ya había dirigido Senderos de gloria y Espartaco.

El filme llegó en un momento histórico muy sensible: apenas meses después del asesinato del presidente John F. Kennedy –lo que obligó a retrasar su estreno– y en plena crisis de los misiles de Cuba, que mantenía a la sociedad estadounidense sumida en la paranoia nuclear. Kubrick justificó la ironía argumentando que el humor era más realista que un drama, pues la situación nuclear era en sí misma absurda: “La comedia era el único camino”. Sin embargo, también hubo críticas duras: “el chiste enfermo más demoledor con el que me he encontrado”, “un poco demasiado despectiva con nuestro sistema de defensa” y, sobre todo, “más maliciosa que divertida, más cargada de veneno que de ingenio”. La pregunta central era si era legítimo reírse de la guerra nuclear.

Digger: un reflejo contemporáneo de la paranoia

Digger, la nueva película del prestigioso director mexicano Alejandro González Iñárritu (21 gramos, El renacido), parece cincelada a imagen y semejanza de la obra de Kubrick desde su secuencia inicial. Si en aquella Peter Sellers interpretaba al presidente de Estados Unidos y a su asesor, aquí es Tom Cruise quien asume un doble papel: el magnate petrolero Digger Rockwell, uno de los hombres más poderosos del mundo, se enfrenta a una crisis global cuando una de sus plantas petrolíferas rompe un iceberg en Groenlandia, poniendo en peligro todo el planeta.

Digger llega en un clima sociopolítico que recuerda al de 1964: la tensión entre Oriente y Occidente sigue vigente, pero se suman el cambio climático, la globalización, la crisis del petróleo y la dependencia tecnológica que ha vuelto a la sociedad incapaz de tomarse las cosas en serio. Iñárritu escribió el guion junto a Alexander Dinelaris (Birdman), Sabina Berman (La tía Alejandra) y el argentino Nicolás Giacobone (autor de Bardo), sin la participación de Guillermo Arriaga (Amores perros, Babel, 21 gramos).

Todo lo que ya se apuntó con Birdman, lo que no se vio en el prodigio técnico de El renacido y lo que ya era evidente en Bardo, en Digger explota por todos lados. La fotografía de Emmanuel Lubezki es deliberadamente fría y aséptica, con una combinación monocromática que roza el blanco y negro, mientras que la puesta en escena busca lo opulento y ostentoso: planos ampulosos, diálogos verborreicos, un esperpento que se jacta de ser plenamente consciente de ello –sobre todo en su segunda mitad–, pero que no justifica su cinismo.

Tom Cruise en 'Digger'

Tom Cruise: de héroe a parodia

Es irónico que Tom Cruise, máximo exponente del cine-espectáculo norteamericano y estrella de la saga Misión Imposible –donde sacrifica su integridad física para salvar el mundo–, sea quien dé vida a este Digger que se parece más a la parodia que hace Alec Baldwin de Donald Trump –gato enfermo incluido– que al propio Trump o cualquier político real. Cruise interpreta a un hombre de gestualidad y moral opuestas a las de Ethan Hunt, un desafío interpretativo que quizá busca el ansiado Oscar, pero cuyo pretendido carisma se desvanece al tercer grito y carraspeo.

El estreno de Digger coincide con el éxito de La bola negra, otra película ambiciosa sobre la condición humana y la herencia de los pecados. Esto podría ser el mejor alivio para no atragantarse con el cinismo de esta sátira, que comete el error que Kubrick evitó: pretende aleccionar sobre el fin del planeta de la forma más soez, torpe y perversa. Como decía Kubrick:

“te ríes, en algunos momentos a carcajadas, pero todo el tiempo la película no te deja dejar de pensar: ‘Sí, esto podría ocurrir’”

. Uno sale de Digger pensando que podría ocurrir, que probablemente ya está ocurriendo, pero sin reírse por el camino.

Fuente: Infobae

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