Paula: 10 cirugías, cáncer y vientre subrogado a 14.000 km

Paula Moguilevsky tacha cada día en el calendario mientras se consuela viendo el video de su hija moviéndose. Pero no en su vientre, sino en el de una mujer georgiana de 37 años, madre de hijos mayores, que desde hace cinco meses es la gestante de su deseo. En enero viajará 14.000 kilómetros desde Argentina para conocerla. Viajará con Sean, su pareja. Regresarán con Olivia, su primera hija: la culminación de un anhelo que nació en su infancia, cuando cuidaba a su hermana tres años menor.

Antes de llegar a la gestación subrogada, Paula atravesó un largo duelo. Pronto se someterá a su undécima cirugía en dos años y medio: le extirparán el útero. Pudo haberlo hecho antes y evitar las diez cirugías previas, pero eso habría traicionado su impulso de ser madre.

“A mí que me pase una aplanadora por encima, pero yo voy a ser mamá. No me importaba nada más”,

afirmó. Detrás de esa metáfora hay un diagnóstico de cáncer, internaciones, tratamientos, la vitrificación de óvulos, un despido laboral y una comunidad de más de un millón de seguidores en redes.

El sueño de ser madre desde la infancia

Paula recuerda que su deseo de maternidad surgió a los 3 años, cuando jugaba a cuidar a su hermana menor. Siempre imaginó una familia con pareja, reflejando el quiebre que vivió con la separación de sus padres.

“Para mí lo peor que me podía llegar a pasar era separarme con hijos. Siempre quise tener hijos, pero dije ‘voy a tener hijos cuando esté con una pareja que yo sienta que no me voy a separar, que va a ser la familia que siempre quise’”,

relata. Paralelamente, desarrolló una exitosa carrera en marketing durante 20 años y creó una cuenta de recetas de cocina que hoy suma más de un millón de seguidores.

Cuando cumplió 35 años, decidió congelar óvulos.

“Cuando una pasa los 35 se vuelve más complicado, entonces aunque estés en pareja muchas veces necesitás recurrir a un tratamiento y es mejor congelar antes”,

explica. Lo hizo sola, mientras su pareja estaba de viaje, pero una complicación la llevó al quirófano: sufrió una hemorragia interna, algo que ocurre en el 0,0001% de los casos.

“Me arrastré por el piso, dejé la puerta abierta. Yo me estaba muriendo Tati”,

recuerda. Le extrajeron dos litros de sangre y necesitó una transfusión. Puli en su casamiento con Sean Quinn

Esa experiencia fue el inicio de una cadena de eventos. En controles posteriores, un Papanicolaou reveló células anormales.

“Yo no sabía ni qué medía el Papanicolaou. A ese nivel. No sabía que era para el cáncer”,

confiesa. Tras una biopsia, el diagnóstico fue cáncer de cuello uterino. Cuando decidieron empezar un tratamiento de fertilidad, Puli se enteró por un Papanicolau que tenía cáncer.

Cáncer, cirugías y la lucha por conservar el útero

Paula se sometió a una primera cirugía (cono LEEP) y luego a una traquelectomía.

“Voy ese día a la cirugía, me abrazo el útero y digo ‘por favor, cuando me despierte que estés ahí’”,

relata. Despertó con el útero intacto, pero el cáncer seguía apareciendo en los controles. En total, ha tenido 10 cirugías en dos años y medio, y ahora se prepara para la número 11.

“Ya conozco a los camilleros. ‘Hola, qué tal. ¿Otra vez vos?’”,

bromea. Su familia vivió con miedo constante:

“Mis papás sí pensaban que me iba a morir. Tenían miedo de que me muriera”.

Nunca acepto que le extirparan el útero por el deseo de ser mamá.

En medio del tratamiento oncológico, intentó una transferencia de embriones con sus óvulos congelados. Logró un embarazo, pero las betas fueron bajas y terminó en pérdida.

“¿Para qué luché tanto para conservar mi útero? Di todo, tantas cirugías, tanto sufrimiento para conservarlo y no lo voy a usar”,

lamentó. Fue entonces cuando comenzó a considerar la gestación subrogada.

El giro hacia Georgia

Paula y Sean investigaron países donde la subrogación es legal. Eligieron Georgia, un país pequeño con una estructura consolidada.

“Es un país aparte hermoso, con mucha historia. Donde está toda esta estructura ya armada para cuidar a la subrogante, para cuidar a los padres también”,

explica. El proceso costó 45.000 dólares, de los cuales 30.000 van para la gestante y 15.000 para la agencia. La gestante, Alexandra, de 37 años, tenía hijos previos y pasó todos los controles. “Es la persona que me cambió la vida. Nunca me voy a olvidar de ella”, dice Paula.

Los embriones viajaron en un tanque de nitrógeno.

“Lloré cuando vi esa foto. Mandás en un tanque de nitrógeno, viene una persona de una agencia que se encarga de eso y viajan con un tanque de nitrógeno en el avión”,

recuerda. Tras una videollamada con Alexandra, dieron el visto bueno. La transferencia funcionó y hoy están de cinco meses de embarazo. En menos de tres años pasó por diez operaciones.

El vínculo con la gestante y la cuenta regresiva

Paula mantiene contacto por WhatsApp con Alexandra, con la ayuda de traductores.

“Ella es un amor. Me cuenta de sus hijos, que tiene un lorito. Y ella sola me mandó el otro día este video del útero… Era como una locura todo pero una felicidad”,

relata. Alexandra le envía videos de la panza moviéndose, justo cuando Paula se entera de que debe extirparse el útero nuevamente.

“El mismo día que me enteré que tengo que dejarlo ir me llega un video de la subrogante… de la panza moviéndose”,

dice con emoción.

El viaje está previsto para enero. Paula y Sean volarán 14.000 kilómetros para recibir a Olivia.

“Nunca me voy a olvidar de ese abrazo que nos dimos, yo no podía creerlo. Acto seguido entré a ver el mail y lloré, fue hermoso”,

cuenta sobre el momento en que se enteraron del embarazo. Cuando se dio cuenta que su útero no era seguro para un futuro bebe, decidió encarar la subrogación de vientre y envío los embriones a Giorgia.

Paula reconoce el duelo que implicó renunciar a su útero.

“Son como escalones. Primero vas como ‘ok, no puedo tener un hijo naturalmente, voy a hacer un tratamiento’. Después el tratamiento no funciona. Tengo que probar otro y otro”,

reflexiona. Su médico finalmente la sentó y le dijo:

“Mirá, ya estás subrogando, saquemos el útero”.

Aceptó, aunque sabe que deberá seguir controles de por vida. La confirmación del embarazó de Olivia llegó por WA y Paula hizo un Evatest de cartón para contarle a sus padres.

Legalidad y aspectos prácticos

En Georgia, la gestación subrogada está regulada. La gestante recibe un pago mensual de 500 dólares y un pago final.

“A nosotros nos salió 45 mil dólares, con los dos intentos. 60 sale el que es garantizado”,

detalla Paula. La ley establece que el bebé es hijo de los padres biológicos.

“Acá no hay un marco legal… lo mejor para mí fue hacerlo afuera donde sabemos que está ya todo estipulado y todo regularizado”,

explica.

Respecto a la gestante, deben tener hijos previos y gozar de buena salud. Paula destaca que 45.000 dólares se distribuyen: 15.000 para la agencia y 30.000 para la gestante. “Me parece súper bien porque acá no es así”, opina. Paula Moguilevsky con Tati Schapiro en Infobae.

Ahora, mientras se prepara para la undécima cirugía, Paula solo piensa en Olivia.

“Se viene Oli”,

dice. Su prioridad es que la bebé esté bien.

“Si es mejor para la bebé que la pongan en el pecho de la gestante, que así sea. Yo paso totalmente a segundo plano”,

asegura. Viajarán en enero y volverán con la pasajera más joven de la historia, como ella misma describe. Paula deja claro que mantendrá el contacto con Alexandra:

“Es un ángel para mí. Mi hija va a saber cómo vino al mundo”.

La historia de Paula es un testimonio de perseverancia: diez cirugías, un cáncer y un sueño que hoy crece a 14.000 kilómetros de distancia, en el vientre de una mujer que le devolvió la esperanza.

Fuente: Infobae

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