Si en los últimos tiempos ha sentido que las cintas de Hollywood, sobre todo las de acción, ya no concluyen con la misma dosis de felicidad, no está solo. Las estadísticas así lo demuestran.
Un meticuloso estudio dado a conocer a principios de este mes por el analista cinematográfico Stephen Follows, quien ha examinado décadas de producción fílmica, revela que las películas cargadas de explosiones tienen cada vez más probabilidades de cerrar con un tono agridulce, en lugar del clásico triunfo del bien sobre el mal. Este dato formó parte de una investigación más amplia publicada en Substack por Follows, donde se evidencia un incremento progresivo de desenlaces menos felices en todos los géneros.
“Las películas de acción solían tener los finales felices más fiables del cine comercial. En los años 80 y 90, tres cuartas partes de ellas terminaban felizmente. Desde 2010, el porcentaje es del 56%, y la proporción de finales agridulces ha pasado de una quinta parte a más de un tercio”, escribe Follows. “Ese único cambio explica aproximadamente la mitad del descenso total de los finales felices. Así que los héroes siguen ganando, pero les está costando mucho más”.
Décadas atrás, cintas clásicas como Contacto sangriento y En busca del arca perdida marcaban la pauta: un bueno, un malo, golpes o rostros derretidos y, spoiler, el héroe triunfa. Todos se iban a casa satisfechos. Hoy la historia es distinta, según Robert Mark Kamen, guionista de Karate Kid, El quinto elemento y Búsqueda implacable. Él asegura que el cambio en los finales refleja el creciente cinismo social. “El cinismo se ha convertido en una parte importante del espíritu de la época, en contraposición a los finales felices, porque lo que vemos una y otra vez en la historia reciente es que no hay finales felices”, afirmó Kamen.
Para su análisis, Follows empleó cuatro técnicas distintas. Una consistió en un software que estudia expresiones faciales, escaneando los rostros de 10.421 actores protagonistas y comparándolos con los momentos más turbulentos del filme para determinar si el personaje lucía más feliz o más triste al cierre. Otra fue examinar bases de datos públicas como IMDb para medir la percepción del público al final de las películas. La tercera evaluó la resonancia emocional de la banda sonora final. Y la cuarta analizó sinopsis de películas disponibles públicamente.

La conclusión de Follows es que, en términos generales, las películas aún terminan bien. “A pesar de todo lo que se habla sobre el pesimismo en el cine de prestigio, los finales claramente tristes no son más habituales ahora de lo que lo eran en la década de los ochenta, y son menos frecuentes que en la década de 2000”, escribe.
En su estudio amplio, Follows descubrió que no ha habido un incremento de desenlaces trágicos, ni de villanos triunfantes ni de protagonistas muertos. El cambio no se debe a la disminución de películas románticas. Simplemente, los finales se han vuelto más matizados, un poco más tristes, y eso se debe casi exclusivamente a las películas de acción de las últimas décadas.
Un ejemplo claro es la cinta de 2017 Logan, la cruda secuela de X-Men con Patrick Stewart como el Profesor X y Hugh Jackman como Lobezno. Aunque se salva el día, el desenlace no es favorable para los dos protagonistas.
Para Kamen, El quinto elemento y la primera Karate Kid se escribieron con finales felices inequívocos. Ahora dice que sigue escribiendo con finales felices, pero con una salvedad: “¿A qué precio?”. La película que está escribiendo actualmente trata sobre la caza del oficial nazi Klaus Barbie desde la perspectiva del hijo de un hombre al que torturó. Por ahora, hay un final feliz —o tan feliz como puede ser—. “Escribo ese tipo de cosas y quizá esté desfasado con respecto al resto”, dijo Kamen, aunque agregó, usando una palabrota, que no le importa.
Follows atribuye el cambio en el cine de acción a la década de los noventa, cuando los villanos comenzaron a tener antecedentes más complejos. Villanos mejor desarrollados llevaron a finales más matizados.

Puso como ejemplo El mago de Oz y su versión desde la perspectiva de la Bruja Malvada del Oeste en Wicked, que pasó de Broadway al cine. “El mago de Oz es muy sencilla. Ella es malvada. Lo dice su nombre. Nadie lo cuestionaba”, afirmó Follows. “En cambio, ahora uno se pregunta: ‘¿Bueno, qué la llevó a ser malvada?’”.
Muchas películas nominadas al Oscar en la década de 2000 se caracterizaron por sus finales implacables. La era de las series de televisión de prestigio, que floreció en esa década, también contribuyó. Roshan Sethi, cineasta especializado en comedias románticas, debutó en el género de acción en el Festival Internacional de Cine de Toronto con The Surgeon, protagonizada por Michelle Yeoh y Martin Freeman.
“Lo que ocurrió en parte fue que, con Breaking Bad y, antes de eso, con Los Soprano, hubo un auténtico auge y un gran interés por el antihéroe y por personajes moralmente complejos y con defectos”, explicó Sethi.
Otra razón es la aparición de universos cinematográficos como el de Marvel. Es más fácil escribir secuelas que batan récords de taquilla si los finales son ambiguos. “Un final feliz pone punto y final a todo”, afirmó Follows. “Parte del problema a la hora de escribir una secuela es que has creado un problema y lo has resuelto por completo”.
Sin revelar detalles, la nueva película de Sethi se ajusta a una narrativa tradicional del bien contra el mal. Al principio no era así; el final original era más ambivalente y agridulce, pero los productores y el público de las proyecciones de prueba lo presionaron para cambiarlo. “Me interesaba algo que fuera realmente entretenido para un público amplio”, afirmó Sethi.
Fuente: Infobae