Científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han desarrollado un estudio que pronostica cómo la disponibilidad de alimentos, agua y energía podría ensanchar las diferencias económicas para el año 2050. Según las proyecciones, en ciertas zonas del planeta los hogares de menores recursos destinarían casi la mitad de su presupuesto a la compra de comida, mientras que las familias más acomodadas apenas gastarían un 5% en ese rubro.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Earth’s Future y tienen como objetivo detectar los peligros que enfrentarán diferentes comunidades en materia de seguridad de recursos, dependiendo de su ubicación geográfica y su capacidad económica. La investigación fue reportada por el portal oficial del MIT.
La situación más crítica se prevé en el sur de África. Allí, el 10% de la población con menores ingresos podría utilizar hasta un 49,6% de sus recursos para alimentarse, en contraste con el 5,5% que destinaría el 10% más rico. En África occidental, la proporción para los más pobres sería del 48,4%, mientras que en África oriental alcanzaría el 42,5%.
Jennifer Morris, científica principal del Centro de Ciencia y Estrategia para la Sostenibilidad del MIT y de la Iniciativa de Energía del MIT, señaló que las familias de bajos ingresos son las más vulnerables.
“Cualquier cosa que ocupe la mitad de sus ingresos puede desestabilizar toda su vida porque deja muy pocos recursos para las demás necesidades críticas y básicas”
, afirmó.

Peso de alimentos y energía según ingresos
Las disparidades no solo afectan a la comida. En ciertas regiones de Medio Oriente, el gasto en energía residencial para el año 2050 representaría apenas un 1,7% para los más acaudalados, pero un 18,9% para los hogares de menores recursos.
En Europa oriental, los hogares más pobres destinarían un 11,3% de sus ingresos a energía, mientras que los más ricos no superarían el 5%. El estudio identifica los mayores riesgos de inseguridad alimentaria en el África subsahariana, mientras que los problemas de acceso a la energía se concentrarían entre los habitantes de bajos ingresos de Asia, Europa oriental y Medio Oriente.
La comparación con el año 2015 revela la magnitud de los cambios esperados. En África occidental, el grupo más pobre gastaba entonces cerca del 25% de sus recursos en alimentos; para 2050, las estimaciones varían entre un 20% y un 75%. En África meridional, ese mismo sector destinaba alrededor del 20% de sus ingresos a comida en 2015, y las simulaciones indican que esa cifra podría oscilar entre el 25% y el 65%, dependiendo de factores económicos, climáticos, agrícolas y comerciales de las próximas décadas.
Gi Joo Kim, investigador de la Universidad de Tulane y coautor del trabajo, advirtió sobre los riesgos de usar promedios.
“Los promedios regionales pueden hacer que los riesgos futuros para la seguridad de los recursos parezcan más manejables de lo que realmente son”, señaló. “Esto significa que los análisis que se detienen en el promedio pueden pasar por alto precisamente a las poblaciones más vulnerables al cambio futuro”.

Un modelo con 3.735 futuros posibles
Para obtener estas proyecciones, los científicos utilizaron la versión 7.1 del Modelo de Análisis del Cambio Global (GCAM), una herramienta que simula las interacciones entre energía, economía, agua, suelo y clima. El sistema divide el mundo en 32 regiones, 235 cuencas hidrográficas y 384 zonas de uso del suelo, e incluye ajustes como la evolución proyectada de los precios de las materias primas.
El equipo consideró 12 variables relacionadas con la disponibilidad de recursos, como población, producto interno bruto, distribución de ingresos, uso del suelo y comercio agrícola. A partir de allí, ejecutaron 3.735 escenarios diferentes para calcular el abanico de posibles resultados hacia 2050.
Hasta el momento, la mayoría de los análisis de largo plazo sobre seguridad de recursos se apoyaba en un número limitado de trayectorias socioeconómicas compartidas, que describen grandes narrativas globales. Dos años antes, el mismo grupo de investigadores había solicitado desarrollar escenarios más detallados desde el punto de vista socioeconómico y enfocados en el bienestar humano.
Morris explicó:
“Para este tipo de estudio, en el que nos concentramos en resultados de bienestar humano, el componente de los ingresos es realmente importante”
. No obstante, Kim agregó que el ingreso no es el único factor determinante:
“Las condiciones regionales, el uso del suelo, los sistemas energéticos, la disponibilidad de agua y el comportamiento de los consumidores moldean los riesgos que enfrentan las personas”.

Riesgos locales tras las proyecciones globales
La metodología empleada no buscaba predecir un único futuro más probable, sino identificar las combinaciones de condiciones que generan diferentes grados de seguridad alimentaria, hídrica y energética. Kim afirmó:
“Nuestro método fue diseñado para identificar las condiciones que producen resultados diferentes en la seguridad de los recursos, en lugar de predecir un futuro más probable”.
Las proyecciones contienen las incertidumbres típicas de cualquier modelo sobre economía global y disponibilidad de recursos. Sin embargo, Morris consideró que ayudan a delimitar zonas de preocupación y a guiar investigaciones más detalladas sobre regiones y problemas específicos.
“Es un enfoque diferente de los escenarios que vemos habitualmente”, dijo. “El enfoque y el método han resultado atractivos para muchas personas porque tienen una amplia gama de usos y aplicaciones”.
Fuente: Infobae