El 2 de octubre de 1932, más de 50.000 trabajadores se congregaron en el cementerio de Saint-Denis para rendir homenaje al creador de una de las melodías más universales: La Internacional. Pero pocos conocían la verdadera historia de su autor y las disputas que rodearon su creación.
El compositor se llamaba De Geyter, pero durante un tiempo la autoría se atribuyó primero a Adolphe y luego a Pierre. ¿Cuál de los dos hermanos musicalizó los versos del poeta Eugène Pottier?
Todo comenzó con el primer gobierno del proletariado, en los agitados días de la Comuna de París de 1871. El Imperio de Napoleón III colapsó tras la derrota de Sedán. Las tropas prusianas mantuvieron sitiada París durante cuatro meses en el invierno de 1870-1871.

Sin embargo, los parisinos se negaron a ser gobernados por invasores y rechazaban volver a una monarquía borbónica. Los comuneros de París, dominados por socialistas y anarquistas, se organizaron y convencieron a los soldados de la Guardia Nacional de unirse al nuevo Consejo Comunal, presidido por el socialista Auguste Blanqui, un revolucionario que años antes había sido condenado a muerte pero se salvó por la presión popular.
Los comuneros izaron la bandera roja sobre la Ciudad Luz.
Tanta efervescencia popular requería una expresión artística. Aunque La Marsellesa tenía una letra que llamaba a tomar las armas contra la tiranía, con frases como “el estandarte sangrante” y “la sangre impura riegue nuestros surcos”, el gobierno del proletariado necesitaba una nueva estética, especialmente tras la represión que dejó miles de muertos y exiliados.
Eugène Pottier, poeta afiliado a la Primera Internacional (que aún no era marxista, sino una frágil unión de partidos de izquierda), escribió “cantos revolucionarios” que incluían un poema dedicado a esa organización política.
La letra original en francés clamaba: “En pie, condenados de la tierra, en pie, famélica legión”. La traducción a otros idiomas generó variantes: los españoles decían “parias de la tierra”; los cubanos, “pobres del mundo, esclavos sin pan”.

Tras la Comuna, Pottier se exilió y al regresar a Francia se dedicó al periodismo. Falleció en 1887.
Fue entonces cuando Pierre De Geyter conoció sus poemas y decidió musicalizarlos. Este belga, que durante la guerra franco-prusiana fue músico en una banda militar francesa, se afilió en 1888 al Partido Obrero. Un dirigente le pidió componer una marcha para el partido y en apenas tres días creó este himno revolucionario.
Como los miembros del partido estaban vigilados por las autoridades, solo firmó la obra con su apellido, y ahí comenzaron los problemas.
La obra tuvo inmensa popularidad. A principios del siglo XX, La Internacional se escuchaba más que La Marsellesa.

Por entonces, la izquierda se fragmentó por diferencias ideológicas: Marx se enfrentó a Bakunin, Proudhon a Blanqui, y este a Lafargue (yerno de Marx, pero distanciado de su suegro).
Pierre De Geyter discutió con la dirigencia del Partido Obrero y renunció. La conducción del partido no aceptó que el autor de la marcha más famosa de Francia los abandonara de improviso.
En venganza, aprovecharon la imprecisión de solo registrar su apellido como autor y difundieron el rumor de que el verdadero compositor era Adolphe, el hermano de Pierre, un leal miembro del Partido Obrero.
Adolphe comenzó a cobrar las regalías y cedió los derechos al Partido Obrero Francés. Pierre reclamó ante la justicia, pero los jueces fallaron a favor del Partido.

Pierre se resignó, pero la vida dio un giro. Adolphe fue movilizado en la Primera Guerra Mundial y resultó herido. Durante su larga convalecencia, reconsideró lo hecho a su hermano y confesó su culpa en una carta.
Pierre acudió nuevamente a los tribunales para que se reconociera la injusticia. Tras la guerra, Francia estaba en ruinas y recién en 1922, es decir, treinta y cuatro años después, se le reconoció su autoría.
Josef Stalin decidió que esta marcha sería el himno de la Unión Soviética e invitó a Pierre a visitar Rusia. Allí, el compositor asistió a un desfile militar en Moscú con miles de soldados entonando La Internacional.
Fue un momento muy emotivo para Pierre, quien además recibió del gobierno soviético una pensión, ya que los derechos de autor no encajaban con la ideología marxista.
Como se mencionó al inicio, el 2 de octubre de 1932, miles de obreros despidieron a Pierre entonando su obra.
Muchos creen que La Internacional, por ser un himno obrero, no paga derechos de autor. Pero sí: los cobraban los descendientes de Pierre De Geyter. Sin embargo, desde 2014, La Internacional pasó a ser de dominio público, y ahora cualquiera puede cantarla sin pagar.
Fuente: Infobae