Gabriela Golder transforma la protesta en arte con ‘Estado de Asamblea’ en ArtHaus

En la pantalla del móvil se despliega una imagen televisiva partida en dos mitades: de un lado, un periodista alza la voz, hace gestos exagerados y critica con dureza la labor de una jueza; del otro lado, ella aparece en un registro de archivo, sin posibilidad de defenderse. Esta escena revela una clara desigualdad de poder, donde un hombre señala desde una posición de supuesta verdad absoluta, casi como en los evangelios. No es un caso aislado: cientos de situaciones similares se repiten con distintos rostros.

La violencia, al igual que el personaje del herrero Miseria en Don Segunda Sombra, recorre el mundo de manera permanente, pero no afecta a todos por igual. De estas violencias, asimetrías, machismo y medios de comunicación trata Estado de Asamblea, la muestra que Gabriela Golder presenta en ArtHaus Central. La exposición gira en torno a una pregunta central: “¿Qué hacer?”.

En el espacio ubicado cerca de Plaza de Mayo, en esa zona laberíntica de la City Porteña, la artista, investigadora, profesora y curadora exhibe cinco obras que no solo analizan la asamblea como forma de acción colectiva, sino que colocan la palabra —y también la falta de escucha— bajo la lupa, en un despliegue audiovisual que alterna entre lo estético y lo incisivo, creando una sinfonía que recorre la historia de adversidades e injusticias que enfrentan a diario las mujeres y las minorías.

La entrada de la muestra está marcada por

Al ingresar, el visitante se encuentra con No hay espectadores, una pantalla que evoca las antiguas carteleras de focos, como las que aún se ven en la calle Libertad anunciando compra y venta de oro, o en algunos kioscos. Pero aquí no hay color ni luz vibrante, sino monocromía: blanco sobre negro, palabras veloces, a veces difusas, frases que chocan entre sí. La idea es repetir aquello que Golder escucha en la calle: consignas que los periodistas repiten en distintos medios, órdenes, frases hechas, toda una estructura lingüística que se repite hasta volverse carne.

“Muchas veces en mis obras lo que yo hago es narrar una situación, una descripción o algo que está pasando. Pero esta obra lo que me permite es decir: estamos en esta situación, ahora vamos a entrar a otra situación”, comentó durante un recorrido con Infobae Cultura.

Y agregó: “Por primera vez trabajé con pantallas LED, pero decidí apartarme de su uso habitual, asociado a la nitidez y la espectacularidad visual y presentar algo más low tech, bajando la definición y trabajando con una imagen violenta, en cierto sentido. Hay unas letras, unas palabras que leés y que no leés, pero son palabras que te recorren, que escuchaste, que sabés de qué se tratan”.

Luego, en el espacio expositivo diseñado por Leo San Juan, se accede a una sala oscura donde doce pantallas sincronizadas forman una “especie de bosque, de espacio flotante” para dar vida a Las presentes. Allí, mujeres de diversas edades permanecen atentas en un ambiente de luz fría, mientras la cámara realiza un travelling que altera la percepción de profundidad y desplaza la mirada por la sala. El gesto cinematográfico, entre la iluminación y el movimiento de cámara, junto con las expresiones, otorgan a ese continuum una belleza pictórica cercana al romanticismo, un recurso estético al que Golder nos tiene acostumbrados. Es como si la Manifestación de Berni cobrara vida en cuerpos femeninos.

En

En silencio, las mujeres esperan. No sabemos aún qué, pero sus gestos, ese juego de luz y fondo, indican que es la calma que precede a la tormenta. La expectación, en ese silencio, resulta tensa, y la lluvia se anticipa cuando la imagen corta a un primerísimo primer plano de manos, una por pantalla, donde los dedos golpean la mesa al unísono, un galope in crescendo. El tiempo de calma terminó. Es el momento de la acción.

Hay que subir al primer piso, donde se encuentra la videoinstalación que da nombre a la muestra, de tres canales sincronizados y 48 minutos de duración. Aquí, las dos piezas vistas antes se integran en una obra operística y de gran edición, que mezcla registros de asambleas, intervenciones performáticas, fragmentos de discursos, canciones y textos que se cruzan en las pantallas.

En su capa documental, Golder filmó asambleas de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y encuentros realizados en Parque Lezama en 2025.

También hay imágenes y audios de una asamblea espontánea que surgió durante una grabación con fines performáticos. Las mujeres estaban allí, sentadas en gradas, y tenían cosas para decir. Ese registro inesperado, ese intercambio colectivo, pasó a formar parte del proyecto.

En la operística

“Yo quería hacer una asamblea cerrada para captar los gestos, nada más. Convoqué a un grupo de mujeres y les dije que iba a capturar solo los movimientos, no lo que decían. Y empezaron a discutir entre sí y se armó una asamblea espontánea. Yo no había llevado micrófono ni nada, y pasó toda la discusión”, recordó sobre esas voces que discuten, escuchan, cantan y ensayan modos de organización, resistencia e imaginación colectiva.

Para esta pieza, Golder realizó también una investigación documental histórica. Si al inicio de la muestra las palabras estaban ancladas en el presente, aquí el planteamiento se extiende: no solo se trata de la crisis actual, sino de un comportamiento sostenido. La repetición es uno de los procedimientos centrales de la obra: una palabra aparece, se altera, se canta y vuelve a presentarse en otro contexto. La repetición como método, pero también como declaración política y social, para desnudar que si todavía se mantienen las proclamas, si aún se denuncia lo mismo que hace un siglo, es porque, más allá de algunos avances, la violencia física, verbal, el machismo, el capitalismo extractivista, la vulneración de los derechos, y un largo etcétera sigue sucediendo.

En ese sentido, Golder cuestionó las lecturas que presentan las desigualdades y agresiones como una etapa superada: “Voy para atrás para venir para adelante. El uso de textos y referencias de distintos momentos son una decisión que permite mostrar una continuidad entre experiencias pasadas y presentes”.

“Las preguntas que atraviesan todo este trabajo y la muestra son qué hacer y qué proponemos. Todas las partes se van respondiendo. ¿Qué hacemos? ¿Qué queremos? ¿Qué necesitamos? ¿Qué proponemos?”, planteó la artista.

“Las preguntas que atraviesan todo este trabajo y la muestra son qué hacer y qué proponemos

La exposición fue concebida con mujeres y diversidades como protagonistas. En las obras aparecen participantes de distintas generaciones, artistas, integrantes de organizaciones, actrices de teatro comunitario y personas convocadas de manera abierta. Golder trabaja, en general, con intérpretes no profesionales y con materiales que provienen de experiencias concretas. Personas reales, en otras palabras, en las que los surcos del rostro, las manos ajadas, nos hablen tanto como las palabras, en una poética del cuerpo como memoria.

El montaje, además, incorpora consignas que discuten ciertas representaciones del feminismo académico y privilegian la voz de mujeres atravesadas por desigualdades de clase, raza y territorio. “No somos Angela Davis, somos putas marrones de Constitución”, dice una mujer en una de las asambleas de Lezama, o en otro momento, una afrodescendiente exclama, “Hagan silencio, no aplaudan”, buscando desplazar la idea de celebración y exige atender a quiénes hablan, a quiénes estuvieron antes y a quiénes recibirán esas palabras en el futuro.

En la sala, sobre uno de los laterales, aparecen a ras del piso El repertorio, cinco carteles LED que ponen en circulación los términos repetidos para nombrar, desacreditar y disciplinar a quienes irrumpen en el espacio público. Aunque cambien las épocas y los contextos, las palabras persisten como parte de un mismo mecanismo.

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La muestra tendrá una importante activación el 3 de octubre, a las 16, con La Asamblea, una jornada en vivo en el auditorio de ArtHaus, donde habrá discusión, canto, performance y participación del público. La convocatoria estará abierta a todas las personas, aunque la palabra y el voto quedarán reservados para mujeres y diversidades.

“El mundo es con todos, pero esto es un experimento, un recorte momentáneo. Yo pienso que todos tenemos que aprender y que tenemos que encontrar el modo de dialogar. Probemos esta, probemos escuchando a las mujeres y minorías. Escuchar también es ser parte”, dijo.

Estado de Asamblea es una muestra contundente, sin lugar para lo ambiguo, en la que Golder ingresa, tanto con belleza como con crudeza, a un tema muy complejo, con muchas aristas y no esquiva ninguna, sin caer en lo propagandístico, pero no ocultando la mano de lo político. Hay un mundo que se presenta, hay una proclama, hay un hacerse cargo que es sincero, y donde lo performático no busca el postureo, evade el yoísmo, y se abre a todos. Es una muestra, en tiempo de crisis, que no espera que la época transcurra para expresarla, que pone el cuerpo, que pone voz. Que pone la palabra, el decir y la escucha, en el centro. Es una muestra necesaria.

*Estado de Asamblea, de Gabriela Golder, en ArtHaus Central, Bartolome Mitre 434. De martes a domingo, de 12 a 19, hasta el 17 de enero 2027. Entrada gratuita.

Fuente: Infobae

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