El futuro de la Argentina en la revolución de la inteligencia artificial depende en gran medida de lo que ocurra bajo tierra en Vaca Muerta. Así lo plantearon Mark Esposito, profesor de Política Tecnológica en la Universidad Northeastern, investigador asociado del Berkman Klein Center de la Universidad de Harvard y economista jefe de la firma micro1, y Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora, durante sus intervenciones en el Coloquio IDEA. Según ambos expertos, el país puede terminar convertido en una colonia digital o convertirse en un conformador de reglas dentro del debate tecnológico mundial, y la clave está en articular energía, infraestructura y geopolítica.
Esposito explicó que las naciones se enfrentan a dos caminos: ser rule taker, es decir, un país que acepta las reglas impuestas por otros, o rule shaper, con capacidad de influir en las normas globales de adopción tecnológica. “En este momento, Argentina es un tomador de reglas. No determina en ningún punto su participación en la conversación más amplia sobre tecnología. Pero esto puede cambiar”, afirmó el especialista. Agregó que solo siete países integran la iniciativa de gobernanza de inteligencia artificial más amplia del mundo, mientras que la mayoría queda excluida de la mesa donde se diseñan las reglas.

El académico vinculó esa participación con el desempeño económico. Los países que muestran apertura hacia la inversión en datos, infraestructura y centros de cómputo registran mejores resultados de producto bruto interno que aquellos con posturas más cautelosas, señaló, y advirtió que la fragmentación regulatoria ralentiza la adopción tecnológica y termina reflejándose en una caída visible del desempeño económico.
Cuatro modelos de gobernanza tecnológica en el mundo
- Estados Unidos: modelo impulsado por el sector privado, con mínima intervención gubernamental.
- Unión Europea: prioriza los derechos y la gobernanza, lo que ha generado una tensión que retrasó la adopción tecnológica.
“La Unión Europea no tiene un solo laboratorio de frontera. Ni siquiera Mistral, que es un laboratorio francés, trabaja el modelado de la misma manera que lo hacen en China o en Estados Unidos”.
- Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Singapur: el Estado actúa como motor del desarrollo digital, con la mayor penetración de servicios digitales para ciudadanos en el caso saudita.
- Argentina, junto con Sudáfrica y otras economías emergentes: dependen de préstamos e inversión externa para construir infraestructura tecnológica.
La energía como condición previa a la inteligencia artificial
Esposito sostuvo que la discusión pública sobre IA suele omitir el sustento físico que la hace posible.
“La conversación no es solo sobre la tecnología de la IA. Eso es lo que leemos en los titulares. Se trata más de la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial”.
Precisó que esa infraestructura depende de manera directa de la energía, el agua y los minerales.

Según su planteo, la secuencia correcta de desarrollo ubica a la energía en primer lugar, a los datos en segundo término y a la inteligencia artificial en tercero. Los países que invierten en centros de datos sin haber consolidado su infraestructura energética corren el riesgo de sostener anuncios sin respaldo fáctico, advirtió, en referencia a compromisos asumidos en foros internacionales que luego no logran materializarse por falta de capacidad eléctrica.
En ese escenario, Esposito introdujo el concepto de “colonia digital” para describir a los países que no logran ejercer agencia sobre ninguna de las tres transiciones que identifica en su trabajo: la postura frente a la IA y los datos, la integración de la infraestructura energética y el posicionamiento geopolítico. Parte de esta investigación fue publicada por el especialista en el Foro Económico Mundial desde comienzos de 2026, bajo el concepto de “triple transición”.
“Perder la oportunidad en estas tres preguntas posiciona naturalmente a un país como colonia digital sin agencia. Este no es el tipo de futuro que uno quiere para ningún país”, sostuvo.
El especialista llevó esta misma conversación a estados de Estados Unidos, Australia, países del Golfo como Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, y a distintos foros europeos antes de presentarla en Argentina. Pese al diagnóstico inicial, Esposito remarcó que Argentina cuenta con una apertura concreta para avanzar hacia un rol más activo.
“Cuando me invitaron a sumarme, si este fuera un país sin ninguna chance, jamás habría hecho una presentación como esta. Por eso Argentina tiene una apertura. No es una hoja en blanco, pero este es un país que tiene oportunidad”, afirmó.
El especialista identificó talento técnico suficiente, disponibilidad de minerales y una transición energética en marcha: el 49% de la matriz energética del país todavía depende del gas fósil, pero 2025 marcó el mayor consumo de energía no basada en ese recurso hasta la fecha. También destacó el carácter democrático del sistema político como un activo, aunque advirtió que construir confianza institucional requiere una visión que exceda los ciclos de gobierno de pocos años. Como contrapartida, señaló que el país permanece por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en los índices de gobierno digital y datos abiertos.

Vaca Muerta como respuesta a la demanda energética global
La perspectiva de Esposito sobre la infraestructura energética encontró un desarrollo específico en la exposición de Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora, quien ubicó a Vaca Muerta en el centro de la propuesta de valor energética argentina. Según explicó, el consumo eléctrico mundial pasará de 27.000 teravatios/hora actuales a más de 60.000 teravatios/hora en 2050, impulsado por la electrificación del transporte, la industria, la climatización en países emergentes y la expansión de centros de datos vinculados a la IA.
Baztarrica proyectó que los combustibles fósiles, que hoy explican cerca del 65% del consumo energético final, seguirán representando entre el 40% y el 55% hacia 2050. En ese escenario, el gas natural conserva un rol central por su flexibilidad logística, su capacidad de integrar energías renovables y su menor intensidad de emisiones de dióxido de carbono frente al petróleo. El consultor señaló además que el impacto de la guerra en Irán y las restricciones sobre los trenes de licuefacción de Catar generaron una demanda adicional de gas que Estados Unidos ya no puede cubrir en su totalidad, lo que abrió una ventana para nuevos proveedores.
Según datos presentados por el especialista, Vaca Muerta constituye la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo, con recursos equivalentes a dos años de consumo global, y la cuarta reserva de petróleo no convencional, con volúmenes similares a un año de demanda mundial. El costo de equilibrio ronda los 40 dólares por barril, frente a un precio de mercado cercano a los 100 dólares, con una intensidad de emisiones de dióxido de carbono considerada baja en comparación con otras cuencas.
McKinsey estima una inversión acumulada de hasta 100.000 millones de dólares hacia 2030, exportaciones que podrían superar los 30.000 millones de dólares anuales en ese mismo año, la generación de 200.000 empleos directos e indirectos y un aporte de hasta cinco puntos porcentuales al producto bruto interno argentino.
“Pocas oportunidades económicas tienen una escala comparable”, sostuvo Baztarrica durante su exposición.
Fuente: Infobae