Pez trípode: el extraño habitante de las profundidades sin ojos y casi inmóvil

Un pez que desafía las leyes de la biología marina habita en el fondo del océano, a casi 5.000 metros de profundidad. Se trata del pez trípode, cuyo nombre científico es Bathypterois grallator. Su estrategia de supervivencia es tan peculiar que apenas necesita moverse para alimentarse: se mantiene erguido sobre sus propias extremidades modificadas, esperando en la oscuridad total del abismo a que la corriente le lleve el alimento.

Este extraordinario organismo se distribuye en océanos templados y tropicales, abarcando desde los 40° de latitud norte hasta los 40° de latitud sur. Habita en las zonas denominadas “de medianoche” y abisal, a profundidades que oscilan entre 900 y 4.700 metros. Según FishBase, la base de datos científica de referencia mundial sobre peces, el Bathypterois grallator también se encuentra en el océano Índico y en el Atlántico occidental.

Su cuerpo alcanza unos 30 centímetros de longitud, con un máximo registrado de 37 centímetros. Sin embargo, las proyecciones modificadas de sus extremidades pueden superar el metro de largo, casi el triple de su tamaño corporal.

Apoyos que desafían la gravedad oceánica

El animal alcanza unos 30 centímetros, con un máximo documentado de 37, mientras sus radios extendidos rebasan esa medida y constituyen los soportes que utiliza sobre el lecho del océano profundo (Imagen ilustrativa Infobae)

Lo que distingue al pez trípode de cualquier otro vertebrado marino son sus radios alargados: dos provienen de las aletas pélvicas y uno de la cola inferior. Cuando el animal permanece en reposo, esas prolongaciones se vuelven rígidas y le permiten elevarse unos 90 centímetros sobre el sustrato, alejándose de la zona donde el movimiento del agua es casi inexistente.

De acuerdo con el Aquarium of the Pacific, institución científica con sede en Long Beach, California, los científicos aún no descifran por completo el mecanismo que controla esa rigidez. La hipótesis más aceptada indica que el animal bombea fluido a través de esas proyecciones para endurecerlas. Cuando nada, los mismos radios se vuelven flexibles y quedan suspendidos detrás como filamentos blandos.

Posicionarse donde circula el flujo no es casual: es la clave de su estrategia de caza. El B. grallator orienta su cuerpo de cara a la corriente y aguarda, inmóvil, a que el alimento llegue solo. Esta adaptación es fundamental para sobrevivir bajo presiones extremas, temperaturas cercanas al punto de congelación y en la oscuridad más absoluta.

Antenas en lugar de ojos: la adaptación sensorial del pez trípode

Las aletas pectorales del pez trípode reemplazan la visión para detectar alimento en el abismo (Captura de video)

La penumbra perpetua del fondo marino dejó una huella directa en la anatomía de este pez. Los ojos se redujeron drásticamente hasta casi desaparecer, pues no cumplen ninguna función en ese entorno. En su lugar, el animal desarrolló largas prolongaciones pectorales filamentosas que se proyectan hacia arriba a modo de antenas, y funcionan como órganos táctiles para detectar presas.

Cuando esas extensiones registran la presencia de alimento —pequeños crustáceos planctónicos, zooplancton u organismos minúsculos que arrastra el agua—, el pez los captura y los dirige hacia su boca, que tiene una apertura amplia. Este método de caza requiere un gasto energético mínimo, condición indispensable para subsistir en uno de los ambientes más hostiles del planeta.

Su coloración varía entre tonos bronce y pálidos, con gris en la cabeza, el vientre y la parte inferior del lomo. Como pasa la mayor parte de su existencia sobre el sustrato, los registros de ejemplares en movimiento son poco comunes y se consideran un hallazgo inusual.

Hermafroditismo sincrónico: una solución reproductiva en la oscuridad

El Bathypterois grallator puede autofertilizarse para reproducirse cuando no encuentra otro ejemplar de su especie (Crédito: NOAA Office of Ocean Exploration and Research)

La vida solitaria en las profundidades presenta un problema reproductivo evidente: las probabilidades de encontrar otro individuo de la misma especie son muy bajas. El Bathypterois grallator resolvió esa limitación con una adaptación biológica singular: posee órganos reproductores masculinos y femeninos que maduran al mismo tiempo, condición conocida como hermafroditismo sincrónico.

Si dos ejemplares se encuentran, uno libera espermatozoides y el otro óvulos en la columna de agua. Cuando ese encuentro no ocurre, el animal puede autofertilizarse, expulsando ambos gametos a la vez para asegurar la continuidad sin depender de una pareja. Esta capacidad lo convierte en uno de los pocos vertebrados con autofertilización confirmada.

A pesar de sus características únicas entre los peces de aguas profundas, el B. grallator carece de valor comercial y no figura entre las especies amenazadas. FishBase lo clasifica como bentónico y solitario, registrado en taludes continentales, llanuras abisales y crestas oceánicas. Gran parte de lo que se conoce sobre este organismo proviene de fotografías y observaciones con submarinos de exploración, ya que la tecnología para estudiar estas profundidades sigue siendo limitada.

Fuente: Infobae

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