El reconocido cronista deportivo Emiliano Pinsón regresa este jueves a Pamplona, en la región de Navarra (España), para completar la primera etapa de un tratamiento contra una enfermedad clasificada como parkinsonismo. Convive con esta patología desde hace al menos cinco años y busca frenar su avance.
Pinsón, quien cubrió eventos de gran trascendencia como Juegos Olímpicos, Copas América y Mundiales durante décadas, viajó a la Argentina para reencontrarse con su familia y sus amigos antes de volver a España. «El tratamiento va bien«, aseguró durante una conversación con la periodista y amiga Luciana Rubinska.
El periodista definió su diagnóstico como una afección distinta del Parkinson más conocido. «Yo tengo otra cosa, yo tengo un parkinsonismo», explicó, y precisó que la atrofia multisistémica compromete distintos sistemas del organismo. «Estoy haciendo un tratamiento contra una especie de patología del Parkinson complicada, que es AMS, es atrofia multisistémica«, señaló. Y remarcó que la complejidad de su cuadro está vinculada con la afectación del cerebelo, una región cerebral que, según describió, todavía no ha sido investigada en su totalidad.
Para enfrentar los síntomas, toma diez cápsulas cada mañana con el desayuno. El tratamiento, dijo, le permitió evitar un deterioro mayor. «Si no me hubiera hecho el tratamiento, estaría peor», aclaró, y contó que «la enfermedad es neurodegenerativa, no tiene cura hasta hoy«.
Una transformación en su forma de ver la vida
La enfermedad cambió sus rutinas, su movilidad y su mirada sobre las prioridades. «Yo invertí todo lo que tenía en salud. Y vendí mi auto, mi casa, todo, pero quiero vivir«, afirmó. El periodista sostuvo que aprendió a concentrarse en aquello que puede resolver y a no quedar atrapado en situaciones del pasado que ya no tienen solución. «Hago mi vida como puedo, con las cosas buenas y las cosas malas. Después tengo una vida normal: amigos, familia», relató.
Esa transformación también modificó su relación con las opiniones ajenas. Recordó que antes era muy crítico con colegas y que, con el paso del tiempo, adoptó otra perspectiva: «En un momento dije: ‘Pero si cada uno se sube como puede’. No odio a nadie. Si me odiaban, que me odien, no me importa«, señaló.
Su vida cotidiana transcurre entre las dificultades físicas, el acompañamiento de sus hijos y la red de afectos que lo rodea. Joaquín, su hijo mayor, lo asistió en más de una caída. «Joaquín sin duda me salvó la vida más de una vez», relató. Valentín lo acompaña en Buenos Aires, y Victoria vive en Italia, reconstruyó en el reportaje.
Los amigos y un viaje a Bariloche
Un grupo de amigos de hace alrededor de 37 años, conocidos como «Los Naipes«, organizó un viaje de tres días a Bariloche para que Pinsón pudiera reunirse con ellos pese a las limitaciones que le impone la enfermedad. El periodista había viajado inicialmente por diez días para atenderse con médicos y recibió de sus compañeros el pasaje y todos los gastos de la estadía.
La relación nació cuando eran chicos en Castelar, en escuelas cercanas a donde vivían. Pinsón recordó el día que decidió contarles su diagnóstico. «Me junté un día, fui y estaba llorando mal, deprimido. Dije: ‘Tengo que hablar con ustedes'», reconstruyó. «Les dije toda la verdad y me fui. Me agarré un choripán y me fui», dijo. Esa noche recibió el llamado de sus amigos y conoció la propuesta que habían preparado. «Me sacaron un pasaje y nos fuimos a Bariloche tres días«, contó.
El viaje tuvo para él un valor que excedió el paseo. «Me fui con siete amigos y me vuelvo con siete hermanos más«, afirmó sobre quienes lo acompañaron durante la estadía. Pinsón describió los cuidados que recibió de sus compañeros ante las limitaciones que le provoca la enfermedad.
«No me dejaron ni caminar. Me subieron, me cuidaron. Hay cosas que no las puedo hacer ya solo y ellos estuvieron ahí, como mis hermanos», relató. Durante esos días, lo ayudaron a caminar, a higienizarse, a cortar la comida y a realizar tareas que ya no puede afrontar sin asistencia. También evitaron que pagara parte de los gastos. «Ellos no tienen obligación de hacerlo», dijo Pinsón, al valorar el cuidado que recibió.

Para el periodista, la amistad se volvió mucho más visible en estos momentos de dificultad: «Cuando te dicen en las malas mucho más, bueno, mucho más».
Pinsón regresará a España por dos meses y luego continuará el tratamiento de manera ambulatoria desde la Argentina. A partir del próximo año, planea viajar a Pamplona de forma trimestral para realizar controles. «Voy cada tres meses a España por diez días a buscar medicación, porque ellos quieren que yo termine», explicó.
El esquema fue acordado fuera del protocolo inicial, que requería permanecer en Europa. Explicó que ya no puede sostener el costo de vivir allí, pese a que DirecTV y Torneos continúan pagándole como si estuviera trabajando. «Mis amigos me quieren pagar todo, pero yo les digo: ‘No, no puede ser, basta'», explicó.
La meta es completar el tratamiento en 2028. Los médicos quieren que continúe para evaluar si pueden frenar la patología, posibilidad que todavía está en prueba. «Hay una posibilidad de detenerla hasta en el grado que estás», contó.

«Yo lo que estoy haciendo no lo hago por mí solo. Lo hago por los que vienen«, concluyó Pinsón.
Fuente: Infobae