En la remota región de Ladakh, al norte de India, una singular torre de hielo de 20 metros de altura se ha convertido en la esperanza de los agricultores locales. Sin necesidad de motores ni electricidad, esta estructura artificial, diseñada en 2013 por el ingeniero Sonam Wangchuk, almacena agua durante el invierno y la libera lentamente en primavera, justo cuando los cultivos más la requieren. Lo que comenzó como un prototipo hoy se replica en decenas de comunidades de la zona, transformando la lucha contra la sequía.
La escasez de agua en Ladakh es un problema ancestral. Con apenas 100 milímetros de precipitación anual, similar al desierto del Sahara, los 300.000 habitantes de la región dependen casi exclusivamente del deshielo de los glaciares. Sin embargo, el agua fluye en invierno, cuando no se necesita, y escasea en abril y mayo, época crucial para la siembra. Wangchuk encontró la forma de capturar ese recurso antes de que se perdiera.
Un sistema que funciona sin electricidad ni motor
El diseño es extraordinariamente simple. No requiere bombas, electricidad ni personal especializado. Funciona únicamente con principios físicos: una tubería subterránea conecta un punto elevado del río con las afueras de la aldea. El desnivel, de aproximadamente 60 metros, genera la presión necesaria para que el agua ascienda y brote como un surtidor.
“Los componentes son un punto aguas abajo, uno aguas arriba y un desnivel”, explicó Wangchuk.
Al entrar en contacto con el aire gélido —las temperaturas invernales en Ladakh alcanzan los -30 °C—, el chorro se congela antes de tocar el suelo, formando capa tras capa un cono que puede superar los 20 metros de altura.
La forma cónica no es decorativa: expone poca superficie al sol en relación con el volumen de hielo, lo que retrasa el derretimiento. Mientras una capa plana de hielo desaparecería rápidamente, esta torre resiste hasta mayo o junio, justo cuando los agricultores necesitan el agua para sus cultivos.
De 150.000 litros a millones: la evolución de los glaciares artificiales
El primer cono se construyó en el invierno de 2013-2014 en el campus de SECMOL (Students’ Educational and Cultural Movement of Ladakh), una escuela alternativa fundada por el propio Wangchuk en 1988. Almacenó 150.000 litros, suficiente para demostrar que la idea funcionaba. La segunda versión ya alcanzó 1,5 millones de litros, y las posteriores superaron esa cifra. Hoy, algunas torres individuales retienen varios millones de litros cada una.

El impacto no tardó en llegar. En 2015, cerca de 1.000 habitantes plantaron más de 5.000 árboles —sauces y álamos— utilizando el agua liberada por los glaciares artificiales. El programa se expandió a más de una docena de comunidades en distintas zonas de Ladakh, sumando decenas de millones de litros disponibles cada primavera. En 2016, Wangchuk llevó su invento a Pontresina, en los Alpes suizos, donde se erigió la primera ice stupa de Europa.
Un salvavidas contra el cambio climático y la despoblación
La necesidad de estas estructuras se vuelve cada vez más urgente. Un estudio de la Universidad de Aberdeen sobre más de 2.200 glaciares del Himalaya reveló que en el 86% de los casos, la línea de nieve ha ascendido unos 300 metros en los últimos 42 años. A medida que los glaciares naturales se reducen, los conos artificiales compensan parte de esa pérdida y evitan que muchas aldeas queden despobladas por la falta de cosechas.

El éxito del programa impulsó la creación del HIAL (Himalayan Institute for Alternative Ladakh), que amplió el trabajo de SECMOL. Actualmente, esta institución opera 52 estructuras en Ladakh y 14 más en otros países.
Con tuberías, física y temperaturas extremas, Wangchuk ha logrado transformar el invierno más crudo en una reserva de agua para la próxima cosecha. Un perfil de solucionador práctico que sigue marcando la diferencia en el Himalaya.
Fuente: Infobae