Mary Beard desmitifica los clásicos: grafitis, estatuas y el lado oscuro de Grecia y Roma

El reciente éxito de La Odisea de Christopher Nolan disparó las ventas de los poemas homéricos a niveles nunca vistos en una década, coincidiendo con la publicación en español de Clásicos sin filtros (Crítica), la nueva obra de Mary Beard. Este renovado interés por la Antigüedad grecolatina parece efímero, pero el libro propone una mirada audaz y sin reverencia automática hacia ese pasado.

Beard, de 71 años, es catedrática emérita de la Universidad de Cambridge y una de las divulgadoras más reconocidas del mundo clásico. Ha escrito varios libros, presentado documentales y cultivado una imagen que recuerda a las comunas hippies. Clásicos sin filtros nació de conferencias en las universidades de Chicago y Edimburgo, y parte de una pregunta central: “¿Para qué sirven los clásicos antiguos? O dicho de otro modo, ¿por qué debería preocuparnos lo que hacía la gente hace dos mil años o más: qué crearon, qué escribieron y qué pensaron?”

La catedrática de la universidad de Cambridge y una de las clasicistas más importantes del mundo Mary Beard (EFE/ Javier Lizon)

La historiadora rechaza la idea de que los autores antiguos sean fuentes inagotables de lecciones morales. “Los peores villanos de la historia no han experimentado mejoría alguna por su educación clásica”, advierte. Su propuesta es volver a esos textos y objetos sin colocarlos en un pedestal: “Puede obtenerse más de los clásicos si uno los venera menos. Asombro, sorpresa, placer, perplejidad e incluso repulsión, sí. Veneración y gratitud, no”.

Esa distancia obliga a mirar las violencias de la Antigüedad sin filtros. “No hay gafas pintadas de color de rosa que puedan ocultar la esclavitud, ni la misoginia, ni la casi inimaginable violencia”, sostiene Beard, quien añade que “el arte griego clásico en su conjunto incluye tanto lo vulgar como lo asombroso”. El interés por ese mundo no reside en una idealización, sino en su capacidad de incomodar: “Los estudio porque a veces son un placer, a menudo desestabilizadores y con frecuencia sorprendentes, pero sobre todo invariablemente reveladores e interesantes. Los estudios clásicos cambian tu forma de ver el pasado remoto. No solo eso: te instan a replantearte el presente”.

Beard considera que los autores antiguos ayudan a cuestionar las soluciones simples: “Nadie mejor que los autores antiguos para ofrecer un desafío a las respuestas fáciles y un antídoto eficaz contra la simplicidad”. Grecia y Roma están presentes en monumentos, vocabulario político y relatos culturales, pero esa proximidad puede ser engañosa. “El gran revuelo intelectual acerca de la antigüedad es que está inolvidablemente bajo nuestras narices, y a la vez más lejos de lo que podemos imaginar, casi fuera de nuestro alcance”.

La antigua Grecia y Roma están presentes en monumentos, vocabulario político y relatos culturales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La democracia ateniense y las ficciones modernas

La imagen moderna de Atenas como un bastión de igualdad, libertad de expresión y debates elevados no se corresponde con la realidad histórica. “La historia de la antigua democracia ateniense es reveladora, porque difiere tanto de esta cómoda ficción que hemos construido en nuestra imaginación”, plantea Beard. Las democracias actuales comparten apenas una mínima parte de las estructuras institucionales del antiguo gobierno democrático.

La fascinación de Beard por el pasado comenzó cuando tenía cinco años. Su madre, profesora en el pueblo donde vivían, la llevó a Londres para ver las momias del Museo Británico. En una vitrina había un panecillo egipcio hallado en buen estado durante una excavación en Tebas. La niña no lograba verlo, hasta que un conservador abrió la vitrina y le mostró el alimento conservado durante siglos.

La autora posa junto a las pinturas de Tiziano

Esa experiencia derivó en un interés por las grandes obras y la vida cotidiana de las sociedades antiguas. Las visitas a Pompeya y Herculano le permitieron observar esa vida detenida por la erupción. Entre los rastros preservados figura un grafiti hallado en una letrina: “Apollinaris, médico del emperador Tito, cagó bien aquí”. Beard subraya la dificultad de ingresar en un marco mental muy distante sin reducirlo a categorías contemporáneas.

Obras maestras polémicas y estatuas de colores

Las piezas que hoy se consideran clásicas también fueron novedosas y perturbadoras en su tiempo. La Venus de Cnido, conocida solo por copias, mostró por primera vez a una diosa desnuda; otro caso es el Hermafrodita durmiente. “Las obras maestras del mundo clásico no nacieron viejas y veneradas; antaño, muchas de ellas fueron polémicas e incómodamente perturbadoras”, señala Beard. Además, las estatuas griegas eran policromadas, por lo que la antigua Grecia debió tener una apariencia más cercana a lo pop que a la sobriedad blanca asociada al clasicismo.

Rabindranath Tagore y Victoria Ocampo (Grosby Group)

El poeta indio Rabindranath Tagore lloró al contemplar el Partenón, pero no por emoción estética: lo consideró espantoso y lo vinculó con el imperialismo y la barbarie. Beard examina la apropiación occidental de la herencia grecorromana. Sigmund Freud acuñó el complejo de Edipo a partir de Sófocles, mientras Benito Mussolini recurrió a los esplendores imperiales de la antigua Roma para buscar antecedentes del fascismo. Adolf Hitler visitó las ruinas de Roma junto a Mussolini y un joven arqueólogo italiano que luego relató lo ocurrido. Muchas de las principales atracciones turísticas de la ciudad fueron excavadas bajo el patrocinio del dictador italiano para aquella visita y exhibidas ante Hitler.

Mussolini y Hitler (Wikipedia)

“El impacto duradero de Mussolini sobre nuestra visión de la antigua Roma” sigue vigente, afirma Beard. “Todavía seguimos viéndolas a través de los ojos de Mussolini y de los de sus arqueólogos y restauradores”. La autora reconoce que cada época interpreta el pasado según sus propios intereses. Las críticas que recibe en redes sociales por juzgar a los romanos la llevaron a formular un límite: “No lleva a ningún sitio considerar al pasado culpable de no ser como el presente. Pero al mismo tiempo, uno no puede dejar la ética en la puerta del estudio”.

Beard plantea que no puede prohibirse un juicio ético sobre “los sanguinarios juegos de gladiadores, las horripilantes crucifixiones o la esclavización en masa”. El desafío consiste en comprender y evaluar la Antigüedad tanto desde la perspectiva de quienes vivieron en ella como desde la de los modernos. Los ecos de aquel mundo persisten fuera de museos y bibliotecas: el “Soy un berlinés” de John F. Kennedy evocaba el “Soy ciudadano romano” de Cicerón, y el memorial dedicado a las víctimas del 11 de septiembre incluye un verso de La Eneida, de Virgilio: “Ningún día te borrará de la memoria del tiempo”.

Fuente: Infobae

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