Un reciente análisis de datos estadounidenses, liderado por investigadores de la Universidad de Michigan, la Universidad de Texas y la Universidad de Corea, reveló que la soledad durante la adolescencia está vinculada a un mayor riesgo de empleo precario en la adultez temprana. El estudio siguió a miles de estudiantes a través del proyecto longitudinal Add Health, comparando incluso las experiencias entre hermanos.
Publicado en la revista Journal of Research on Adolescence, el trabajo evaluó si la sensación subjetiva de desconexión social en los años escolares podía predecir trabajos con menor estabilidad o seguridad años después. Kyungeun Song, estudiante de doctorado en trabajo social de la Universidad de Miami y autora principal, señaló:
“La soledad suele considerarse principalmente un problema de salud mental, pero nuestros hallazgos sugieren que su alcance potencial puede ser mucho más amplio.”
La investigación midió estabilidad y condiciones del trabajo

El equipo no se limitó a verificar si las personas tenían empleo o sus ingresos. Utilizaron el concepto de empleo precario, que abarca aspectos como contratos inestables, acceso limitado a prestaciones y escasa capacidad de decisión sobre las condiciones laborales. Así, buscaron capturar dimensiones de la inserción laboral que van más allá del salario o la ocupación.
Para ello, recurrieron al Estudio Longitudinal Nacional de la Salud de la Adolescencia a la Edad Adulta (Add Health), que inició con encuestas a estudiantes de séptimo a duodécimo grado durante el ciclo 1994-95. Los participantes fueron entrevistados nuevamente en 1996, 2001-02 y 2008-09, recopilando datos sociales, económicos, psicológicos, cognitivos y físicos, así como información sobre sus relaciones familiares, escolares, vecinales, de amistad y sentimentales.
El vínculo entre soledad y precariedad no se explicó solo por el entorno familiar

El análisis se centró en personas identificadas como hermanos, lo que permitió controlar por circunstancias compartidas durante la infancia. La muestra inicial incluyó a 3.703 participantes, de los cuales 3.105 llegaron a la última ronda donde se evaluaron los resultados laborales. Las comparaciones entre hermanos mostraron que la asociación entre sentirse solo en la adolescencia y tener empleos precarios en la adultez temprana se mantenía incluso después de considerar características individuales y antecedentes familiares comunes.
No obstante, los investigadores advirtieron que los resultados no prueban que la soledad provoque directamente condiciones laborales inestables. La variable estudiada se refiere a la vivencia personal de desconexión social, no al tamaño o calidad de la red de contactos. Una persona puede sentirse aislada incluso teniendo vínculos sociales.
El apego escolar mostró una posible función de protección

Tras analizar el peso de los factores familiares, los autores examinaron si los entornos sociales de los adolescentes podían modular la relación. Consideraron dos tipos de apego: el vínculo con la escuela y la conexión con el barrio. Los resultados revelaron una diferencia significativa: un mayor apego a la escuela pareció debilitar la asociación entre la soledad adolescente y la precariedad laboral, mientras que la cercanía con el vecindario no mostró el mismo patrón.
Song explicó que los centros educativos pueden poner a los jóvenes en contacto con docentes y otros adultos que brindan respaldo, además de ofrecer espacios para desarrollar capacidades, confianza y relaciones que faciliten la transición a la vida adulta.
“Las experiencias sociales que los jóvenes viven durante la adolescencia pueden influir en cómo afrontan la transición a la edad adulta, incluyendo el tipo de empleo que desempeñan”, sostuvo Song.
La investigadora añadió que los barrios también pueden aportar apoyo social y comunitario, aunque esos recursos suelen estar menos conectados con las trayectorias educativas e institucionales vinculadas al acceso al trabajo.
Fuente: Infobae