El negocio millonario de las trampas en Call of Duty

Activision ha dado a conocer un detallado informe sobre el mercado global de trampas en videojuegos, justo antes de la llegada de Call of Duty: Modern Warfare 4, programada para el 22 de octubre. El estudio, realizado por Intorqa sobre 15 títulos populares, estima que las suscripciones y servicios asociados generan alrededor de $8.500 millones al año. Mientras tanto, RICOCHET Anti-Cheat, el sistema encargado de proteger Call of Duty, intensifica sus acciones técnicas y legales contra vendedores y distribuidores.

Un mercado de miles de millones

El análisis de Intorqa desglosa el negocio en dos grandes fuentes de ingresos. Las suscripciones a programas de trampas aportan cerca de $3.500 millones anuales entre los 15 juegos examinados. Por otro lado, la venta de cuentas, los servicios de boosting, los equipos para ocultar la identidad de una computadora y otras herramientas suman al menos $5.000 millones adicionales.

El boosting consiste en pagar a otra persona o servicio para subir de nivel, mejorar el rango competitivo o completar objetivos en una cuenta. Esta práctica comparte espacio con la compraventa de perfiles robados, cuentas antiguas y usuarios listos para participar en partidas clasificatorias.

La cifra de $8.500 millones es una estimación media. Intorqa sitúa el valor anual total entre $5.100 millones y $13.800 millones, un rango amplio debido a la dificultad de medir transacciones realizadas a través de redes de distribuidores, sitios privados y servicios que cambian de nombre o dominio.

El costo para cada usuario también puede ser elevado. Activision señala que una suscripción cuesta en promedio $40 mensuales, aunque las opciones más caras superan los $100. Al sumar cuentas de reemplazo, programas de evasión y otros gastos, algunos tramposos pueden llegar a desembolsar más de $1.000 al año.

Los desarrolladores suelen evitar el contacto directo con los compradores. En su lugar, entregan sus herramientas a vendedores principales, que luego recurren a intermediarios y distribuidores. RICOCHET actualmente sigue a cientos de participantes vinculados con esa cadena comercial.

Software, hardware y cuentas robadas

La oferta va mucho más allá de los aimbots, programas que apuntan automáticamente, y los wallhacks, que permiten detectar rivales a través de paredes u otros obstáculos. También existen herramientas para desbloquear contenido, trampas agresivas diseñadas para obtener ventajas evidentes y dispositivos externos que modifican las entradas del jugador.

Entre esos equipos aparecen productos como Cronus, XIM y Titan, capaces de alterar o automatizar controles. Otro método emplea hardware DMA, sigla de acceso directo a memoria: estos dispositivos pueden leer información del juego desde la memoria de la computadora y trasladar parte del proceso fuera del alcance de las detecciones tradicionales.

Los spoofers ocupan otro segmento del mercado. Son programas o equipos que falsifican la identificación del hardware para que una computadora bloqueada parezca un dispositivo diferente. De esta manera, un usuario puede intentar regresar después de recibir un baneo sin reemplazar todos sus componentes.

Las expulsiones permanentes también impulsan la demanda de cuentas sustitutas. Según los datos citados por Activision, uno de cada tres jugadores declaró que su cuenta fue vulnerada durante los últimos dos años. Los vendedores ofrecen perfiles robados, cuentas con antigüedad y usuarios habilitados para partidas competitivas, además de servicios para elevar estadísticas o rangos.

Call of Duty: Modern Warfare 4, de Activision

La respuesta técnica y legal de RICOCHET

Activision asegura que RICOCHET no busca limitarse a identificar a un tramposo durante una partida. Su estrategia combina detección técnica y de comportamiento, seguridad de cuentas, investigaciones, acciones legales y el uso obligatorio de TPM 2.0 en sistemas compatibles. TPM 2.0 es un módulo de seguridad que permite verificar la integridad y la identidad de un equipo.

Las medidas se concentran en tres áreas: trampas basadas en software o hardware, cuentas de reemplazo y herramientas para evadir sanciones. El objetivo es dificultar cada etapa de la operación, desde la creación y distribución de los programas hasta el regreso de usuarios expulsados.

Activision afirma haber interrumpido más de 375 operaciones de revendedores, enviado más de 80 órdenes de cese y desistimiento y contribuido al cierre de 31 vendedores principales. Algunas acciones se realizaron en colaboración con autoridades federales y locales.

Una de esas intervenciones quedó registrada en un video de cámara corporal difundido por Activision. Las imágenes muestran la entrega de una orden de cese y desistimiento a un presunto desarrollador de trampas de Call of Duty en su residencia de Ohio.

La persecución de los spoofers también produjo sanciones directas contra los equipos utilizados para evadir bloqueos. Durante agosto, Activision emitió más de 70.000 nuevos baneos de hardware mediante detecciones técnicas y de comportamiento.

Fuente: Infobae

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