En el corazón del archipiélago canario, la isla de La Gomera resguarda uno de los tesoros naturales más extraordinarios de Europa: el Parque Nacional de Garajonay. Este espacio protegido, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se extiende por casi 4.000 hectáreas de bosque húmedo subtropical conocido como laurisilva, donde algunos laureles alcanzan edades impresionantes de hasta 1.500 años. El lugar se presenta como un destino ideal para explorar durante el otoño.
Este ecosistema, compuesto por árboles de hoja perenne, cubre aproximadamente el 70% del parque y representa un vestigio excepcional de la vegetación que dominó amplias zonas del sur de Europa y el Mediterráneo hace millones de años. La persistente niebla que asciende desde el océano, junto con los manantiales y arroyos, garantiza la humedad constante que demanda este tipo de bosque.
El Parque Nacional de Garajonay abarca la zona central y las cumbres de La Gomera, en las Islas Canarias, y se distribuye entre los municipios de Agulo, Alajeró, Hermigua, San Sebastián de La Gomera, Valle Gran Rey y Vallehermoso. Su nombre proviene del Alto de Garajonay, el punto más elevado de la isla con 1.487 metros de altitud. Desde esa cumbre, las vistas panorámicas alcanzan gran parte de La Gomera y, en días despejados, incluso otras islas del archipiélago. Además, el sitio alberga yacimientos arqueológicos vinculados a los antiguos pobladores de la isla.
Un paisaje moldeado por la niebla y los restos volcánicos
El principal atractivo del parque es la laurisilva, una formación vegetal adaptada a temperaturas suaves y alta humedad ambiental. Estas condiciones dependen en gran medida de los vientos alisios, que al chocar contra las cumbres de La Gomera generan nubes bajas y producen la llamada lluvia horizontal, un fenómeno que aporta agua directamente a la vegetación.
Gracias a esa humedad, prosperan especies como laureles, viñátigos, tilos, acebiños y barbusanos. Bajo sus copas crecen helechos, musgos, líquenes y otras plantas de sotobosque que se desarrollan en la sombra y el suelo húmedo. Entre la fauna destacan aves forestales como las palomas rabiche y turqué, así como invertebrados endémicos de los bosques húmedos canarios, como la mariposa de la laurisilva.
El relieve de Garajonay no se reduce a la masa forestal. Los Roques son formaciones geológicas visibles que emergen sobre el bosque. Se trata de restos de materiales volcánicos más resistentes que el terreno circundante, expuestos por la erosión. Se pueden observar desde carreteras, senderos y miradores.

La red de miradores permite apreciar estos contrastes. El Bailadero se asoma hacia Los Roques y el valle de Hermigua; la Cumbre de Tajaqué muestra la transición entre el bosque del barranco de El Cedro y las áreas meridionales; e Igualero ofrece una vista amplia hacia la Fortaleza de Chipude y la caldera erosiva de Erques. Lomo del Dinero mira hacia los valles del norte, mientras que Alojera-Piedras Hincadas abre la perspectiva hacia la costa occidental.
Laguna Grande y El Cedro: dos formas de adentrarse en el parque
Laguna Grande es una de las principales puertas de entrada. Cuenta con aparcamiento, zona de descanso, paneles informativos y senderos de corta duración. Su ubicación en las cumbres facilita el acceso a itinerarios ideales para una primera visita. El nombre del lugar proviene de una antigua depresión del terreno; durante lluvias intensas, el claro central puede acumular agua. Desde allí parten recorridos hacia Contadero, Pajarito o el Alto de Garajonay, lo que la convierte en un punto estratégico para organizar una jornada de senderismo.
El Cedro, por su parte, ofrece una experiencia distinta. El barranco y el caserío se encuentran entre las zonas donde la humedad del parque se percibe con mayor intensidad. La vegetación se vuelve más densa, y los caminos tradicionales atraviesan laderas, cauces y áreas de sombra que conservan la apariencia del bosque húmedo durante buena parte del año.
Fuente: Infobae