Un estudio elaborado por la Universidad de Harvard, que analizó cerca de 13 millones de certificados de defunción entre 2020 y 2024 en 503 sectores laborales, ha revelado que los tripulantes de cabina (TCP) y los pilotos son las profesiones con mayor riesgo de morir por cáncer. Los TCP registran un 6,9% de fallecimientos por cánceres vinculados a la radiación ionizante, mientras que los pilotos alcanzan el 6,7%, superando incluso a los tecnólogos nucleares. Las patologías más comunes son el cáncer de mama, del sistema nervioso central, de próstata y el melanoma, además de la leucemia en el colectivo de pilotos.
Estos resultados se suman a investigaciones anteriores que ya evidenciaban una mayor prevalencia de cánceres ginecológicos, tiroideos, gastrointestinales y de piel en estos trabajadores. Los factores que contribuyen a esta situación incluyen la radiación cósmica a gran altitud, los cambios bruscos de presión y temperatura, y la alteración de los ritmos circadianos por vuelos nocturnos y transoceánicos. Antonio Escobar, representante del SITCPLA, advirtió que estas profesiones también encabezan los índices de trastornos de salud mental, adicciones y suicidio, con una tasa cercana al 4%.
Según Escobar, la lucha por el reconocimiento legal de la penosidad laboral comenzó en el Juzgado de lo Social de Málaga «con una TCP que se llama Inés en la compañía Air Europa». Tras el rechazo, «el ministro Joaquín Almunia sacó el Real Decreto 1559/1986 sobre trabajos aéreos y dejó a los TCP fuera», afirmó.

Estrategias para mitigar la radiación cósmica
Iñigo Martín, representante del SEPLA, explicó que «la radiación en la aviación es algo que consideramos que preocupa» y que «tiene que ver directamente con nuestra salud y con la calidad de vida que tenemos una vez que nos jubilamos o nos retiramos de volar».
No obstante, Martín señaló que «el estudio establece que hay una correlación entre la exposición a la radiación y la mayor mortalidad, pero no encuentran directamente causalidad», y agregó que «hay otros factores determinantes como el tiempo que pasamos fuera de casa, la alimentación y la cantidad de noches en las que no dormimos».
Dentro de los tres tipos de radiación, «la radiación cósmica galáctica es la que realmente supone la mayor preocupación, porque nos irradia de forma uniforme y es más susceptible de producir mutaciones y cáncer». Esta radiación «se multiplica sustancialmente entre los niveles de vuelo 310 y 410», es decir, entre 31.000 y 41.000 pies de altitud.

Martín detalló que «minimizar la altitud a la que volamos es probablemente la principal herramienta que tenemos a nuestro alcance para minimizar la radiación, además de volar con menor latitud», siguiendo el criterio ALARA. Asimismo, «los operadores aéreos están obligados a tener un histórico de radiación al que estamos sometidos… y aplicar medidas adicionales siempre que se superen los seis milisieverts en un año natural».
Otra medida son los parasoles de cabina, que según Martín «siempre deberían estar operativos; no son una herramienta solamente de comodidad, sino de seguridad en vuelo y de salud laboral». Aclaró que las partículas subatómicas «irradian, pero no contaminan».
Dosímetros a bordo, un asunto polémico
Martín considera prioritario el uso de dosímetros físicos a bordo:
«En los aviones hoy por hoy no llevamos dosímetros instalados. Pero desde SEPLA creemos que deberían estar para que los tripulantes sepamos a ciencia cierta a qué radiación hemos estado expuestos durante un vuelo determinado».
Actualmente se emplean «cálculos matemáticos que en ocasiones son modelos antiguos que no están al día de la última evidencia científica».

Antonio Escobar, en cambio, opina que pedir dosímetros es un parche:
«a estas alturas, hablar de pedir dosímetros es como si tenemos a un enfermo de cáncer, que en lugar de darle quimioterapia, quieres cortarle las uñas porque las tiene un poquito mal cortadas. Lo importante está documentado científicamente«.
Escobar puso como ejemplo a Francia, donde «si tienes 55 años y has volado 30, la edad y los años de vuelo suman 85 y te puedes jubilar anticipadamente», y a Portugal, donde «tienen unos factores de reducción que van en el entorno de los cinco años».
En materia de prevención, ambos representantes coinciden en que los reconocimientos médicos aeronáuticos no incluyen pruebas de detección precoz del cáncer. Martín advirtió que «ninguno de los tres cánceres a los que somos más proclives (melanoma, próstata y mama) se detecta por el cauce de nuestro certificado médico aeronáutico, sino por pruebas o controles externos».
La única protección consolidada es la maternidad: desde 1997, las tripulantes de cabina y pilotos embarazadas dejan de volar automáticamente. Sin embargo, Escobar señaló que muchas mujeres enfrentan dificultades: «La que menos ha tenido, ha tenido tres abortos».
La lucha legal por la penosidad laboral
Los TCP han agotado las vías judiciales en España y han activado una Petición (PETI) en el Parlamento Europeo, aprobada por unanimidad, además de una denuncia por incumplimiento estatal bajo la Directiva 2000/78/CE, por discriminación a una profesión mayoritariamente femenina que acumula más horas de vuelo que cualquier otra.
Pese a la aprobación en Europa y a la entrada en vigor del Real Decreto 402/2025, que permite solicitar la pensión anticipada, la Administración española frenó el expediente en la comisión de evaluación. Escobar detalló que, ante el silencio administrativo:
«estamos armando un recurso contencioso-administrativo ante la Audiencia Nacional para que la Administración del Estado primero nos dé el expediente de lo que ha hecho y por qué ha parado, y segundo, para obligarles a que pasemos a la comisión de evaluación».
El Congreso también aprobó en comisión una Proposición No de Ley (PNL) impulsada por Sumar para aplicar un coeficiente reductor del 0,4 a los TCP, con 19 votos a favor, 13 abstenciones y 4 en contra. No obstante, Escobar calificó la iniciativa de «paradoja política» y recordó que una PNL no otorga la penosidad automáticamente si el Ejecutivo no tramita la modificación mediante Real Decreto o Proyecto de Ley.
Fuente: Infobae