En la ciudad japonesa de Kioto, el artesano Takuya Tsutsumi ha llevado la laca tradicional nipona a objetos poco convencionales, como tablas de surf, patinetas y artículos de uso cotidiano. Su trabajo se basa en la combinación de maderas autóctonas, técnicas de aplicación manual y materiales extraídos de los bosques cercanos.
Tsutsumi representa la cuarta generación de Tsutsumi Asakichi Urushi, un taller de laca fundado en 1909. Durante más de un siglo, esta casa se ha dedicado a refinar y preparar el urushi, una resina que se extrae del árbol de la laca y que en Japón se utiliza como barniz, adhesivo y material de restauración.
El urushi tiene una presencia milenaria en la cultura material de Japón. Según datos del Gobierno nipón, se han encontrado piezas lacadas de más de 9.000 años de antigüedad. Esta resina se ha empleado tanto en recipientes cotidianos como en obras de arte, edificios y bienes culturales. Su producción es un proceso lento: los árboles necesitan varios años de crecimiento antes de que se pueda recolectar una cantidad limitada de savia.
Obtención y refinamiento del urushi
La resina urushi se obtiene del árbol Toxicodendron vernicifluum. Los recolectores realizan incisiones controladas en la corteza y recogen la savia que fluye del tronco. A continuación, el material se somete a un proceso de refinamiento que elimina impurezas y reduce el contenido de agua hasta obtener una laca lista para su uso.

La técnica de extracción de la laca requiere un conocimiento exacto sobre la profundidad y la frecuencia de los cortes. De acuerdo con información oficial japonesa, un árbol puede aportar aproximadamente 200 mililitros de resina durante toda una temporada de recolección.
La aplicación del urushi no se realiza en una sola etapa. La pieza recibe múltiples capas de laca, con períodos de secado y pulido entre cada una. Este método protege la superficie y permite modificar el acabado final, que puede ser brillante, mate, traslúcido o pigmentado.
Nuevos horizontes para la laca tradicional
Tradicionalmente, la laca se asocia con cuencos, bandejas, cajas y objetos ceremoniales. Sin embargo, Tsutsumi ha impulsado desde hace años una línea de trabajo que busca trasladarla a soportes menos habituales. La empresa informó que en 2022 abrió un taller de tablas de madera en Keihoku, una zona forestal al norte de Kioto, y puso en marcha un proyecto que conecta la montaña, la ciudad y el mar.

La laca se adapta al deporte
Uno de los proyectos más destacados es siita, una marca de tablas de surf y skate fabricadas en madera y recubiertas con capas de urushi. Esta iniciativa reúne a Tsutsumi con el artesano Rodrigo Matsuda, quien se encarga de dar forma a las tablas.
El proyecto utiliza cedro local, incluyendo madera que presenta vetas irregulares debido a daños causados por osos negros japoneses. En lugar de ocultar esas marcas, el acabado de urushi resalta las alteraciones del tronco. Tsutsumi también aplica este enfoque en sillas, presas para muros de escalada, carteles y materiales para interiores.
La elección de estos objetos no significa que la laca reemplace a los recubrimientos industriales ni que resuelva por sí misma los problemas forestales. Su valor reside en que permite que una técnica ligada a la vajilla, la decoración y la restauración patrimonial se adapte a piezas con otros usos y escalas.
La empresa también ha desarrollado programas de formación y encuentros relacionados con el oficio. En estas actividades, los participantes aprenden sobre el proceso de la madera, la laca y los bosques de Keihoku, además de fabricar objetos pequeños o colaborar en trabajos sobre tablas.
Fuente: Infobae