La emergencia por los incendios forestales en Colombia no se detiene. Departamentos como Tolima, Cundinamarca, Valle del Cauca, Huila y Boyacá continúan enfrentando la contingencia. Alcaldías, gobernaciones, el Gobierno nacional, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), bomberos y otras instituciones trabajan de manera conjunta para evitar la propagación del fuego. Sin embargo, la situación sigue generando preocupación, no solo por la alerta sanitaria, sino también por el impacto negativo en la calidad del aire y la vegetación.

Por este motivo, diversos especialistas consultados explicaron las consecuencias de esta emergencia y sus riesgos a largo plazo para el ecosistema. Entre ellos se encuentran Daniel Humberto Gil, ingeniero ambiental y candidato a doctor en Ingeniería de la Universidad de La Sabana; Laura Natalia Ruiz, gestora ambiental de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz; Óscar Arnulfo Fajardo, magíster en Desarrollo Ambiental Sostenible e investigador de la Universidad Central; y Diego Fernando Becerra y Juan José Velandia, docente y estudiante de la Licenciatura en Ciencias Naturales de la Universidad de La Sabana.
Calidad del aire por el humo de los incendios forestales
Daniel Humberto Gil señaló que los incendios forestales deterioran la calidad del aire debido a que la quema de vegetación libera gran cantidad de contaminantes a la atmósfera. Entre ellos se encuentran el material particulado, el monóxido de carbono, los compuestos orgánicos volátiles, los óxidos de nitrógeno y otros hidrocarburos.
“Estas sustancias pueden afectar la salud, en especial la de grupos vulnerables, como mujeres embarazadas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares”, indicó.
Laura Natalia Ruiz afirmó que el humo de los incendios forestales afecta la calidad del aire porque, durante la combustión de la vegetación, se libera una mezcla de material particulado, compuestos orgánicos volátiles y gases. “La cantidad y el tipo de contaminantes emitidos no son siempre los mismos, ya que dependen de factores como el tipo de vegetación que se está quemando, su contenido de humedad, las condiciones meteorológicas y la etapa de combustión”, afirmó. Asimismo, detalló que en las zonas cercanas a las conflagraciones se encuentran concentraciones importantes de material particulado fino y carbono, mientras que otros contaminantes pueden quedarse en la atmósfera y desplazarse a una mayor distancia.

“La composición del humo cambia a medida que evoluciona el incendio, debido a las variaciones en la temperatura y en las condiciones de combustión. Por esto, un incendio forestal puede generar efectos sobre la calidad del aire tanto a escala local como regional”, expresó la gestora ambiental de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz.
Óscar Arnulfo Araujo explicó que los incendios forestales pueden generar un deterioro rápido y significativo de la calidad del aire. “La combustión de vegetación genera una mezcla compleja de partículas y gases que puede elevar las concentraciones ambientales varias veces por encima de sus valores habituales”, señaló. Además, afirmó que el contaminante que produce mayor impacto es el PM₂.₅. Por ese motivo, recordó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que alrededor del 90% de la masa de partículas emitidas por los incendios forestales corresponde a partículas de 2,5 µm o menos. “El humo contiene monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos aromáticos policíclicos y otros compuestos que pueden transformarse químicamente durante su transporte atmosférico”, puntualizó.
Contaminantes que deben vigilarse por sus efectos en la salud
Laura Natalia Ruiz indicó que el contaminante que más atención requiere es el PM₂.₅, debido a la pequeñez de sus partículas, y que pueden penetrar de manera profunda en el sistema respiratorio. “También es importante hacer seguimiento al PM₁₀, monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOₓ) y, dependiendo de las condiciones atmosféricas, al ozono troposférico (O₃). La importancia de cada contaminante puede variar según el tipo de incendio y las condiciones meteorológicas”, indicó.
Óscar Arnulfo Araujo precisó que el PM₂.₅, PM₁₀, monóxido de carbono (CO), NO₂ y otros NOx son los contaminantes que deben tener mayor atención durante los incendios forestales. “En estudios más especializados también es muy útil medir carbono negro, compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), metales y partículas ultrafinas. Si además de vegetación, se queman viviendas, residuos, plásticos u otros materiales, la mezcla puede ser considerablemente más tóxica”, aseveró.
Daniel Humberto Gil coincidió en que los contaminantes que mayor vigilancia deben tener son el PM₂.₅, el monóxido de carbono, el PM₁₀, los óxidos de nitrógeno y el ozono troposférico. “Este último no suele emitirse directamente por el incendio, sino que puede formarse en la atmósfera a partir de otros contaminantes, bajo determinadas condiciones de radiación solar”, expresó.
Al explicar por qué el PM₂.₅ representa un mayor riesgo para la salud que el PM₁₀, Óscar Arnulfo Fajardo señaló que es por su principal tamaño y capacidad de infiltración en el organismo. “Las PM₂.₅, especialmente aquellas por debajo de la micra en cambio, pueden llegar profundamente hasta las regiones alveolares del pulmón; una fracción de sus componentes puede translocarse de la barrera pulmonar y producir efectos sistémicos. Esto ayuda a explicar su relación con complicaciones de asma y enfermedades respiratorias, efectos cardiovasculares, hospitalizaciones y mortalidad prematura”, puntualizó.

El profesional señaló que los incendios tienen una característica importante: el PM₂.₅ “transporta carbono orgánico, compuestos orgánicos tóxicos y otros productos de combustión adheridos a partículas que pueden permanecer suspendidas durante períodos relativamente largos”. Daniel Humberto Gil indicó que el PM₂.₅ puede superar las defensas naturales de la nariz, motivo por el cual pueden llegar a zonas profundas de los pulmones. También precisó que pueden ingresar al torrente sanguíneo, lo que aumenta la probabilidad de causar afectaciones en la salud. “El material particulado está compuesto por partículas sólidas o líquidas suspendidas en el aire. Estas partículas pueden transportar en su superficie sustancias potencialmente tóxicas”, afirmó.
Laura Natalia Ruiz explicó que la principal diferencia entre el PM₂.₅ y el PM₁₀ es el tamaño de las partículas; sin embargo, señaló que este último también puede ingresar al sistema respiratorio. “La exposición a concentraciones elevadas de PM₂.₅ se ha relacionado con efectos respiratorios y cardiovasculares. En los incendios forestales es especialmente relevante porque es una de las principales fracciones contaminantes presentes en el humo”, aseveró.
Deterioro en la calidad del aire y sus efectos en ciudades alejadas
Óscar Arnulfo Fajardo indicó que el deterioro del aire en municipios cercanos puede darse en cuestión de minutos u horas. “No existe un tiempo fijo porque depende principalmente de dónde esté el incendio respecto al municipio y de la meteorología. Si una masa de humo densa se encuentra a barlovento y el viento cambia en dirección hacia la población, las concentraciones de PM₂.₅ pueden incrementarse abruptamente”, señaló. Y agregó: “Además, la calidad del aire puede fluctuar mucho durante un mismo día. Una estación puede registrar concentraciones relativamente bajas y pocas horas después registrar un episodio alto cuando entra la pluma de humo”. Por ese motivo, indicó que durante un incendio forestal es importante un monitoreo en tiempo real, complementado por información meteorológica y observaciones satelitales.
Laura Natalia Ruiz explicó que los incendios forestales pueden deteriorar la calidad del aire en poco tiempo. Aclaró, sin embargo, que el impacto varía según las características de cada siniestro. “La velocidad con la que aumentan las concentraciones de contaminantes depende de factores como la intensidad y duración del incendio, la cantidad y tipo de vegetación que se está quemando, la dirección y velocidad del viento, la estabilidad atmosférica y la topografía”, expresó. Por esa razón, indicó que el comportamiento debe evaluarse por medio de monitoreos de la calidad del aire y sus condiciones meteorológicas.
Daniel Humberto Gil aseguró que la calidad del aire en municipios cercanos a los incendios forestales puede deteriorarse en cuestión de horas. “Esto depende de factores como la intensidad y extensión del fuego, la dirección y velocidad del viento, las condiciones atmosféricas y la topografía del terreno”, indicó. Ante la posibilidad de que el humo afecte la calidad del aire en ciudades alejadas de los focos, como Bogotá o Medellín, explicó que las urbes ubicadas en valles o entre montañas tienden a acumular más contaminantes cuando la dispersión atmosférica es limitada. “En Medellín, por ejemplo, la configuración del valle puede favorecer la permanencia de contaminantes bajo ciertas condiciones meteorológicas. En Bogotá, aunque la dinámica es distinta, también pueden presentarse episodios de contaminación asociados con incendios regionales, dependiendo de los vientos y de la estabilidad de la atmósfera”, aseveró.

Laura Natalia Ruiz indicó que el humo de las conflagraciones forestales puede desplazarse a grandes distancias y afectar la calidad del aire. “Este desplazamiento depende principalmente de la dirección y velocidad del viento, las condiciones de estabilidad de la atmósfera, la topografía y otros factores meteorológicos”, indicó. Asimismo, explicó que durante su desplazamiento, las partículas y gases pueden sufrir transformaciones químicas que modifican las características del humo.
Óscar Arnulfo Fajardo señaló que el humo sí puede afectar a ciudades alejadas de los focos del fuego, incluso a cientos o miles de kilómetros, llegando a países diferentes de donde se origine el incendio. “El desplazamiento depende principalmente de la dirección y velocidad del viento, no solamente en superficie sino a diferentes alturas; la altura a la que asciende la columna de humo; la intensidad y duración del incendio; la estabilidad atmosférica y altura de la capa de mezcla; la topografía; las precipitaciones; y las transformaciones químicas que experimenta el humo durante su recorrido”, afirmó. El profesional explicó que en Colombia ya está documentado que ciudades como Bogotá y Medellín se ven afectadas por el humo de incendios forestales. “Por ejemplo, la Secretaría de Ambiente informó en marzo de 2026 que emisiones provenientes de incendios de la Orinoquía, otras regiones de Colombia y el norte de Suramérica estaban siendo transportadas hacia la ciudad. Las condiciones de vientos débiles en Bogotá favorecieron además la acumulación del PM₂.₅ cerca de la superficie. También se ha documentado este fenómeno en Medellín y el Valle de Aburrá. Con transporte regional de aerosoles desde la quema de biomasa provenientes de las cuencas del Magdalena, Orinoco y Amazonas, capaces de incrementar episódicamente las concentraciones de PM₂.₅”, puntualizó.
Finalmente, el investigador de la Universidad Central explicó que, aun si los incendios son controlados, la calidad del aire puede seguir siendo crítica. Señaló que eso no implica una mejora inmediata. “Un incendio controlado todavía puede conservar puntos calientes o combustión lenta que continúan produciendo humo. Además, todo el material que ya fue emitido permanece dentro de la atmósfera y puede continuar desplazándose durante horas e incluso días”, expresó. El experto precisó que la recuperación depende principalmente de las condiciones meteorológicas, motivo por el cual indicó que “la decisión de declarar terminado un episodio de contaminación no se basa únicamente en que el incendio fue controlado sino en las mediciones de PM₂.₅ y demás contaminantes, la evolución meteorológica y el pronóstico de transporte del humo”.
Consecuencias para la vegetación y el suelo
Diego Fernando Becerra, docente de la Universidad de La Sabana, explicó que el fuego puede durar unas horas o unos días, pero sus consecuencias pueden durar décadas. “Tras un incendio no solo desaparecen los árboles, las plantas y la cobertura vegetal superficial. El fuego también transforma de manera profunda las propiedades del suelo. Esto debido a que quema la materia orgánica, destruye microorganismos esenciales, altera la estructura física y, en muchos casos, genera un fenómeno de hidrofobicidad en el que el suelo repele el agua, reduciendo drásticamente su capacidad de infiltración”, indicó. También explicó que la pérdida de vegetación deja el suelo sin protección frente a las lluvias. Esa exposición, según detalló, facilita el arrastre de sedimentos y puede causar erosión, pérdida de nutrientes y acumulación de materiales en áreas próximas a ríos y quebradas. “La magnitud de este daño depende directamente de la intensidad del fuego, de su permanencia en el área y de las características ecológicas particulares del ecosistema afectado”, puntualizó.
Laura Natalia Ruiz indicó que los efectos dependen de la intensidad del incendio. A su vez, señaló que el fuego puede destruir de forma parcial o total la cobertura vegetal y causar la muerte de algunas especies. Otras, según explicó, cuentan con mecanismos que les permiten recuperarse después de un incendio. “En el suelo también pueden producirse cambios físicos, químicos y biológicos, como pérdida de materia orgánica, modificaciones en la disponibilidad de nutrientes y afectaciones sobre los organismos que viven allí. Además, la pérdida de cobertura puede aumentar la susceptibilidad del suelo a la erosión. La recuperación puede tomar meses o incluso años, dependiendo de las características del ecosistema”, indicó. Laura Natalia Ruiz puntualizó que, durante la conflagración, la vegetación forma parte del material que se quema y genera humo, gases y material particulado. “Después de la emergencia, la pérdida de cobertura deja el suelo más expuesto al viento y a la erosión, lo que puede favorecer la suspensión de partículas, especialmente durante períodos secos. Mientras la vegetación se recupera, el ecosistema también puede perder temporalmente parte de su capacidad para retener partículas presentes en el aire y contribuir a la regulación de la humedad y la temperatura del entorno”, afirmó.
Juan José Velandia, estudiante de la Universidad de La Sabana, explicó que los efectos de una conflagración sobre el aire son inmediatos, debido a que el incendio libera cenizas, partículas y gases tóxicos que afectan la calidad del aire, mientras las columnas de humo pueden poner en riesgo la salud respiratoria de las comunidades cercanas. El viento, además, puede trasladar esos contaminantes a zonas distantes. “No obstante, la alteración atmosférica no termina cuando se extinguen las llamas. Durante los días, semanas o incluso meses posteriores, el suelo erosionado y los restos de vegetación carbonizada continúan liberando polvo y partículas al aire. A esto se suma que la pérdida temporal de cobertura vegetal disminuye la capacidad natural del ecosistema para retener partículas y regular la calidad ambiental local”, afirmó.

Asimismo, explicó que el humo de un incendio forestal contiene una combinación de gases y partículas en suspensión. Su composición depende del material que se quema, su nivel de humedad y las condiciones en las que ocurre la combustión. Por eso, precisó que un pastizal seco no libera los mismos contaminantes que un bosque denso y húmedo. “Entre los contaminantes más comunes se encuentran el material particulado PM₂.₅, el monóxido de carbono y el dióxido de nitrógeno, acompañados de diversos subproductos de la combustión incompleta”, indicó. Y agregó: “Si el fuego alcanza zonas urbanizadas, viviendas o infraestructura vial, se liberan contaminantes altamente tóxicos, tales como metales pesados y compuestos derivados de materiales sintéticos fabricados por el ser humano”.
Laura Natali Ruiz señaló que la combustión de biomasa libera contaminantes como material particulado, monóxido y dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y diversos compuestos orgánicos. “La cantidad y composición de las emisiones pueden variar dependiendo del tipo de vegetación, su contenido de humedad y las condiciones en las que ocurre la combustión. Por ejemplo, la vegetación seca puede presentar un comportamiento diferente frente al fuego que aquella con mayor contenido de humedad. Por eso, no todos los incendios generan exactamente el mismo tipo de humo”, aseveró.
La gestora ambiental de la Fundación Konrad Lorenz afirmó que la deforestación y el deterioro del suelo pueden modificar la humedad del ecosistema y favorecer la acumulación de vegetación seca, que puede actuar como combustible. “Cuando la vegetación tiene menor contenido de humedad, puede inflamarse y propagarse el fuego con mayor facilidad. Además, un ecosistema degradado puede tener menor capacidad para conservar humedad y recuperarse después de una perturbación. Sin embargo, la frecuencia y severidad de los incendios dependen de múltiples factores, entre ellos las condiciones climáticas, el tipo de vegetación, el manejo del territorio y las características propias del ecosistema”, expresó.
Diego Fernando Becerra señaló que fenómenos climáticos como El Niño afectan la vegetación y aceleran la pérdida de humedad en el ambiente y el suelo. Según el docente de la Universidad de La Sabana, estas condiciones generan un ciclo que aumenta la vulnerabilidad del territorio. “Cuando los bosques son deforestados, el suelo pierde la sombra y la protección indispensables para conservar su humedad. Si a esto se suman sequías prolongadas y altas temperaturas, la vegetación se deshidrata rápidamente, transformándose en una especie de ‘combustible’ altamente inflamable”, precisó. Así las cosas, indicó que la degradación del territorio aumenta el riesgo de incendios. El docente explicó que cuando ocurre la pérdida de la vegetación agrava la erosión, modifica el flujo del agua sobre la superficie y dificulta la recuperación del ecosistema. “Por consiguiente, conservar los bosques, los suelos y las fuentes hídricas representa una estrategia importante en materia de gestión integral del riesgo y prevención de incendios. La evidencia científica confirma que las condiciones climáticas más cálidas y secas potencian la actividad ígnea, y que la pérdida de vegetación incrementa drásticamente la vulnerabilidad del territorio frente al fuego”, aseveró.
Fuente: Infobae