Martín Dlugonoga nunca imaginó que las conversaciones cotidianas con su abuelo Coqui se convertirían en canciones que hoy son escuchadas por millones de personas en todo el mundo. Lo que empezó como un ritual familiar y personal terminó siendo un fenómeno musical que trasciende generaciones y fronteras. El músico, con una trayectoria en la industria tradicional, vio cómo esas composiciones creadas casi sin intención se transformaron en herramientas para que los tímidos se animen a amar o para que las familias se despidan de sus seres queridos. Un fenómeno que aún hoy lo sorprende.
«La base original son las enseñanzas que él me contaba cuando yo era chico«, relata Dlugonoga, quien es el cerebro detrás del proyecto. Ya no distingue entre el músico que compone en soledad y el nieto que le presta el teléfono a su abuelo para que hable frente a cámara. «Es todo parte de lo mismo«, explica sobre un oficio que ha moldeado con los años. Su abuelo Coqui, cuyo nombre real es Salomón, fue comerciante en Flores, no terminó la secundaria, pero posee una sabiduría callejera de otra época.
Martín se propuso darle un sentido universal a esas historias íntimas. Cambió nombres propios y detalles concretos para apelar a sensaciones comunes. La primera canción publicada con este formato fue «Voy a abrirte la puerta«, pensada para ayudar a quienes no se animan a dar ciertos pasos. La respuesta fue inmediata: la gente la hizo suya. «Ahí ya nos dimos cuenta de que la música tenía vuelo propio«, dice el músico, recordando cómo las canciones se acumularon en el álbum Un café con el abuelo.
El arte de la música funcional
Consultado sobre cómo vivió este nuevo escenario, Dlugonoga explicó que encontró algo novedoso: la música funcional. «Una canción que no solo sirva para escucharla, sino también para invitar a salir a alguien que te gusta, o para decirle algo a tu familia sin animarte por vergüenza. Así por ejemplo surgió «Las seis de la tarde«, que la pensamos para que la compartas en tu historia de Instagram, para que la persona que te gusta la vea, y si le gusta la letra y también gusta de vos, te va a responder. Es como una canción señuelo», detalla.
Sobre cómo adapta las enseñanzas de su abuelo al mundo actual, con redes sociales y tiempos acelerados, señala: «Sí, cambió la manera de relacionarse y también el tiempo de atención de una persona y el tiempo para esperar resultados. No es lo mismo que antes, que conocías a alguien y hablabas, y capaz en un mes o dos la conocías y te ponías de novio. Acá la gente quiere todo ahora y ya, aunque no sepa qué es lo que quiere. Entonces lo que intento con el abuelo es no desestimar eso que está pasando hoy en el mundo, porque si lo desestimás, te quedás afuera. Es un desafío para los dos: adaptar su enseñanza del siglo pasado y hacerlo en el lenguaje de los jóvenes de hoy. Y ahí el algoritmo te ayuda, porque te enseña las reglas. Si vos viralizás, vas bien. Si no viralizás, evidentemente puede ser muy bueno tu mensaje, pero no entendiste las reglas».
El primer video viral llegó en 2024, cuando su abuelo contó un chiste. Luego hicieron otro sobre él pidiendo la cuenta en un restaurante, que fue megaviral en Argentina. Pero el despegue definitivo ocurrió con el primer video de filosofía: en un día hizo dos millones de vistas. «Ahí entendimos que teníamos que ir por ese lado», recuerda.
El salto a la voz propia
Antes del fenómeno, Dlugonoga trabajaba como productor y compositor para otros artistas, pero sentía limitaciones. «Cuando trabajaba con otros artistas, me pasaba que quería poner un acorde, y los artistas me pedían otra cosa. Entonces sentía que mi trabajo estaba buenísimo, porque me encanta hacer lo que amo, pero estaba limitado. Un día me senté en mi estudio y decidí hacerlo al revés, empezar el tema y después ver quién lo cantaba. Escribí «Voy a abrirte la puerta», con Mía Frankel. En principio iba a ser una canción para que la cantara ella sola, porque me gustó tanto que me lo quise quedar para mí. Ella me ofreció cantarlo juntos y ahí puse mi voz por primera vez, con el escudo de una voz femenina que canta espectacular como Mía. Con ese escudo me animé a salir. Después hice lo mismo con Jenny Martínez, y el tercer tema que me animé a mandar solo se llama «Las cosas que no dije». Me la jugué. El primer día hizo cien vistas, me quería morir. El segundo día hizo cincuenta, pensé que me iban a matar del sello. Al tercer día subí el video con mi abuelo, con mi concepto, y tuvo una viralización masiva como nunca vi. Al quinto día mi canción era el viral número uno de Argentina, y se escuchaba en toda Latinoamérica. Fue una locura total», relata.
Un camino largo y sinuoso
Antes del éxito viral, Martín acumulaba una importante trayectoria. Estudió música cinematográfica y comenzó como baterista, tocando con Javier Calamaro y en la gira del español Beret. Luego decidió producir, pero le costó seis años hacerse un nombre, porque quienes lo conocían como baterista no lo veían como productor.
Su llegada al universo de Bizarrap y Trueno tuvo un nombre propio: Lucas Vignale, el director fallecido en el choque de helicópteros en Río de Janeiro. Vignale lo convocó para componer música incidental para un videoclip con Trueno. Poco después, Bizarrap lo llamó para musicalizar el tráiler de una sesión con Tiago PZK.
Con Beret, la relación fue más allá: el español se volvió fanático de sus canciones y compusieron juntos, logrando un disco de oro por «Hola que tal». Beret lo invitó a abrir su gira latinoamericana, con una fecha en el Gran Rex. «Su equipo se encargó de que no tocara como telonero, sino que esperaron a que el teatro estuviera lleno. Lo que más me impactó fue ver carteles con mi nombre y frases mías y del abuelo. Y ahí me di cuenta que era donde se veían los likes», recuerda.
El abuelo y el impacto real
El abuelo Coqui maneja redes, pero Martín le lee los mensajes. «Lo que más le impacta es la calle: ahí lo reconocen todo el tiempo. El taxista le dice: “no puedo creer que estoy llevando al abuelo Coqui”. Siempre cuenta una anécdota de una señora en un bar que, cuando lo vio entrar, se largó a llorar fuerte y le dijo: “usted salvó mi vida, porque yo estaba internada y por ver sus videos tomé fuerza y salí de una internación de dos meses”.»

Sobre el impacto de la música, Dlugonoga confiesa: «Es tremendo. A mí también me pasa con la música y uno no sabe qué tan profundo ni hasta dónde puede llegar con una canción. Te cuento una que no es muy linda, pero ejemplifica esto: una seguidora que era enferma terminal y usó mi canción “Las cosas que no dije” para despedirse de toda su familia, y me agradecía por ese regalo. No lo podía creer. Vos hacés la canción pensando en tener vistas y te llega eso, y te da una cachetada.»
Entre los reconocimientos, destaca que J Balvin es fanático de su contenido. «Esa es la viralización que me gusta, cuando le llega a artistas como él. De ahí a producir o componer una colaboración con J hay un largo camino, pero ya tengo el contacto y nos escribimos. También estuvo Emilia Mernes likeando por ahí, pero en cuanto a personalidades hay una historia que me sorprendió todavía más. Javier Milei nos compartió un video, y llegó a un grupo de dirigentes de La Libertad Avanza, y me propusieron declarar de interés los videos del abuelo Coqui por su aporte a la cultura popular. Yo les dije que sí y me olvidé, hasta que llegó un mensaje diciendo que se aprobó el proyecto y va a haber una entrega de diplomas en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. No lo puedo creer y para mi abuelo es mucho más impensado, porque no terminó la secundaria, con suerte sabe quién es Nietzsche y hoy es un tipo que tiene laureles de filosofía».

Finalmente, sobre la experiencia en el escenario con su abuelo, cuenta: «Hicimos un espectáculo en el Margarita Xirgu, que fue hermoso porque mi abuelo está en el escenario contando chistes y anécdotas. Lo divertido es que yo armo un esquema de show, se lo explico ciento veinte mil veces y en el escenario hace lo que quiere. Eso le da un dinamismo particular, porque realmente yo no sé que va a contar, soy un espectador más. Y tenemos muchas ganas de repetirlo».
Fuente: Infobae