Abrir los ojos a altas horas de la noche y comprobar que el reloj marca las tres de la madrugada de manera recurrente puede ser desconcertante. Sin embargo, los especialistas en sueño aclaran que este fenómeno, por sí solo, no suele representar un problema grave de salud. Puede estar vinculado con cambios hormonales, estrés acumulado o trastornos del sueño que merecen atención si se vuelven persistentes.
La médica especialista en medicina del sueño Funke Afolabi-Brown explicó que estas interrupciones nocturnas son más frecuentes a partir de la mediana edad. Por su parte, la psicóloga clínica Shelby Harris, certificada en medicina conductual del sueño, recordó que el descanso nocturno no necesariamente implica ocho horas continuas sin despertares.
La menopausia puede hacer el sueño más ligero y fragmentado
Durante la perimenopausia y la menopausia, el descenso de estrógenos y las fluctuaciones de progesterona alteran la estructura del sueño. Según Afolabi-Brown, estos cambios reducen el tiempo de sueño profundo y vuelven a las personas más sensibles a estímulos que antes pasaban inadvertidos, como ruidos, luz o los ronquidos de otra persona.

Los sofocos nocturnos también pueden provocar despertares. La primera parte de la noche concentra una mayor proporción de sueño profundo, mientras que hacia la madrugada predominan fases más ligeras, por lo que las alteraciones del entorno y los síntomas físicos tienen más probabilidades de interrumpir el descanso.
El cortisol, conocido como la hormona del estrés, suele mencionarse en relación con los despertares de madrugada. Sus niveles disminuyen por la noche y aumentan antes del amanecer como parte del ritmo circadiano. En la mediana edad, ese ascenso puede adelantarse, pero no hay pruebas de que reducir el cortisol matutino resuelva este tipo de despertares, según indicó la especialista.
La preocupación por no dormir puede reforzar el problema
El estrés puede influir en el patrón. Algunas personas se duermen sin dificultades, pero al despertar tras varias horas comienzan a pensar en asuntos pendientes, problemas familiares o exigencias laborales. Si esa experiencia se repite, la expectativa de volver a despertarse puede alimentar la ansiedad y dificultar retomar el sueño.
“Despertar a la misma hora no necesariamente significa que haya algo mal; puede reflejar cambios normales”, señaló Harris.
El problema aparece cuando el episodio se prolonga, causa angustia o repercute en las actividades diurnas.

La falta de sueño sostenida se asocia con problemas cardiovasculares y otras afecciones de salud, por lo que el cansancio persistente, la irritabilidad o las dificultades para concentrarse ameritan una consulta profesional.
Apnea, depresión e insomnio requieren evaluación médica
Los despertares frecuentes también pueden estar vinculados con condiciones tratables. Una de ellas es la apnea obstructiva del sueño, un trastorno en el que la respiración se detiene de forma transitoria durante la noche. El riesgo aumenta con la edad y, de acuerdo con una revisión publicada en la revista CHEST, se duplica en mujeres después de los 50 años.
- Ronquidos intensos
- Pausas respiratorias observadas por otra persona
- Jadeos nocturnos
- Boca seca al despertar
- Dolor de cabeza matutino
- Somnolencia durante el día
Estas señales deben comunicarse al médico. La apnea puede provocar despertares y dificultar que la persona vuelva a dormirse.
La depresión también puede manifestarse con alteraciones del descanso. Una revisión citada por Neuroscience Research señala que el 90% de quienes atraviesan este trastorno presenta problemas de sueño. Además, un metaanálisis publicado en el Journal of Affective Disorders concluyó que las mujeres en perimenopausia tienen cerca de un 40% más de probabilidades de experimentar síntomas depresivos que quienes no han iniciado esa etapa.

El insomnio y el síndrome de piernas inquietas constituyen otras posibles explicaciones. Sin tratamiento, algunos trastornos del sueño pueden contribuir al empeoramiento de la hipertensión, la diabetes tipo 2, los problemas cognitivos y las enfermedades cardíacas.
Qué hacer durante un despertar nocturno
La recomendación inicial es evitar mirar la hora, calcular cuánto falta para levantarse o tomar el teléfono. Harris aconsejó mantener el ambiente oscuro y sin estímulos, y concentrarse en el descanso sin exigirle al cuerpo que se duerma de inmediato. Contar hacia atrás lentamente u optar por otro ejercicio mental repetitivo y neutral puede ayudar a bajar la activación.
Si el estado de vigilia se extiende y genera frustración, conviene salir de la cama con luz tenue y realizar una actividad tranquila, como leer un libro en papel, hasta recuperar la somnolencia.
Mantener horarios relativamente regulares, una habitación oscura y fresca, y una rutina sin pantallas antes de acostarse también puede favorecer el descanso. Si el patrón se mantiene durante más de una o dos semanas, es útil elaborar un registro con horarios, despertares, consumo de cafeína o alcohol y síntomas diurnos para compartirlo con un médico clínico o especialista en sueño.
Fuente: Infobae