El sumo pontífice León XIV presidió una celebración eucarística este sábado en la emblemática plaza de la Concordia de París, congregando a 700.000 fieles en el marco de su viaje apostólico a Francia. Durante la homilía, el Papa instó a los asistentes a no reservarse la fe únicamente para sí mismos.
«No os quedéis con la fe en Jesucristo solo para vosotros mismos, sino dejad que rebose para saciar y llenar a las personas que encontréis. Os corresponde a vosotros llevar la esperanza allí donde reinan el desaliento y la aridez espiritual»,
afirmó el Santo Padre desde el altar instalado frente a la avenida de los Campos Elíseos.
El líder de la Iglesia Católica enfatizó la necesidad de llevar la esperanza allí donde reinan el desaliento y la aridez espiritual, invitando a los congregados a convertirse en agentes de transformación dentro de la sociedad francesa.
León XIV llegó al recinto religioso tras un recorrido en papamóvil desde la plaza Charles-de-Gaulle, siendo recibido por la multitud que ondeaba banderas del Estado de la Ciudad del Vaticano.
En su discurso, el Pontífice abordó la «sed existencial» del ser humano, señalando que Jesucristo «sale al encuentro de cada hombre en su historia y se le revela como la verdadera fuente de agua viva capaz de calmar su sed». Aclaró que no se trata de una necesidad material, sino de «una sed de sentido, de verdad y de realización».
Asimismo, advirtió contra el peligro de llenar el vacío interior con «bienes materiales» o «pequeños ídolos que prometen el oro y el moro». Recordó que, «a los ojos de Dios, ninguno de nosotros es un número en un documento de identidad, ni un código identificativo, sino una persona, una persona única e insostituibile».
El escenario de la misa incluyó como fondo una reproducción del rosetón sur de la catedral de Notre Dame de París, acompañada de una gran cruz dorada de más de cuatro metros de altura y la estatua plateada de la Virgen con el Niño, regalo del rey Carlos X en 1826. Esta imagen procesiona tradicionalmente cada 15 de agosto por las calles de la capital francesa.
El Papa dedicó palabras especiales a las familias francesas que «perseveran con valentía en su misión a pesar de las múltiples dificultades que afrontan a diario», y se dirigió a los jóvenes para recordarles que son «la Iglesia de hoy».
En su homilía, León XIV aludió a la «larga y hermosa historia santa» de Francia, mencionando a los primeros mártires locales como Blandina, Potino e Ireneo, así como a figuras dedicadas al servicio de los necesitados: San Vicente de Paúl, Federico Ozanam y Juana Jugan.
La celebración contó con la participación de más de un millar de coristas provenientes de 34 diócesis francesas. Durante el ofertorio, personas atendidas por iniciativas de solidaridad en París, representantes de comunidades extranjeras y mujeres de diversas iglesias orientales llevaron las ofrendas.
Al concluir el acto, el arzobispo de París, monseñor Laurent Ulrich, agradeció la visita del Pontífice entregándole una reproducción de la escultura de Notre-Dame de Paris. Posteriormente, León XIV continuó su viaje apostólico hacia Lourdes y Metz.
Fuente: Infobae