Perros de terapia: catalizadores sociales que transforman campus universitarios

Un reciente análisis publicado en el Journal of College Student Mental Health ha puesto de manifiesto que los perros de terapia presentes en los entornos universitarios no solo cumplen una función reconfortante: se convierten en auténticos catalizadores sociales que impulsan interacciones humanas que, en circunstancias normales, difícilmente se producirían.

La investigación fue liderada por el Dr. John-Tyler Binfet, docente de la Okanagan School of Education en la Universidad de Columbia Británica (UBC) y director del programa Building Academic Retention Through K-9s (B.A.R.K.). Para el estudio se analizaron las respuestas de 676 estudiantes, en su mayoría de primer año. A diferencia de trabajos previos que evaluaban el impacto de estas visitas mediante parámetros predefinidos, aquí se dejó abierta la pregunta sobre qué elementos tornan significativa una sesión con perros de terapia.

El 32 por ciento de los participantes señaló que el temperamento de los animales representa la principal fuente de sentido en las visitas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los hallazgos indican que el 32% de los participantes señaló como principal fuente de significado los rasgos y el temperamento de los animales. “Los perros son muy aceptadores. Ojalá los humanos fuéramos más así”, escribió uno de los encuestados.

El 15% destaca la conexión humana que propicia el encuentro

Más allá del vínculo con los canes, aproximadamente el 15% de los estudiantes indicó que “experimentar un sentido de conexión” fue lo más valioso de la visita. Aunque la relación con el animal fue mencionada con frecuencia, varios participantes también valoraron el contacto con los guías voluntarios y con otras personas presentes en la sala. Algunos describieron estas sesiones como una puerta de entrada de bajo estrés a la conversación.

Un 15 por ciento de los universitarios encuestados destacó el sentido de conexión humana como el aspecto más valioso del encuentro (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Hablar con los guías me sacó de la cabeza los problemas del colegio”, escribió un participante. Otro afirmó: “Fue lindo poder hablar de distintas cosas con la gente; es casi como una sesión de terapia”.

El Dr. Binfet explicó que los resultados permiten comprender los mecanismos subyacentes de estos encuentros:

“Tenemos investigación consolidada que demuestra si las visitas de perros de terapia ayudan a los estudiantes y de qué maneras. Este estudio tomó un camino diferente y exploró qué hace que esas interacciones funcionen”, señaló en declaraciones difundidas por la Universidad de Columbia Británica.

Un estudio publicado en el Journal of College Student Mental Health revela que los perros de terapia actúan como catalizadores sociales en los campus universitarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las sesiones elevan el estado de ánimo en casi el 11%

Un 10,8% de los encuestados atribuyó el significado de la visita al cambio en su estado emocional. La mayoría describió el efecto como calmante; otros mencionaron sentirse más alegres o reconfortados. “Es increíble cómo los perros pueden hacer feliz a alguien sin siquiera hacer nada”, escribió uno de los participantes.

El equipo de investigación, conformado además por Freya Green —coordinadora del programa B.A.R.K.—, la estudiante de pregrado Fenrir Demers y la maestranda Mikaela Dahlman, sugiere que los hallazgos tienen aplicaciones prácticas más allá de las sesiones con animales. Los centros de orientación universitaria, por ejemplo, podrían integrar perros de terapia en grupos de discusión para facilitar el diálogo y reducir las barreras entre estudiantes.

Las sesiones con animales reconfortan a los jóvenes que viven lejos de sus familias y de sus propias mascotas - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta propuesta cobra especial relevancia en un contexto donde la salud mental de los universitarios es una preocupación creciente en Canadá y en gran parte del mundo. Numerosas instituciones académicas han registrado un incremento en la demanda de servicios psicológicos en los últimos años, sobre todo entre estudiantes de primer año que enfrentan la transición desde el hogar familiar hacia la vida en el campus. En ese escenario, iniciativas como el B.A.R.K. ofrecen un punto de acceso informal y sin estigma al bienestar emocional.

“Para los estudiantes que viven lejos de sus familias y de sus propias mascotas, la motivación para asistir a una sesión del B.A.R.K. puede comenzar con la posibilidad de pasar tiempo cerca de un perro”, manifestó Binfet. Y añadió:

“Nuestros hallazgos sugieren que los perros hacen más que proporcionar un consuelo familiar. Su presencia tranquilizadora puede influir en el estado emocional de un estudiante, y actúan como un catalizador social al darle a los guías y a los estudiantes algo de qué hablar”.

Fuente: Infobae

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