Un análisis liderado por la NASA y publicado en la revista Communications Earth & Environment reveló que la temporada de deshielo del hielo marino del Ártico detuvo su expansión sostenida a partir de 2010, luego de haberse alargado cerca de 40 días durante décadas anteriores.
El estudio examinó observaciones satelitales obtenidas entre 1979 y 2023 para determinar cuándo comenzaba el derretimiento en primavera y cuándo regresaba la congelación en otoño. Los datos indican que el período sin hielo se amplió de manera notable hasta los primeros años del siglo XXI y luego entró en una fase de fuerte variabilidad anual, sin una tendencia clara de prolongación.
Según la investigación, el incremento acumulado de la temporada de deshielo no se debió principalmente a un inicio más temprano del deshielo primaveral, que comenzó unos siete días antes que en 1979. En cambio, la congelación otoñal se retrasó aproximadamente 34 días.

Esa diferencia llevó la duración media de la temporada de deshielo a unos 108 días desde 2010. En la década de 2000, el período se expandió unos 25 días, el mayor salto observado en las series analizadas. Entre 2010 y 2023, en cambio, se redujo cerca de dos días, una variación que los autores no consideran concluyente.
La investigadora Linette Boisvert, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA y coautora del estudio, vinculó esa inestabilidad a la transformación de la cobertura helada.
«Ahora que el hielo es más delgado y hay menos cantidad, la variabilidad es mucho mayor», señaló.
El rol de las nubes y los océanos oscuros en la década de 2000
Durante los años 2000, la pérdida de hielo dejó más superficie oceánica expuesta. Como el agua oscura absorbe una porción mayor de la radiación solar que el hielo, el sistema acumuló calor adicional durante el verano y la congelación demoró más en comenzar.
Los investigadores estimaron que por cada vatio adicional por metro cuadrado de energía neta que llega a la superficie durante el verano, la estación de deshielo se extiende unos 2,13 días. La relación entre el balance energético estival y la duración de esa temporada explica cerca del 79 % de la variación registrada entre 2000 y 2023.

Entre 2000 y 2009, la radiación solar neta sobre el Ártico creció 12,6 vatios por metro cuadrado. Esa suba estuvo asociada con una menor nubosidad y con la reducción del albedo, la capacidad del hielo de reflejar la luz solar. A menor extensión de hielo, menos radiación vuelve al espacio y más calor queda retenido en el océano.
El cambio desde 2010: la nubosidad como moderador
El panorama cambió a partir de 2010. El aumento de la cobertura nubosa en varias zonas del océano Ártico redujo la radiación solar que alcanzó la superficie y moderó el aporte neto de energía durante el verano.
Según el estudio, el balance energético superficial disminuyó levemente entre 2010 y 2023. La temporada de deshielo se mantuvo así en un nivel más largo que el de finales del siglo XX, aunque con oscilaciones interanuales de alrededor de 11 días.

Esa aparente estabilidad no implica una recuperación del hielo marino ni un freno del calentamiento regional. El Ártico continúa calentándose cerca de cuatro veces más rápido que el promedio mundial y su cobertura de hielo es más joven, fina y vulnerable a los cambios de temperatura, vientos, tormentas y nubosidad.
El hielo más grueso al norte de Groenlandia sigue bajo presión
Los autores advierten que el equilibrio actual puede ser transitorio. Las mayores reservas de hielo plurianual, el que sobrevive a más de un verano, persisten al norte de Groenlandia y del archipiélago ártico canadiense, aunque también muestran señales de adelgazamiento.
En esas zonas, el aumento del balance energético desde 2010 podría haber provocado una pérdida adicional de hasta 18 centímetros de espesor de hielo. Si esa capa más resistente continúa debilitándose, el Ártico podría atravesar otra etapa de rápida reducción de su hielo marino y de prolongación de la temporada de deshielo.
El equipo planteó que el seguimiento satelital sostenido será clave para determinar si el comportamiento registrado desde 2010 representa un nuevo régimen climático o una pausa antes de otro período de cambios acelerados.
Fuente: Infobae