El Niño podría durar hasta 2027: claves para prevenir desastres urbanos

Las urbes que se alistan para un posible fenómeno de El Niño de gran intensidad hacia finales de 2026 enfrentan un reto que trasciende el reforzamiento de diques, la limpieza de alcantarillas o la poda de árboles: deben integrar las necesidades de las comunidades más vulnerables ante los desastres climáticos.

La investigadora Bethany Tietjen, de la Universidad de Tufts, alertó que los planes suelen centrarse en la infraestructura física y dejan de lado los factores sociales que determinan la capacidad de una comunidad para resistir y recuperarse.

Un análisis divulgado por The Conversation detectó señales tempranas de un evento cuyos efectos podrían prolongarse hasta principios de 2027.

Entre esas señales se incluyen el verano más cálido registrado en los 48 estados continentales de Estados Unidos, la sequía que afecta el transporte marítimo en el canal de Panamá y el contraste entre una temporada de huracanes activa en el Pacífico y otra inusualmente calmada en el Atlántico.

El Niño altera lluvias, temperaturas y riesgos costeros

Un mapa satelital ilustra el calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial y la formación de nubes asociadas al fenómeno de El Niño frente a Sudamérica (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Niño es una variación climática natural que ocurre cada varios años, cuando las temperaturas en la zona oriental del océano Pacífico se elevan.

Ese calentamiento altera los patrones atmosféricos habituales y puede transformar el régimen de lluvias de regiones enteras: zonas normalmente secas pueden experimentar precipitaciones intensas e inundaciones, mientras que territorios húmedos pueden sufrir períodos de escasez de agua.

El fenómeno también suele aumentar la temperatura media global, con impactos directos en la salud durante las olas de calor. En la costa oeste de Estados Unidos, la combinación de sus condiciones con mareas altas y el aumento del nivel del mar puede intensificar las inundaciones costeras, la erosión y los daños en viviendas y redes esenciales.

Las lluvias intensas ya han provocado, en episodios anteriores de El Niño, deslizamientos de tierra, cortes de carreteras y afectaciones prolongadas en servicios públicos.

Ante ese panorama, la preparación inmediata implica revisar las defensas contra inundaciones y los sistemas de drenaje; mantener presas, canales pluviales, rutas y puentes; y retirar ramas o árboles que puedan derribar tendidos eléctricos durante vientos fuertes.

Los hogares de bajos ingresos afrontan más dificultades para reforzar sus viviendas y recuperarse (Imagen Ilustrativa Infobae)

La resistencia de la infraestructura crítica ante inundaciones y temperaturas extremas será un factor central para limitar los daños.

Las obras envejecidas pueden agravar el impacto de las tormentas

El estado de las estructuras existentes condiciona la respuesta de cada ciudad. Diques y presas antiguos pueden fallar bajo lluvias persistentes y dejar a barrios enteros frente a inundaciones de gran escala.

El artículo recuerda lo ocurrido en el área de Seattle en diciembre de 2025, cuando las precipitaciones provocaron roturas de diques en varias comunidades.

La dificultad no se limita a detectar el deterioro. Las reparaciones o sustituciones de obras de gran porte requieren recursos elevados, plazos extensos y coordinación institucional.

En muchos casos, las autoridades discuten durante años las intervenciones necesarias, pero los proyectos no se ejecutan antes de una falla. El mantenimiento preventivo permite reducir una vulnerabilidad que suele quedar expuesta recién después de un desastre.

La vulnerabilidad social debe entrar en los planes de emergencia

Tietjen participó en una investigación junto con especialistas de la Universidad de Tufts sobre adaptación climática y preparación ante desastres en comunidades estadounidenses de alto riesgo.

Los simulacros permiten detectar fallas en los planes de emergencia antes de un desastre (REUTERS/Mike Blake)

El estudio detectó brechas en políticas públicas, recursos disponibles y capacidad institucional para responder a amenazas cada vez mayores.

Una de sus conclusiones es que los gobiernos suelen evaluar con mayor facilidad los daños posibles sobre edificios, vías o redes de servicios que las condiciones sociales que multiplican el riesgo.

Las personas sin vivienda, los adultos mayores, quienes tienen discapacidad y los hogares de bajos ingresos enfrentan obstáculos adicionales para prepararse y evacuar.

Alguien con movilidad reducida puede requerir transporte para llegar a un refugio. Una persona mayor puede necesitar apoyo para obtener medicamentos o asistencia sanitaria durante una emergencia.

La preparación ante El Niño exige revisar diques y desagües, mantener presas, rutas y puentes, y prevenir daños en tendidos eléctricos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las familias con recursos limitados pueden no tener margen para mudarse temporalmente, contratar seguros, reforzar su casa o reparar los daños después de una tormenta. Para las personas sin hogar, la falta de un sitio seguro convierte cualquier episodio de frío, calor o lluvia intensa en un riesgo inmediato.

Mientras que la construcción de un dique puede vincularse a una partida presupuestaria concreta, reducir estas exposiciones exige coordinación entre áreas de vivienda, salud, servicios sociales y gestión de emergencias.

También demanda continuidad: la escasez de vivienda asequible, la pobreza y las dificultades de acceso a la atención médica no se resuelven con una única medida estacional, aunque influyen de manera decisiva en la recuperación posterior.

Los simulacros permiten detectar carencias antes de la emergencia

Un mapa térmico de la National Oceanic and Atmospheric Administration registra el calentamiento del océano Pacífico durante el fenómeno de El Niño (NOAA)

El reto para las autoridades consiste en reconocer esas debilidades antes de que ocurra una inundación, un temporal o una ola de calor.

Los Ángeles desarrolló ejercicios de simulación que reúnen a departamentos del condado y coordinadores comunitarios para ensayar la respuesta ante fenómenos extremos asociados a El Niño. La práctica busca determinar qué recursos y procedimientos faltarían frente a tormentas, deslizamientos o crecidas.

En el Área de la Bahía de San Francisco y el condado de Durham, en Carolina del Norte, los organismos locales difundieron los riesgos para que la población siga los avisos de emergencia y los pronósticos meteorológicos.

Los equipos locales coordinan la respuesta ante tormentas, crecidas y deslizamientos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La advertencia tiene especial importancia para residentes próximos a cursos de agua o laderas susceptibles a crecidas repentinas y deslizamientos.

En Oceanside, California, el gobierno municipal reunió un grupo de trabajo con representantes de obras públicas, ingeniería, bomberos y policía para coordinar la planificación, las comunicaciones y el monitoreo del río San Luis Rey.

La anticipación, el mantenimiento y la atención a quienes tienen menos recursos figuran entre las medidas necesarias antes de la temporada de mayor riesgo.

Fuente: Infobae

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