Pablo Larraín presenta ‘Mis muertos tristes’: adaptación de Mariana Enríquez

El cineasta chileno Pablo Larraín exhibió en el Festival de San Sebastián Mis muertos tristes, una producción que adapta cuentos de Mariana Enríquez y ubica los espectros, la violencia urbana y la memoria colectiva en Buenos Aires. La plataforma Netflix tiene previsto lanzar la miniserie el 24 de septiembre de 2026.

La obra se presentó en un montaje cinematográfico de casi tres horas, con el cual ingresó a la competición oficial por la Concha de Oro como largometraje. Esta producción es la primera serie de televisión que forma parte de la sección oficial del certamen. Larraín explicó que la versión extendida reúne los episodios sin modificaciones significativas en el contenido.

La adaptación se basa en el relato homónimo de Mariana Enríquez e incorpora personajes y elementos de Julie, Cuando hablábamos con los muertos y Un lugar soleado para gente sombría. La escritora argentina elaboró el guion junto a Larraín, el dramaturgo chileno Guillermo Calderón y Anastasia Ayazi.

“Como lector de Mariana Enriquez y como director, mi prioridad era cómo trasladar a imágenes su literatura, de forma sugerente y relevante. Y en Mis muertos tristes se dio esa oportunidad, pensé “yo estoy me lo imagino” y así empieza la máquina audiovisual del deseo de filmar eso”, señaló Pablo Larraín.

Una mujer frente a los fantasmas

La protagonista es Ema, una médica recién jubilada de 60 años interpretada por Mercedes Morán, que ve y escucha a los muertos desde la infancia. Tras el fallecimiento de su madre, se instala en la vivienda familiar y recibe a su sobrina Julie, quien comparte esa facultad, mientras el asesinato de tres adolescentes en el barrio de Piedrabuena multiplica las presencias y los recuerdos.

Ema había sido separada del hospital público donde laboraba y vende su casa, ubicada en una zona más segura, para mudarse al chalé de su madre. Allí convive con el fantasma materno, interpretado por la actriz chilena Luz Jiménez, y con su hija, una fotógrafa y cineasta a cargo de Dolores Fonzi, con quien sostiene una relación tensa.

La hermana de Ema, su cuñado y Julie viajan desde Oregón, Estados Unidos, para tratar a la joven en un hospital público. Sus padres desean ingresarla, pero Julie se fuga cuando Ema comienza a comprender la naturaleza de su sufrimiento. Piedrabuena, en Villa Lugano, concentra el deterioro material y la memoria política que recorren la serie.

Enríquez explicó que la madre de Ema procede de una referencia cercana: “Como Ema, mi madre es médica y ha trabajado en un hospital público”. También indicó que el barrio del libro se inspira en un lugar real, aunque transformado para la ficción, y que muchas situaciones violentas parten de hechos reales modificados.

Dolores Fonzi en 'Mis muertos tristes' Cr. Courtesy of Netflix ©2026

La capacidad de hablar con los muertos pertenece a la ficción, aunque Enríquez la vincula con experiencias familiares. Contó que una de sus tías veía a su abuela en todas partes y que su madre percibe olores inesperados, como el de gasolina, que interpreta como una advertencia de que algo ocurrirá, sin que implique una explosión.

Julie establece con los fantasmas una relación distinta a la de su tía. La joven, abandonada por sus padres en un centro psiquiátrico y obsesionada con el sexo, halla placer en el más allá; Ema lo experimenta como una forma de purgatorio.

La autora situó el origen de esa idea en The Entity, una película de terror de los años ochenta donde una mujer era atacada sexualmente por espíritus. Enríquez se preguntó qué sucedería si esa relación fuese consentida y la conectó con los relatos de santas que decían estar casadas con el Espíritu Santo.

La importancia del sonido

Larraín destacó el peso del espacio sonoro en una ficción concebida para verse mayoritariamente en televisión. “Hay algo muy bello y muy inusual en el espacio sonoro, en la cantidad de cosas relevantes para la historia que no vemos, sino que solo oímos”, afirmó sobre el desafío de llevar a ese plano elementos que nunca aparecen en imagen. “Era una narrativa inmensa y desafiante, porque muchas escenas importantes tienen que ver con lo que no se ve, con lo que está fuera de campo”.

La serie combina planos largos, fotografía áspera y los edificios de Piedrabuena para mostrar a quienes murieron de forma traumática junto a supervivientes que cargan con experiencias semejantes. Su estructura episódica se articula alrededor de Ema y de la interpretación de Morán, marcada por el hastío ante los vivos y una conexión con los muertos a través del dolor.

Lo que no se ve tiene tanta importancia como lo que sí en 'Mis muertos tristes'. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Enríquez relacionó esos miedos con una historia latinoamericana que no se limita al presente. “Yo crecí en los 70, y estaba la paranoia de si venían los militares, o de si te iba a denunciar tu vecino por ser un militante social”, señaló; las protagonistas quedan atrapadas en un bucle del que deben salir para encontrar su lugar en el mundo.

Larraín, que filmó por primera vez en Argentina, dijo que el trabajo con equipos locales le hizo percibir más similitudes que diferencias entre Chile y su país vecino. El director también definió la adaptación como un tránsito desde la literatura hacia una representación visual de la narrativa de Enríquez.

“No es una foto del estado actual de Argentina, pero habla de cómo el pasado habla de nuestro presente desde un proceso social muy largo de abandono. Más que una crítica social es un comentario sobre el estado de las cosas sobre el deterioro del sector público”.

Así, el muerto, subrayó, reclama ser recordado: “El acto de memoria es también de alguien que quiere ser rescatado y no olvidado”. El escritor Stephen King, en una serie de mensajes en la red social X, calificó la serie de “genial”.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK