En septiembre de 1968, una pequeña nave soviética desafió los límites de la tecnología espacial. A bordo no había astronautas, sino dos tortugas de estepa, junto con moscas de la fruta, gusanos, plantas y semillas. Eran pasajeros involuntarios de un experimento que buscaba probar si una cápsula podía salir de la órbita terrestre, alcanzar la Luna, rodearla y regresar con éxito.
El momento crucial llegó el 21 de septiembre de 1968. La nave Zond 5 penetró la atmósfera terrestre tras completar el primer viaje circunlunar exitoso de la historia. Sin embargo, un problema de guiado alteró el plan: en vez de aterrizar en territorio soviético, la cápsula cayó en el océano Índico. Durante instantes, el resultado dependió de que flotara. Y lo hizo. Los pasajeros sobrevivieron. Las dos tortugas habían dado la vuelta a la Luna y estaban vivas. La carrera espacial entraba en una nueva etapa.
La URSS había demostrado que era posible enviar una nave hasta la Luna y traerla de vuelta. El viaje duró seis días y marcó un hito que hasta entonces ninguna máquina había logrado.

El objetivo detrás de las tortugas
Todo comenzó mucho antes. En 1968, Estados Unidos y la Unión Soviética competían por demostrar quién podía llevar al hombre más lejos. Los estadounidenses tenían el programa Apolo; los soviéticos desarrollaban en secreto su propio proyecto lunar tripulado. Enviar humanos a la Luna exigía resolver enormes interrogantes; un error podía significar la muerte de una tripulación.
Por eso, la URSS creó la serie Zond, basada en una versión modificada de la nave Soyuz, adaptada para misiones alrededor de la Luna. La cápsula era precursora de un vuelo tripulado. Antes de Zond 5 hubo fracasos y pruebas incompletas.
La nave Zond 4, lanzada en marzo de 1968, llegó al espacio profundo pero problemas de navegación impidieron su regreso a territorio soviético. La presión aumentaba. Había que probar otra vez, y esta vez la apuesta era mayor.

El lanzamiento
El 15 de septiembre de 1968, desde el cosmódromo de Baikonur en Kazajistán, un cohete Proton impulsó a Zond 5 hacia la Luna. Las dos tortugas de estepa eran las protagonistas involuntarias de una experiencia que, de salir mal, podía terminar antes de alcanzar el objetivo.
La nave llevaba un laboratorio biológico: moscas de la fruta, gusanos, plantas, semillas y otros organismos. No era curiosidad; buscaban conocer los efectos de un viaje que ningún ser vivo había realizado. La trayectoria debía rodear la Luna y regresar a la Tierra. El espacio no perdonaba errores.
En las estaciones de seguimiento soviéticas, cada dato era vital. La misión debía funcionar de forma autónoma; una nave a esa distancia no podía ser rescatada. Si algo fallaba, no existía una segunda oportunidad.
Quedaba el momento más peligroso: la Luna. Tras unos tres días de viaje, Zond 5 pasó por detrás del satélite, sin entrar en órbita. La trayectoria estaba calculada para un vuelo de circunvalación. La distancia mínima fue de unos 1.950 kilómetros sobre la superficie. La cápsula había llegado hasta allí; ahora debía volver.

En el trayecto, tomó fotos de la Tierra desde unos 90.000 kilómetros de distancia. Aquellas imágenes permitían contemplar nuestro planeta desde una perspectiva reservada a pocas misiones. Pero el verdadero examen estaba por delante: Zond 5 tenía que sobrevivir a la vuelta.
El regreso
El 21 de septiembre llegó el momento crítico. La cápsula se acercaba a la Tierra tras recorrer cientos de miles de kilómetros a enorme velocidad. La atmósfera se transformaba en una barrera capaz de destruir la nave. El escudo térmico debía soportar temperaturas extremas; la trayectoria y el sistema de descenso tenían que ser correctos. Luego, encontrar la cápsula.
El plan contemplaba un aterrizaje en territorio soviético, pero un problema de guiado hizo que Zond 5 cayera en el océano Índico. A pesar del inconveniente, el objetivo fundamental estaba cumplido: viajar alrededor de la Luna y regresar con seres vivos a bordo.
Las tortugas que hicieron historia
Cuando los equipos de recuperación llegaron, encontraron una noticia que podía cambiar la historia espacial. Las tortugas estaban vivas. Habían perdido algo de peso, pero los científicos soviéticos las hallaron en buenas condiciones generales.

La NASA señala que fueron los primeros organismos vivos en realizar un viaje circunlunar y regresar. El resultado tenía un enorme valor científico. Por primera vez existía evidencia práctica de que una misión de ida y vuelta alrededor de la Luna podía completarse. La pregunta siguiente era inevitable: si una tortuga podía hacerlo, ¿podía hacerlo un ser humano? La respuesta aún no estaba lista.
La Unión Soviética anunció el éxito, pero la carrera lunar tenía una dimensión secreta. Detrás de Zond 5 existía la posibilidad de una misión tripulada. Los cosmonautas se entrenaban para un vuelo circunlunar. El éxito hizo que ese proyecto pareciera mucho más cercano.
Para Estados Unidos, la noticia fue inquietante. La NASA trabajaba para recuperar el tiempo perdido tras el incendio del Apolo 1, que en enero de 1967 mató a Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee. El programa estadounidense tuvo que rediseñar profundamente la nave antes de volver a enviar astronautas.
Mientras tanto, los soviéticos parecían preparar una misión alrededor de la Luna. Los servicios de inteligencia fotografiaron un enorme cohete soviético N-1 en Baikonur, concebido para las ambiciones lunares de Moscú. La carrera ya no era solo llegar a la Luna, sino quién llevaría primero a un ser humano hasta sus proximidades y lo traería de vuelta.

El efecto Zond 5
El éxito soviético tuvo consecuencias más allá de la misión. En Estados Unidos creció el temor de que Moscú pudiera realizar un vuelo tripulado alrededor de la Luna antes que Apolo. La NASA reconoce que el éxito de Zond 5, combinado con las imágenes del cohete N-1, pudo contribuir a la decisión de enviar Apolo 8 en diciembre de 1968 en una trayectoria circunlunar.
La decisión fue extraordinaria. Apolo 8 originalmente tenía otro perfil, pero la posibilidad de que los soviéticos se adelantaran llevó a una operación más arriesgada: enviar tres astronautas alrededor de la Luna. Frank Borman, James Lovell y William Anders serían los protagonistas. Pero antes de ellos habían viajado las tortugas.
El éxito de Zond 5 no significó que el programa soviético estuviera listo para humanos. El siguiente vuelo, Zond 6 en noviembre de 1968, demostró lo contrario: una misión podía alcanzar la Luna y regresar, pero existían problemas graves. Un estudio histórico de la NASA señala que entre 1967 y 1968 hubo ocho intentos soviéticos de misiones L1 circunlunares no tripuladas, y solo una logró completar un vuelo sin pérdida catastrófica.
Tres meses más tarde…
Mientras los técnicos soviéticos estudiaban los resultados, Estados Unidos avanzaba con Apolo. El 21 de diciembre de 1968, apenas tres meses después del regreso de Zond 5, Apolo 8 despegó con tres hombres a bordo. Por primera vez, seres humanos viajaron hasta la Luna, la rodearon y regresaron. La misión estadounidense convirtió en realidad lo que Zond 5 había ensayado con animales. El momento fue histórico, pero dejó en evidencia el límite del programa soviético. Los cosmonautas preparados para una misión Zond nunca llegaron a realizar ese vuelo.
Después de Apolo 8, el argumento político para acelerar una misión soviética tripulada perdió fuerza. Los problemas técnicos continuaron y el programa fue abandonado sin enviar una tripulación alrededor de la Luna. La Unión Soviética nunca consiguió aquella misión que tanto tiempo mantuvo en secreto.
Vista desde hoy, Zond 5 puede parecer una curiosidad en la historia del programa lunar. Pero fue uno de esos momentos en que la frontera entre lo imposible y lo posible se movió. La cápsula no aterrizó en la Luna ni llevó astronautas, ni regresó al lugar previsto. Pero hizo algo que no se había conseguido: partió de la Tierra, llegó a la Luna, pasó por detrás, emprendió el regreso, atravesó la atmósfera y llegó al océano con sus pasajeros vivos. Fue la primera misión circunlunar exitosa.
En plena Guerra Fría, aquel éxito tenía un significado que iba más allá de las dos tortugas. Durante seis días, la Unión Soviética demostró que podía mandar una nave hasta la Luna y traerla de vuelta. Luego Estados Unidos lograría lo mismo con tres hombres.
Fuente: Infobae