Jamiroquai en Bogotá: funk, neón y una pista de baile gigante

El regreso de Jamiroquai a Colombia unió a públicos de distintas edades en torno a Jay Kay y su agrupación. Durante una velada cargada de funk, disco, soul y acid jazz, el conjunto británico reafirmó por qué sigue siendo una propuesta única en la escena internacional.

El ingreso al recinto tuvo momentos de desorden por las largas filas. Entre los asistentes se veían sombreros excéntricos, ropa de los años 90 y guiños a la estética de Jay Kay. A las 8:30 de la noche, las luces del Coliseo MedPlus se encendieron para dar paso a Joy (Anonymous), dúo británico de electrónica y dance conformado por Henry Counsell y Louis Curran. Con una mezcla de house, breakbeats, samples vocales y pop electrónico, calentaron el ambiente en el occidente bogotano.

A las 10 en punto de la noche, los primeros compases de “(Don’t) Give Hate a Chance” despertaron la emoción de los asistenes al MedPlus.

Pasadas las 10 de la noche, los primeros acordes de “(Don’t) Give Hate a Chance” desataron la euforia. Paul Turner en el bajo marcó el ritmo desde el inicio, mientras Jay Kay, con chaqueta verde con flecos y su clásico sombrero, transformó el coliseo en una enorme pista de baile. Tras un “¿Cómo estás Bogotá?”, la banda lanzó una ráfaga de canciones sin pausa, dejando claro que el groove sería el protagonista.

Sin pausa, “Little L” sostuvo la intensidad y desató las primeras grandes ovaciones. Después llegaron “Seven Days in Sunny June” y “Space Cowboy”, reconocible desde la primera línea de bajo.

“Little L” mantuvo la energía y provocó las primeras ovaciones. Luego vinieron “Seven Days in Sunny June” y “Space Cowboy”, esta última reconocible desde la primera línea de bajo. Detrás del cantante, una base sólida compuesta por Rob Harris (guitarra), Derrick McKenzie (batería), Matt Johnson (piano), Sarah De Santis (teclados), Fabio De Oliveira (percusión) y los coros de Valerie Etienne, Hazel Fernández y Romina Johnson funcionaron como una maquinaria precisa, fluida y llena de swing.

Monolitos, neón y estética retrofuturista

La producción visual del show reforzó la identidad disco, espacial, tropical y retrofuturista que distingue a Jamiroquai desde sus inicios.

La puesta en escena reforzó la identidad disco, espacial, tropical y retrofuturista de Jamiroquai. En la pantalla central aparecieron monolitos inspirados en 2001: Una odisea del espacio, acompañados de pirámides de neón. Todo el montaje visual, lejos de ser un adorno, contribuyó al clima festivo que la banda buscó desde el primer compás. El juego de luces, sincronizado con los cambios de ritmo, hizo que el espacio se transformara rápidamente en una gigantesca pista de baile.

La combinación de imágenes retrofuturistas con la base sonora del grupo (acid jazz, funk, soul, disco y ciertos toques de electrónica) permitió que la propuesta visual dialogara de manera directa con el repertorio.

La combinación de imágenes retrofuturistas con la base sonora (acid jazz, funk, soul, disco y toques electrónicos) dialogó directamente con el repertorio. Uno de los momentos más hipnóticos llegó con “Light Years”, que desplegó la veta psicodélica del acid jazz y sumergió a la multitud en un trance colectivo. “Alright” prolongó el tramo festivo con el público cantando al unísono. También hubo espacio para el presente: “Disco Stays the Same”, adelanto del noveno álbum de estudio previsto para 2027, se coló sin romper la continuidad.

“Travelling Without Moving” abre el tramo final de clásicos

El espectáculo no se apoyó solo en la memoria de sus clásicos. También celebró los 30 años de Travelling Without Moving, el tercer álbum del grupo, publicado en 1996 y ligado a una de las etapas decisivas de su trayectoria.

El espectáculo celebró los 30 años de Travelling Without Moving, tercer álbum del grupo, lanzado en 1996. Una base rítmica con aires de batucada introdujo el tema homónimo y marcó el inicio del último segmento del concierto. Si la primera parte estuvo dominada por el groove, esta segunda mitad fue una sucesión de clásicos: “Travelling Without Moving” abrió paso a “Canned Heat” y “Cosmic Girl”, dos himnos del catálogo disco que desataron un estallido de júbilo. Luego siguió “Love Foolosophy”, momento en que el cantante bajó del escenario para saludar, firmar autógrafos y recibir una camiseta de la selección Colombia.

Aunque la playlist incluyó apenas 13 canciones, la duración del recital llegó a dos horas exactas debido a las variaciones que la agrupación le imprime en vivo a casi todas las canciones.

Aunque la lista incluyó solo 13 canciones, el concierto duró dos horas exactas gracias a las variaciones en vivo: introducciones extensas, cambios de ritmo, repeticiones y largos pasajes instrumentales. “Space Cowboy” se expandió hasta convertirse en una improvisación de nueve minutos. Esa libertad también se aplicó a “Light Years” y “Alright”. La base rítmica de Derrick McKenzie y Paul Turner sostuvo cada mutación, tanto en los climas envolventes como en los estallidos físicos.

Al frente, Jay Kay volvió a ocupar el centro de la escena. Saltó, bailó, lanzó patadas al aire, recorrió el escenario de punta a punta y apareció con varios cambios de vestuario, entre sombreros excéntricos, gorros de plumas sintéticas y su habitual look deportivo.

Jay Kay fue el centro de la escena: saltó, bailó, lanzó patadas al aire, recorrió el escenario de punta a punta y cambió de vestuario varias veces, con sombreros excéntricos, gorros de plumas sintéticas y su look deportivo habitual. “Virtual Insanity” cerró el tramo principal y provocó una de las celebraciones más intensas. La canción, que cumple 30 años en 2026, resulta cada vez más actual por su mirada crítica a un futuro tecnológico. Tras el tradicional “otra, otra, otra”, la banda volvió para el bis con “Deeper Underground”, tema de la banda sonora de Godzilla (1998). Con su riff distorsionado, matices roqueros y una base demoledora, clausuró la jornada en el punto más alto de tensión y energía.

Fuente: Infobae

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