Sapos que explotaban: la ciencia detrás del misterio de Alemania

Un extraño fenómeno ocurrido en 2005, cuando miles de sapos comunes (Bufo bufo) aparecieron hinchados y reventados en los estanques del barrio de Altona, en Hamburgo, Alemania, así como en localidades cercanas de Dinamarca, mantuvo en vilo a la comunidad científica. Lo que parecía un suceso inexplicable tuvo, finalmente, una respuesta basada en la astucia de las aves.

En 2005, miles de sapos murieron en charcas de Hamburgo tras hincharse y reventar en un episodio que alarmó a vecinos y especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El incidente provocó gran alarma entre los vecinos, quienes vieron cómo los anfibios se inflaban de manera desmedida hasta estallar. Las autoridades locales decidieron cercar los estanques para evitar más muertes. En un principio, circularon teorías que apuntaban a un hongo patógeno, toxinas químicas o incluso un virus equino proveniente de América del Sur. Sin embargo, los análisis realizados por el Instituto de Higiene de Hamburgo descartaron la presencia de sustancias nocivas o agentes infecciosos en el agua, dejando el enigma sin resolver durante semanas.

El hallazgo clave en las necropsias

El herpetólogo y veterinario alemán Frank Mutschmann, quien recolectó ejemplares vivos y muertos en su centro de investigación en Berlín, fue quien encontró la pista decisiva. Al practicar las autopsias, observó un patrón idéntico en todos los sapos analizados: una herida circular y precisa en la espalda, entre la cavidad torácica y el abdomen, sin marcas de dientes o garras propias de roedores u otros mamíferos.

Las muertes de sapos en Altona llevaron a apartar a los niños de las zonas afectadas mientras se evaluaban hipótesis sobre enfermedad, contaminación y virus (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los estudios forenses confirmaron que esas lesiones correspondían al picotazo de un ave y revelaron otro detalle escalofriante: a todos los ejemplares examinados les faltaba un único órgano interno: el hígado.

“Fue claramente obra de los cuervos, que son lo suficientemente inteligentes como para saber que la piel del sapo es tóxica y comprender que el hígado es la única parte comestible”, explicó Mutschmann en los informes difundidos por la prensa especializada británica.

La secuencia fisiológica del estallido

El laboratorio determinó la cadena de eventos que llevaba a la explosión. Durante la temporada de apareamiento, los sapos se concentran en grandes grupos en aguas poco profundas, lo que facilita el ataque. El cuervo aprovecha la distracción para asestar un picotazo rápido y extraer el hígado, rico en nutrientes y libre de las toxinas alcaloides que segregan las glándulas cutáneas del sapo.

Tras ser herido, el sapo intenta defenderse activando su reflejo natural: traga aire de forma acelerada para hincharse y aumentar hasta tres veces su tamaño habitual, con el objetivo de volverse difícil de tragar. Pero al carecer de costillas y diafragma, y sin la contención del hígado extraído, la expansión del aire rompe la pared abdominal.

Frank Mutschmann atribuyó la muerte de los sapos a ataques selectivos de cuervos, que evitaban la piel tóxica y extraían el hígado como única parte comestible (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Los pulmones se expanden desproporcionadamente y se desgarran; el resto de los órganos simplemente son expulsados”, detalló el herpetólogo sobre la mecánica de la explosión.

La rareza del caso generó comentarios entre especialistas de todo el mundo. El herpetólogo Barry Clarke, del Museo de Historia Natural de Londres, admitió su singularidad: “He aprendido a no descartar nada cuando se trata de animales, pero la idea de sapos explosivos resulta digna de un guion de ficción”, señaló al analizar las necropsias.

Evidencia contemporánea desde Australia

Lejos de ser un hecho aislado, la capacidad de las aves para evadir toxinas de anfibios cuenta con respaldo científico reciente. Un estudio publicado en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology examinó cómo los cuervos torresianos del norte de Australia aprendieron a alimentarse de los invasivos sapos de caña (Rhinella marina), una especie famosa por sus glándulas parotoides venenosas.

Un estudio de 2026 en Australia aportó evidencia de que los cuervos pueden evitar las partes tóxicas de los sapos y elegir tejidos seguros, en línea con la explicación del caso de Hamburgo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mediante cámaras de monitoreo y pruebas de campo, los investigadores comprobaron que las aves aprendieron a voltear a los anfibios para alimentarse exclusivamente de los tejidos ventrales e internos, evitando tocar la piel tóxica. En el 89% de las pruebas observadas con ejemplares intactos, los cuervos consumieron únicamente las partes seguras del animal. Este antecedente confirma la transmisión cultural de técnicas de caza entre los córvidos para convertir presas peligrosas en una fuente confiable de alimento.

Fuente: Infobae

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