A los 14 años, Gustavo Dudamel brincaba sobre el enorme piano de la tienda FAO Schwarz en su primera visita a Nueva York. Tres décadas después, ha vuelto para liderar una orquesta mucho mayor –con instrumentos de tamaño normal– como director musical de la Filarmónica de Nueva York.
“Esta ciudad tiene una energía desbordante”, comentó desde su oficina en el David Geffen Hall. A sus 45 años, Dudamel asumió el rol de director musical y artístico la semana anterior, después de 17 temporadas al frente de la Filarmónica de Los Ángeles. Es el vigésimo séptimo director en la historia de la orquesta neoyorquina, sucediendo a leyendas como Gustav Mahler, Willem Mengelberg, Bruno Walter, Leonard Bernstein y Pierre Boulez.
Su formación proviene del programa venezolano El Sistema. Dudamel era violinista de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela cuando se presentó en el Kennedy Center de Washington D.C. en octubre de 1995 y luego viajó en autobús con la orquesta para tocar en la ONU.

“Nos dijeron que cruzaríamos un túnel bajo el río”, recordó Dudamel. “Pensamos: ¿qué? Era otro mundo. Veía las Torres Gemelas, luego la Estatua de la Libertad, después la ONU y al final la tienda de juguetes. Estábamos en el paraíso”.
Inicio con mezcla de géneros
La apretada agenda de Dudamel arrancó con el concierto inaugural el 10 de septiembre en el Radio City Music Hall, presentado por el actor Liev Schreiber y con la participación de Lizzo, St. Vincent, Joaquina y Aaron Tveit. La celebración continuó con una fiesta posterior en el Rainbow Room, en lo alto de Manhattan. “Gustavo Dudamel no es una persona fácil de describir”, dijo Schreiber al público. “Imaginen que añaden una cucharadita de Billy Joel, una onza de Jean-Michel Basquiat, una taza de Tito Puente y una pizca de Barbra Streisand”.
Al día siguiente, Dudamel se trasladó al centro de la ciudad para interpretar Sounds of Remembrance en el centro de artes del World Trade Center, con motivo del 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre. “La música forma parte de manera profunda de momentos como este”, dijo en voz baja. “No puede deshacer lo ocurrido, pero cuando las palabras ya no llegan adonde necesitamos, a veces la música sí puede. Puede dar voz al dolor”.

Los conciertos de abono comenzaron con la Quinta Sinfonía de Serguéi Prokófiev, obra que dirigió en su debut con la Filarmónica de Nueva York el 29 de noviembre de 2007. “No hay fronteras. Hay puentes”, afirmó Dudamel. “Una orquesta sinfónica también puede sumergirse en el pop, el folk o los musicales. Todos estamos en el mismo espacio. Ese es el mensaje”.
Apenas un mes después de asumir el cargo, la orquesta inicia el 9 de octubre una gira europea de dos semanas con diez actuaciones, para luego regresar en noviembre al Carnegie Hall –su sede entre 1891 y 1962– con conciertos de Tosca, de Puccini.
“Aporta una química y una pasión contagiosas”, afirmó Sherry Sylar, oboe principal adjunta desde 1984. “Cuando ensaya, se dirige a la orquesta como ‘mis queridos’. Hace críticas constructivas, pero siempre con ese tono. Nadie lo había hecho antes. De alguna manera, cambia la forma de aceptar sugerencias”.
Fama más allá de la música clásica
Aunque suele usar coche con chófer, Dudamel también camina por Nueva York y toma el metro cuando hay tráfico, y a veces lo reconocen.
Con su mata de pelo negro azabache y trajes de Giorgio Armani, encarna al director de orquesta del siglo XXI, hasta el punto de que el personaje de Gael García Bernal en la serie Mozart in the Jungle se inspiró en él.

Aún así, es tradicional: prefiere escuchar música en discos de vinilo y solía ir a The Record Collector, en Melrose Avenue, Los Ángeles, para ampliar su colección. Cree que su primer disco fue el de Daniel Barenboim dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Chicago en la obertura 1812 de Tchaikovsky.
“Me encanta el sonido de los LP”, dijo Dudamel. “Destruí algunos porque los paraba mientras ensayaba dirigir. Mi padre se enojó muchísimo”.
Dudamel también tiene una residencia en Madrid y aún no decide si buscará un piso en el Upper West Side de Nueva York, cerca del Lincoln Center, o en el barrio de Chelsea. Se ha vuelto asiduo de restaurantes como Cosme, Milos, Mercado Little Spain y Casa Ora, famoso por su cocina venezolana.
Los ingresos por venta de entradas para esta temporada han aumentado un 8% respecto al mismo período del año pasado, y las entradas vendidas en septiembre subieron un 20% en comparación con 2025. Los ingresos por abonos ascienden a 12,4 millones de dólares, frente a los 11,3 millones anteriores.
Uno de los primeros cambios de Dudamel fue desplazar la sección de segundos violines de su izquierda a su derecha, frente a los primeros violines, y mover los contrabajos de su derecha a su izquierda –una formación que ya usaba en Los Ángeles–. Acercó toda la orquesta al frente del escenario del David Geffen Hall y agrupó los asientos para que estén más juntos.

“Parece música de cámara a gran escala”, comentó la violinista Alina Ming Kobialka. “Es agradable tener los metales cerca y no a 500 millas de distancia”.
Dudamel tiene un contrato de cinco años y pasará unas 15 semanas con la orquesta cada temporada. Inició su primer ensayo el Día del Trabajo, 7 de septiembre, con un breve discurso a los músicos, algunos de los cuales tocaron en su debut con la Filarmónica de Nueva York.
Dudamel recordó que el entonces director musical, Lorin Maazel, tomó la inusual iniciativa de presentarlo personalmente en su primer ensayo en 2007. Era consciente de la reputación que tenía la orquesta como un conjunto difícil.
“Tenía mucho miedo”, recordó. “Voy a estar temblando los primeros minutos. Pero al final resultó un viaje precioso y maravilloso”.
Fuente: Infobae