El reconocido actor y director mexicano Diego Luna ha llevado al Festival de San Sebastián su más reciente trabajo como director, Ceniza en la boca, una adaptación de la novela escrita por Brenda Navarro. En este filme, Luna explora sus propias vivencias de ausencia materna, al tiempo que aborda temas como la migración, la precariedad y los lazos familiares.
La trama sigue a Lucila y a su hermano Diego en un viaje desde México hasta Madrid. Allí se reencuentran con su madre tras ocho años de trabajo sin regularización, luego de haber huido de su país natal en busca de un futuro mejor.
Luna ha comentado que comenzó a dirigir cuando se convirtió en padre. “Estaba listo para contar mis propias historias, estaba pasando por un proceso que me pedía bajar el ritmo y profundizar”, señaló, destacando que la dirección le permite aprovechar las herramientas que ha adquirido como actor.
Una obra profundamente personal sobre la orfandad
El actor, conocido por series como Andor, ha calificado Ceniza en la boca como la película de la que se siente “probablemente” más orgulloso. La cinta le ha permitido regresar al tema de la ausencia de los padres, presente desde su primer largometraje como director: “Mi mamá murió cuando yo tenía dos años y la forma en que eso me marcó, la forma en que estableció la relación que tengo con mi padre, y la forma en que de alguna manera me ayudó a superar la pérdida de mi padre más adelante, está presente en todo lo que hago. Está ahí porque es quien soy”.
La madre del cineasta, Fiona Alexander, era una artista británica que se trasladó a México en 1972, aprendió español y adoptó el país como su segunda patria. Se casó con Alejandro Luna y falleció en un accidente de coche en 1982, mientras colaboraba con Carlos Saura en Antonieta.

Luna ya había compartido que el teatro fue decisivo en su infancia: “Como solo éramos mi papá y yo, de ahí me hice una familia. Por la media orfandad que me tocó vivir, de repente el teatro me la solucionó porque ahí tenía 20 mamás”. Esa pérdida también marcó su amistad con Gael García Bernal, cuyos padres eran amigos de los suyos y cuyas allegadas mantuvieron una presencia femenina en su vida.
El retrato de la experiencia migrante
La película sitúa a Lucila, interpretada por Anna Díaz, ante el viaje desde México a Madrid junto a su hermano pequeño, Diego, para reunirse con su madre Isabel, interpretada por Adriana Paz. Isabel ha emigrado a España para sostener económicamente a sus hijos, pero la vida que encuentran dista mucho de la estabilidad que impulsó el desplazamiento.

Ceniza en la boca identifica la experiencia migrante de dos generaciones de mujeres mexicanas como el eje narrativo. La novela de Navarro aborda el llamado “síndrome de Ulises” o estrés migratorio crónico, asociado a las dificultades de adaptación de quienes dejan su país en busca de oportunidades.
Lucila trabaja como cuidadora de bebés y personas mayores mientras asume la responsabilidad de su hermano, quien corre el riesgo de ser expulsado del colegio por golpear a otros alumnos. Más adelante se traslada a Barcelona con su amiga Jimena, busca independencia e inicia una relación con un músico inglés, al que oculta tanto su empleo como su situación económica.
El elenco incluye a Luisa Huertas, Irene Escolar, Laura Gómez, Charlie Rowe, Sergio Bautista, Guillermo Ríos, Adriana Jácome, Benny Emmanuel, Anna Alarcón y Dailyn Valdivieso. El guion es obra de Abia Castillo, Diego Rabasa y Luna.
En cuanto a Anna Díaz, tiene la capacidad de sostener un personaje entre la fragilidad y la entereza, cualidad que sostiene gran parte de la película gracias a su integridad y arrojo.
Ceniza en la boca, al igual que la novela de Brenda Navarro, es una película sobre el desarraigo, sobre la falta de raíces, sobre una herencia cuestionada, sobre el duelo y sobre la experiencia migrante: aquello que se deja atrás y la extrañeza de encontrarse en un país donde imperan la precariedad, el racismo y las desigualdades sociales.
Fuente: Infobae