Constanza Michelson explica los microdramas y el caso Epstein

A veces un tropiezo, una pavada, un colectivo equivocado o una llanta pinchada puede transformar todo en un instante. Así lo define la psicoanalista chilena Constanza Michelson, quien bautiza estas situaciones como microdramas, título de su más reciente libro. Ella misma relata un ejemplo personal: una profesora que se fue al extranjero justo después de invitarla a su cátedra, lo que cambió el rumbo de su vida.

“Un microdrama es una escena en la que alguien se juega un pedazo de vida, sin saber bien qué está en riesgo ni qué es, exactamente, la vida”

define Michelson en su obra, cuyo subtítulo es “El peso de lo leve”. Ilustra con un corte de pelo impulsivo a la medianoche:

“A los hijos no les gusta que la madre quiera ser otra. Porque, según la imaginación doméstica, no debería ser nada más que eso: una madre. Un objeto fijo en el paisaje de la casa, como la mesa o la lámpara”.

Constanza Michelson define los microdramas como escenas pequeñas que pueden empujar actos, provocar pensamiento crítico y cambiar una vida.

— ¿Cómo identificaste esta idea de microdrama? ¿Son parecidos los que tenemos todos o somos originales en nuestras penas?

— Hay una idea de Cortázar: si de repente tienes una araña en el zapato, necesitas contarlo, aunque a nadie le importe. Eso es un microdrama. Me interesó pensar que el pensamiento crítico puede partir de un golpe, de algo que te pica o te deja incómodo. Esas escenas retratan transformaciones que pueden cambiar la vida. Quizás es salvar algo humano frente a la inteligencia artificial.

— ¿Los microdramas son comunes o somos originales?

— Somos más cliché de lo que queremos ser: hay un espectro ligado a celos, enfermedad, miedo. Lo inédito es la respuesta singular de cada quién.

— ¿Cómo serían esas respuestas singulares?

— En el libro abordo la autodestrucción, arruinarse la vida con tal de ganar, muy vigente en política. Pienso en Edipo y Layo en un cruce: no se dejan pasar. Sin dioses, solo la decisión de dar la pelea o ceder. Nadie dice qué es correcto; está tu sangre, tu calentura, un pedazo de lucidez. Ahí está lo singular.

La autora vincula la vergüenza con la exposición de una fractura y afirma que el deseo todavía se vive como una forma de vulnerabilidad.

— Hablas de amor, sexo, redes y política. Las redes son más nuevas, ¿pero nuestros abuelos tenían microdramas distintos?

— Seguramente las vergüenzas y secretos se trasladan. El mapa moral cambia, pero la vergüenza no: quedar expuesto en tu fractura, mostrarse deseante. A veces se confunde querer algo con estar necesitado, y eso da vergüenza. Uno quisiera verse “cool”, frío, sin pasiones.

— En el libro cuentas que en 2019 mucha gente se suicidó en Chile, “dejándose caer” a las vías, y luego vino el estallido social. ¿Cómo relacionas una cosa con la otra?

— No establezco una relación causal. En esos días surgió la frase espontánea: “Hasta que valga la pena vivir”. En Chile no estábamos particularmente mal; a veces el peor momento produce parálisis, no estallido.

Sobre el estallido social en Chile, Michelson rechaza una relación causal con los suicidios y lo vincula más con una repolitización y con formas políticas estancadas. (REUTERS/Pablo Sanhueza)

— ¿Cómo aparece esa idea?

— Me preguntaba por los modos de existencia. Las oleadas de suicidios en la vía pública ocurrían en una época con muchos objetos de consumo pero sin amarre del sentido de vida. En los años 90 el futuro era autos voladores, tecnología; hoy la tecnología misma es amenazante. El artefacto llamado “futuro” es algo moderno y salió pésimo. En el siglo XXI, la pregunta es cómo vivir para que no todo sea presente. Hay una ética de fabricar tiempo: “Espera hasta mañana, llámame mañana”. A veces requiere imaginación detener que alguien se arruine la vida en un momento.

— Haces una lectura del caso Epstein. La casa a la que iban los invitados estaba vacía, una mansión fea, como aviso. ¿Cómo gente inteligente se metió en eso sin que nadie la empujara?

— Pienso en el joven Freud yendo a la Salpêtrière. Los médicos creían estar fuera de la hipnosis, pero Freud dijo: ustedes también están involucrados. Somos influenciables, podemos ser parte de cadenas del mal sin reconocerlo. En Epstein, ¿será como las estafas piramidales? Entras porque otro te dice, o porque tu amigo es amigo de alguien famoso. Se forman redes.

Una de las casas de Jeffery Epstein en la isla Little Saint James, en las Islas Vírgenes Estadounidenses, el 8 de julio de 2019. (Foto AP /Gianfranco Gaglione)

— Lo de Epstein es más extremo…

— El gran secreto no dicho no es que existen perversos, sino que somos pervertibles sin darnos cuenta, hipnotizables. Ver cuándo caemos en esos circuitos creyéndonos fuera. Así circula la industria cultural: haz el videíto, luego lo subes, luego tu palabra termina en otro lado, y nunca puedes decir “no” porque cuesta mucho.

— Vinculas lo de Epstein con la fábula del rey desnudo: todos lo ven y nadie lo ve.

— Le pasó a un conocido en una charla: lo maltrataron en público y todo siguió como si nada. Luego, en un chat, la figura poderosa dijo algo pesado; el hijo del conocido confirmó: “Sí, papá, todos vieron e hicieron como que no”. Eso explica lo de Epstein.

— Terminas el libro diciendo “Sean valientes en lo pequeño”. ¿De qué se trata?

— No digo que no haya gente con mucha responsabilidad, pero cada uno tiene una cuota. No podemos gritar como Edipo: “Voy a encontrar al culpable” y luego descubrir que uno tenía algo que ver con la peste. En tu grupo de lectura a veces tratan mal a alguien; tener el coraje de intervenir es difícil, pero necesario.

Quién es Constanza Michelson

  • Constanza Michelson es psicoanalista y escritora chilena, nacida en Viña del Mar en 1978. Psicóloga por la Universidad Diego Portales, con maestría en Psicoanálisis.
  • Su trabajo cruza psicoanálisis, cultura, política, lenguaje y vida cotidiana. Columnista en La Tercera, The Clinic y El País.
  • Autora de 50 sombras de Freud (2015), Neurótic@s (2017), Hasta que valga la pena vivir (2020), Hacer la noche (2022) y Nostalgia del desastre (2024).
  • Hacer la noche obtuvo segundo lugar en Ensayo del Premio Mejores Obras Literarias de Chile y dio origen a la serie Nuestra locura del Canal de la Universidad de Chile.
  • Por Nostalgia del desastre recibió el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile en No Ficción y primer lugar en Ensayo del Premio Mejores Obras Literarias.
  • Cofundadora de la revista cultural Barbarie: pensar con otros. Su libro más reciente es Microdramas. El peso de lo leve, donde examina escenas aparentemente menores de la vida diaria y los conflictos que condensan.

Fuente: Infobae

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