El conde Charles Spencer, hermano de la princesa Diana de Gales, ha revelado nuevos fragmentos de su libro El canto del cisne. Diana, mi hermana, donde reconstruye momentos clave que involucran al entonces príncipe Carlos —hoy rey Carlos III—, desde la fatídica madrugada del 31 de agosto de 1997 hasta los meses previos al enlace real de 1981. El Daily Mail ya había adelantado un primer pasaje que generó reacción del monarca británico, pero ahora el medio publica un extracto más extenso donde Spencer emplea citas textuales para narrar tanto la disputa por el funeral de Diana como anécdotas de la infancia de Carlos que la propia princesa le confió.
Según el relato de Spencer, aquella madrugada el príncipe de Gales lo llamó para comunicarle que ya había informado a los príncipes Guillermo y Harry sobre el fallecimiento de su madre, en las habitaciones de Balmoral. El conde describe el tono de esa conversación como “frío” y desconcertante para la magnitud de la tragedia:
“Sonaba con una euforia extraña, como un ganador de lotería, recuerdo haber pensado en ese momento.”
Spencer sostiene que, con los años, interpretó esa primera reacción como una señal de que para el por entonces príncipe la tragedia “podría liberarlo para casarse con la mujer que amaba, en lugar de asimilar la pérdida de alguien a quien ya no quería”. “Es difícil sentir demasiada compasión por un excónyuge, o por quienes lo cuidan profundamente, tras un divorcio amargo”, escribe el hermano de Diana.
El funeral de Lady Di
A la conversación ya conocida sobre el papel de sus sobrinos en el funeral —que culminó con la frase “tranquilo, pronto la olvidaremos”—, Spencer añade que el monarca también le dijo: “Ese es el problema de tu familia. No tienen ningún sentido del deber, maldita sea”.
El libro también recoge un choque previo con el entorno de Carlos por la elección musical del funeral. Spencer recuerda que sus hermanas sabían que Diana siempre quiso que se interpretara el Réquiem de Mozart tras su muerte, pero la propuesta fue descartada por el Palacio argumentando que “ninguna parte de un réquiem puede interpretarse en un funeral de la Iglesia de Inglaterra”. El conde afirma que tiempo después descubrió que esa afirmación no era cierta, y la califica como “la primera de varias falsedades que las autoridades me transmitirían en esa época”.
Las humillaciones a Carlos III
Antes del compromiso, Lady Di le relató a su hermano dos episodios de la infancia de Carlos que, según Spencer, le hicieron sentir ternura y necesidad de protegerlo. El primero ocurrió cuando el futuro rey tenía unos 13 años y decidió vestir una chaqueta deportiva y pantalones de pana, en lugar de traje formal, para una fiesta del personal en una propiedad real. Al ver la elección, el príncipe Felipe habría hecho callar la sala, señalado a su hijo y estallado en una carcajada burlona, en lo que Spencer describe como “una humillación pública que dejó a Carlos mortificado”.

El segundo episodio, calificado como “aún más extraño”, se refiere a un plan en el que “la reina estaba considerando que le corrigieran quirúrgicamente las orejas a Carlos, ya que su tamaño había provocado burlas en la escuela y los medios”. Según el relato que Diana transmitió a su hermano, “Felipe no solo impidió que se siguiera considerando el procedimiento médico, sino que además hizo operar las orejas de uno de los corgis de la Reina”, como recordatorio permanente de un plan que consideraba ridículo. Spencer aclara en el libro que no tiene forma de confirmar si estas historias eran ciertas, aunque subraya que Diana las creía firmemente.
Las memorias también reconstruyen la crisis que atravesó el compromiso semanas antes de la boda en 1981. Spencer relata que Diana encontró una pulsera que Carlos había comprado para Camila Parker Bowles, hallazgo que la llevó a intentar romper el compromiso. El detonante, según el libro, fue la fiesta de los 21 años del ya expríncipe Andrés en el castillo de Windsor, a la que asistieron ambos hermanos: “El príncipe Carlos había regresado ese día de un viaje oficial a Nueva York, y Diana estaba deseando reencontrarse con él y pasar la fiesta a su lado (…), pero él apenas mostró interés en ella”.
Antes de la boda de Carlos y Diana
Tras esa noche, la princesa Diana habría acudido a su padre, el conde John Spencer, para decirle que no podía casarse con un hombre que claramente no la amaba. Este le respondió que era imposible retirarse de un compromiso de esa magnitud en esa etapa del proceso. El libro añade que, días después del anuncio del compromiso, Carlos apretó la cintura de Lady Di y le dijo: “Estás un poco rellenita aquí, ¿no?”, un comentario que ella describió como devastador y que, según Spencer, contribuyó a que su cintura se redujera de 74 a 60 centímetros entre el compromiso y la boda tras un TCA.

El fragmento de mayor impacto sobre la relación previa al matrimonio es, según el conde, la confesión que Diana recibió la víspera de su boda. Spencer relata que, según le confió Lady Di a una amiga cercana, Carlos III le dijo un día antes de la ceremonia que estaba feliz de casarse con ella, “pero que en realidad no estaba enamorado de ella”. El autor sostiene que su hermana tuvo que absorber esa revelación mientras se preparaba para una boda seguida por millones de personas en todo el mundo.
Fuente: Infobae