Han transcurrido cinco décadas desde uno de los episodios más brutales de la última dictadura militar en Argentina: la madrugada del 16 de septiembre de 1976, cuando un grupo de jóvenes secundarios que reclamaban por el boleto estudiantil fue secuestrado en La Plata. Ese hecho no solo selló el destino de aquellos adolescentes, sino que se transformó en un emblema de la persecución política y de los sueños truncados de toda una generación.
Lejos de los mitos y las simplificaciones históricas, la literatura, el periodismo de investigación y los testimonios directos han sido herramientas fundamentales para recuperar las identidades políticas de las víctimas y sostener la demanda de Justicia. A continuación, repasamos cuatro obras esenciales que desmenuzan el horror, devuelven la palabra a los protagonistas y amplían la mirada geográfica de un dolor que atravesó las aulas de todo el país.
“La noche de los lápices” por María Seoane y Héctor Ruiz Núñez

El punto de partida inevitable para comprender esta herida histórica es La noche de los lápices, de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, una exhaustiva investigación periodística publicada en 1986. La obra, armada minuciosamente a partir del desgarrador testimonio judicial del sobreviviente Pablo Díaz y del cruce de documentos de la época, logró darle rostro, nombre y militancia a los adolescentes secuestrados en el Circuito Camps.
Su publicación no solo cimentó la narrativa pública del suceso en los primeros años de la transición democrática —impulsada por su posterior adaptación al cine—, sino que funcionó como un documento clave para demostrar que la saña militar no apuntaba a castigar un reclamo corporativo, sino a desarticular de raíz el despertar político de la juventud secundaria platense.
“La larga noche de los lápices” por Emilce Moler

Frente a las visiones que muchas veces congelaron a las víctimas en la mera condición de víctimas, Emilce Moler levantó su propia voz en 2020 con un libro que rompe los moldes del ensayo histórico para narrar desde la intimidad más humana: La larga noche de los lápices.
Mediante 28 relatos breves surgidos de apuntes guardados durante décadas y de sus recuerdos en la cárcel de Villa Devoto, esta sobreviviente directa del operativo construye un puente entre el horror de los centros clandestinos y la luminosidad de la militancia de los setenta. Su escritura evita el golpe bajo y se concentra en humanizar a sus compañeros, devolviéndoles sus risas, sus contradicciones, sus amores adolescentes y, sobre todo, una profunda reflexión sobre cómo seguir adelante con una vida marcada por la supervivencia sin abandonar jamás los ideales de justicia.
“Memorias de la Noche de los Lápices” por Sandra Raggio

Por su lado, el ámbito académico entregó una mirada indispensable para entender el fenómeno a largo plazo con esta rigurosa obra de 2017, coordinada por la historiadora Sandra Raggio y editada en conjunto por las universidades nacionales de La Plata, General Sarmiento y Misiones: Memorias de la Noche de los Lápices. Lejos de ofrecer una cronología lineal de los secuestros, este ensayo analiza en detalle cómo se construyó, transformó y tensionó la memoria social en torno al hecho a lo largo de las décadas democráticas.
El libro resulta esencial para advertir cómo las distintas épocas políticas argentinas usaron, resignificaron o matizaron el recuerdo de los estudiantes platenses, evidenciando que la memoria nunca es una imagen fija, sino un territorio en disputa constante donde la sociedad elige qué recordar y cómo narrar su pasado reciente.
“La otra noche de los lápices” por Francisco Figueroa

Finalmente, el mapa del horror estudiantil se extiende hacia el interior profundo del país con La otra noche de los lápices, la reveladora investigación que el politólogo santiagueño Francisco Figueroa presentó en 2023. Con el subtítulo Estudiantes desaparecidos y presos políticos, Santiago del Estero, 1974-1983, este trabajo rompe con el arraigado centralismo porteño y platense para rescatar las historias de persecución, secuestro y detención de la comunidad educativa en el norte argentino, iniciadas incluso antes del golpe de Estado de 1976.
Al documentar el destino de los jóvenes militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) en Santiago del Estero, el autor demuestra que el dispositivo represivo contra la juventud estudiantil fue un plan sistemático, de alcance nacional y con raíces previas que aún exigen ser leídas a la luz de una memoria verdaderamente federal.
Fuente: Infobae