Dormir en pareja: estudio revela beneficios para salud mental y sueño

Una reciente investigación realizada por la Universidad de Arizona evaluó los patrones de sueño de más de 1.000 adultos en edad productiva, todos residentes del estado de Pensilvania. Los resultados indican que quienes duermen acompañados por su pareja experimentan episodios de insomnio menos frecuentes y con menor intensidad, logran conciliar el sueño con mayor rapidez y presentan un riesgo reducido de apneas nocturnas.

Desde el punto de vista psicológico, el estudio vinculó el descanso en pareja con una menor probabilidad de padecer depresión, ansiedad y estrés, además de una mayor satisfacción tanto personal como en la relación. Por el contrario, quienes duermen solos tienden a obtener puntuaciones más altas en escalas de depresión y reportan una vida social menos satisfactoria.

La revista científica Sleep Health, publicada por Elsevier, presentó una revisión de la literatura que señala la sensación de seguridad percibida como uno de los mecanismos fundamentales detrás de estos beneficios.

La presencia del compañero o compañera en la cama generaría una señal de protección que el sistema nervioso interpreta como una autorización para un relajamiento profundo. Esto incrementa y estabiliza el sueño REM, fase asociada a la consolidación de la memoria y los procesos cognitivos, mientras que la recuperación física ocurre principalmente durante el sueño profundo o de ondas lentas. El principio es similar al que regula el sueño de un bebé junto a uno de sus progenitores.

El rol de la relación de pareja en la calidad del descanso

El sueño compartido se asoció con menos depresión, ansiedad y estrés, y con mayor satisfacción personal y relacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todas las noches compartidas generan los mismos resultados. Una adecuada gestión de los conflictos y las interacciones positivas entre los miembros de la pareja mejoran la calidad del sueño, mientras que una relación conflictiva lo deteriora de manera notable, provocando más despertares nocturnos y menos tiempo en las fases de sueño más reparadoras.

La relación es probablemente bidireccional: dormir mejor mejora el estado de ánimo y la capacidad para manejar tensiones cotidianas, y una relación más sólida, a su vez, favorece un sueño más profundo y continuo.

La sincronización de ciclos y el descenso del cortisol

Las parejas que comparten la cama y duermen juntas muestran una tendencia a adaptar y sincronizar sus ciclos circadianos con el paso del tiempo: ambos miembros tienden a sentir sueño y a quedarse dormidos en lapsos más breves, y atraviesan las distintas fases del sueño —tanto ligero como profundo— llevando estas etapas con un ritmo cada vez más parecido entre los dos.

Con el tiempo, este fenómeno puede conducir de manera progresiva a que las personas tengan niveles más bajos de cortisol en el organismo, lo cual podría generar efectos positivos tanto en la presión arterial como en la respuesta inflamatoria del cuerpo, así como en el funcionamiento global del sistema inmunitario.

La temperatura corporal como factor clave

La temperatura corporal influye en la calidad del sueño, por lo que dormir en pareja exige equilibrar la sensación de seguridad con el aumento de calor en la cama (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al mecanismo emocional y relacional se suma uno puramente físico: el calor que dos cuerpos intercambian al dormir juntos. El vínculo entre temperatura y sueño es uno de los más documentados en la ciencia: el cuerpo se prepara para el descanso mediante un descenso natural de la temperatura interna que comienza aproximadamente dos horas antes de acostarse, señal biológica que pone en marcha el proceso de conciliación del sueño.

Por esa razón, la temperatura óptima recomendada para la habitación se sitúa cerca de los 20 °C o incluso por debajo de ese valor. En contraste, un ambiente demasiado cálido suele provocar que el sueño se vuelva más fragmentado y conlleve un aumento en la cantidad de despertares a lo largo de la noche.

Quienes duermen en pareja deben equilibrar, entonces, la sensación de seguridad que favorece el sueño profundo con el leve aumento de temperatura que podría reducir parte del beneficio. En las noches frías de invierno, como señala la revista estadounidense Vanity Fair, se trata de una combinación sin contraprestación.

Fuente: Infobae

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